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El psicólogo Daniel Kahneman revolucionó la teoría económica sin ser economista. Junto a Amos Tversky, investigó el comportamiento humano ante la toma de decisiones y descubrió que la gran mayoría de ellas no se producía de una forma racional. En la archiconocida metáfora que ambos investigadores desarrollaron en Pensar rápido, pensar despacio, el cerebro quedaba dividido en dos sistemas: el 1, intuitivo y vago, que decide la mayoría de nuestros comportamientos de manera rápida y sesgada; y el 2, deliberativo y reposado, que apenas activamos, pero que conduce a las conclusiones más lógicas. The Wharton School, de la Universidad de Pensilvania, ha añadido un tercer sistema a nuestro cerebro, que se está transformando por el uso de los modelos de lenguaje de inteligencia artificial. Lo ha llamado rendición cognitiva.
Con ese nombre llama a la incorporación al conocimiento de los resultados de una búsqueda hecha por la IA de manera acrítica y automatizada. En un estudio sobre casi 1.400 participantes, el 78% siguieron las recomendaciones erróneas del modelo de lenguaje sin cuestionarse su veracidad y sin establecer ningún tipo de comprobación. Sólo un 12% detectó y corrigió los errores.
Una explicación apunta a que la estructura de las respuestas de la IA, que siempre adquiere una forma clara y segura, otorga un sesgo de fluidez. Pero, en cualquier caso, la investigación detecta que el empleo de la IA está generando una «inflación de confianza». Una cuestión clave, aunque algo compleja, consiste en el llamado efecto tijera. «Los patrones son claros: cuando la IA acierta, mejora el rendimiento de forma drástica; cuando la IA se equivoca, la gente la sigue hasta el precipicio y rinde peor que sin usar IA en absoluto. Esto no es un fallo de inteligencia ni de motivación», afirma el estudio.
La rendición cognitiva supone un paso más del efecto GPS o síndrome Google, que describe cómo los usuarios de los navegadores hemos perdido una enorme capacidad para orientarnos por nosotros mismos al delegar la función a una máquina en lugar de aprender de ella. «Del mismo modo que los músculos se atrofian sin ejercicio, las habilidades de razonamiento pueden deteriorarse con el uso habitual de la IA. La investigación sugiere que el ejercicio cognitivo deliberado -resolver problemas intencionadamente sin IA- puede ser esencial para mantener la capacidad de pensamiento analítico», advierten los investigadores. Una recomendación que va directamente dirigida a los estudiantes.
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