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Como no llevo un horario fijo de trabajo, a veces me cuesta saber en qué día estamos. Ahora he puesto un calendario en mi despacho y gracias a eso me enteré antes de ayer que estábamos en Domingo de Ramos.
Aproveché que ya me había enterado de la fiesta para engancharme a una meditación que daba un sacerdote sobre el tema del día. Y me sorprendió que dijera que a Jesús le habían matado por un cálculo político, o sea, por un cálculo de mantenimiento de las poltronas que ocupaban los escribas y los fariseos.
Si esto es así, mi primera reacción fue pensar que no hemos avanzado nada. Que seguimos viendo actuaciones incomprensibles desde un punto de vista lógico, pero que se comprenden fácilmente si se miran desde un punto de vista del mantenimiento de la posición que uno ha conseguido gracias a sus esfuerzos, explicación que se nos ocurre para justificar cualquier actuación, sobre todo si roza con un comportamiento ético que sabemos que sería el correcto.
Hace tiempo quise escribir un artículo titulándolo Todo forma parte de todo. Al final, me dio pereza pero se me quedó la idea y en algún momento vuelve a surgir. Pensé que cuando una persona lucha por adquirir una virtud, sin darse cuenta, está luchando por conseguir no sé si todas pero muchas virtudes. Y de ahí deduje que pasa lo mismo con los vicios. Y en este caso me ha surgido uno que quizá es vicio, el cinismo, o sea, «la desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables».
No sé si está de moda, pero veo muy frecuentes los comportamientos cínicos. Estados Unidos, o Trump, no lo sé, está en guerra con Irán. Como es lógico que empiecen a llegar bolsas de americanos muertos en la guerra, Donald advierte: «como dije, algunos morirán. Cuando vas a la guerra, algunos mueren».
No me acaba de convencer esta frialdad cínico-numérica. Hay guerra, luego hay muertos. Ya se sabe. Y menos me convence el ambiente guerrero que estoy viendo. Nunca me ha gustado Sánchez, que, volviendo al principio del artículo, me parece el colmo en la defensa de su puesto de trabajo. Me admira su flexibilidad de cintura y su inventiva para encontrar nuevas soluciones a sus problemas personales. O sea, me parece el colmo del cinismo. Pero el «no a la guerra» tiene fondo. Seguramente, dirigiéndose a Trump, la palabra correcta es «no a su guerra», porque no estoy seguro de que esa guerra sea honrada.
He estado en los cementerios del desembarco en Normandía. Cientos, quizá miles de cruces. Pienso que aquella guerra fue honrada. Se trataba de eliminar lo que entiendo que era LA maldad. No sé si se puede decir lo mismo de Irán, aparte de que es una nación difícil de entender formada por personas con una cultura distinta, muy distinta a la nuestra. Es decir, de una nación que quitará el sueño frecuentemente a nuestro ministro de Exteriores.
Que para eso está.
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