Las becas universitarias alcanzan ya a más de un tercio del alumnado en el sur de España

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La reducción de la repetición de curso en etapas educativas tempranas (primaria y ESO) ha supuesto una de las transformaciones que tendrá un mayor impacto a largo plazo en la economía española. De forma más inmediata, esta fuerte reducción de la repetición escolar y del abandono de curso, muy elevada con respecto a otros países europeos, incluso tras controlar por el nivel de conocimientos del alumnado, se ha traducido en flujos relativamente mayores de alumnos hacia etapas de educación superior como la FP y la educación universitaria.

Esta última ha estado en el centro del debate educativo durante los últimos años por la creciente infrafinanciación de las universidades públicas, la expansión de las universidades privadas y, no menos importante, por el debate entorno a las notas de corte para acceder a muchos grados, especialmente en universidades de alta demanda como las situadas en Madrid y Barcelona. En toda esta cuestión hay y un aspecto que suele pasar desapercibido pero que resulta clave, especialmente a medida que un alumnado que en otra época habría abandonado los estudios comienza a llegar a la educación universitaria, y este aspecto son las becas para el alumnado universitario.

Se trata de una partida de gasto que, si bien sigue siendo menor, tiene el potencial para generar efectos positivos a largo plazo sobre la sociedad y que, en los últimos años, ha crecido significativamente, pasando de un presupuesto que rondaba los 1.500 millones de euros en los años previos a la pandemia a más de 2.500 millones en apenas unos años, con el consiguiente crecimiento en el número de estudiantes becados. De acuerdo con los datos del informe de EsadeEcPol «¿Quiénes son los beneficiarios de las becas y cómo avanzan a lo largo del periplo universitario?«, estos ya representan algo más de un tercio de todos los estudiantes universitarios en el sur de España, con porcentajes que oscilan cerca del 20% en el resto del territorio.

La gran pregunta está en si esta expansión del presupuesto en becas se traducirá en indicadores tangibles de éxito, como el incremento del porcentaje de alumnos que terminan con éxito el grado. La importancia de esto no es menor, puesto que el coste de la formación universitaria es especialmente elevado y reducir la tasa de abandono tiene un reflejo positivo sobre la eficiente de ese gasto público. El trabajo de EsadeEcPol ofrece valiosa evidencia al respecto a partir de los microdatos administrativos del Sistema Integrado de Indicadores Universitarios (SIIU), que recoge datos de todos los alumnos que han pasado por el sistema universitario en los últimos años, así como su información en términos de becas y nota de acceso.

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Analizando los datos de forma descriptiva, parece claro que existe un efecto positivo de las becas sobre el desempeño académico en la educación universitaria, puesto que los alumnos que reciben beca muestran una probabilidad diez puntos inferior de abandonar el grado universitario, una diferencias que baja a ocho puntos en el caso de la probabilidad de abandonar el sistema universitario por completo. Sin embargo, estos resultados pueden estar afectados por un importante sesgo de composición, puesto que a medida que avanza la educación universitaria, muchos estudiantes pueden perder su beca por varias razones, o directamente abandonar sus estudios universitarios.

Los datos apuntan en esa dirección, puesto que la probabilidad de que un alumno pierda su beca entre el primer y el segundo curso universitario depende en gran medida de su nota de acceso de la universidad. Concretamente, un 60% de los estudiantes con menor nota de acceso que tenían beca en el primer año la pierden al pasar al segundo, un porcentaje que se reduce a un 25% entre los alumnos con mayor nota de acceso. Es decir, es posible que las diferencias entre alumnos con y sin beca se generen porque los alumnos con beca con un menor desempeño van perdiendo la beca o abandonando el sistema universitario a medida que avanzan en su formación, generando así un sesgo de selección.

Para controlar por este sesgo de composición, los autores del informe, Lucía Cobreros y José Montalbán Castilla, introducen una serie de controles para poder juzgar de forma más correcta el efecto que tienen las becas universitarias sobre el desempeño académico de aquellos alumnos que las reciben. Los resultados apuntan a que, tras controlar por las características del alumnado, la diferencia entre alumnos becados y no becados en la probabilidad de que abandonen sus estudios universitarios se reduce al mínimo, aunque todavía se encuentra un efecto positivo sobre la probabilidad de terminar el grado en el tiempo correspondiente.

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De hecho, los autores realizan un interesante análisis de heterogeneidad para evaluar cómo cambia el impacto de las becas en el desempeño en función de la nota de acceso a la universidad de los alumnos que las reciben. El efecto positivo de recibir una beca sobre la probabilidad de acabar el grado a tiempo es significativamente superior entre los alumnos con una menor nota de acceso, con un efecto de 25 puntos porcentuales, que va descendiendo hasta los 7,5 puntos entre los alumnos becados con mayor nota de acceso (decil 10).

El diagnóstico que emerge de estos datos plantea un desafío incómodo para los responsables de política educativa: las becas universitarias funcionan, pero no de la manera uniforme que cabría esperar. Su efecto más potente se concentra precisamente en los estudiantes que llegan a la universidad con peores credenciales académicas, aquellos que, en un sistema más restrictivo, probablemente nunca habrían cruzado las puertas de una facultad. España ha apostado por abrir las puertas de la universidad a una generación que antes quedaba fuera; ahora, la coherencia exige revisar si el diseño de las becas acompaña esa apuesta o la contradice. Aumentar el presupuesto ha sido el primer paso, el siguiente pasa por preguntarse si el dinero llega en tiempo y forma a quienes más lo necesitan el tiempo suficiente para que surta efecto.

 Actualidad Económica // elmundo

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