Los límites de Europa

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El estado de Derecho está fabricado de un material muy caro y en constante renovación. La deliberación, las leyes, los contrapesos entre poderes, los reguladores independientes o los tratados internacionales valen tiempo y dinero que al contribuyente le cuesta mucho ganar. Cuando todo esto se traduce en un exceso de producción normativa, se transforma en lo que se conoce como burocracia. El abuso del red tape –término anglosajón para el papeleo por la cinta roja que ataba los expedientes– propicia que los trámites se conviertan en un fin y no en una herramienta de funcionamiento. Generan desafección en la ciudadanía, que ve en su ineficiencia una extracción de recursos injustificada y dañina. A la Unión Europea se la asocia con esta promiscuidad regulatoria contaminada, además, por moralina ideológica.
El populismo ha convertido la impugnación de los «burócratas» y las leyes en uno de los elementos simbólicos de su revolución cultural. Es mucho más barato construir dos o tres cárceles que pagar a jueces y policías para que no se corrompan. Es el sistema que ha establecido el salvadoreño Nayib Bukele en un país asolado por las bandas, y que algunos otros estados de la región observan como el modelo a seguir. El sacrificio del derecho de defensa o de la presunción de inocencia se presenta como un beneficio para la seguridad y, a la vez, de la eficiencia financiera. Desde hace un año, el modelo ha escalado a la principal potencia económica y democrática del mundo. Así, la captura de Nicolás Maduro se presenta, no como una intervención en favor de la democracia, sino como una operación de costes limitados y rentabilidad inmediata en forma de reservas de petróleo.
La UE y los miembros europeos de la OTAN han intentado aprender durante el primer año de mandato de Donald Trump el lenguaje del imperio. La negociación comercial se saldó con unos aranceles del 15% sobre las exportaciones europeas sin establecer represalias. Una sumisión asumible. Pero el desafío ha hiperescalado al amenazar la integridad territorial danesa.
Si el exceso de reglas es una ruina para el contribuyente, la ausencia de toda norma lo es más. La literatura económica atribuye a la calidad de las instituciones la prosperidad, y a su deterioro, la pobreza y la guerra. Dos italianos, Draghi y Letta, cartografiaron el camino a seguir por los europeos para simplificar sus procedimientos y ganar autonomía. Ahora un canadiense, Mark Carney, ha señalado el camino para tratar a quien negocia con una pistola apuntándote a la frente: poniéndole límites.

 Actualidad Económica // elmundo

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