La crónica | La corrupción del PSOE y PP, en el banquillo

El PP está de enhorabuena. A partir de este martes, todos los informativos volverán a hablar de José Luis Ábalos y de Koldo García. Esos nombres y sus resonancias corruptas fueron durante meses y meses el nutriente principal del discurso de Alberto Núñez Feijóo y los suyos en su infatigable batalla contra el Gobierno. Hasta que en las últimas semanas el asunto decayó en favor de otros temas de conversación más gratos para los de Pedro Sánchez, la guerra contra Irán como el primero de todos.

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 Los juicios a Ábalos y la Kitchen se cuelan en la rampa de salida de las elecciones autonómicas más relevantes  

El PP está de enhorabuena. A partir de este martes, todos los informativos volverán a hablar de José Luis Ábalos y de Koldo García. Esos nombres y sus resonancias corruptas fueron durante meses y meses el nutriente principal del discurso de Alberto Núñez Feijóo y los suyos en su infatigable batalla contra el Gobierno. Hasta que en las últimas semanas el asunto decayó en favor de otros temas de conversación más gratos para los de Pedro Sánchez, la guerra contra Irán como el primero de todos.

Este martes todas las televisiones volverán a abrir con Ábalos y Koldo García, con la estampa de ambos —el exministro y exnúmero dos del PSOE junto a su hombre de máxima confianza— en el banquillo del Tribunal Supremo, acusados de enriquecerse a través de la compra de mascarillas en lo peor de la pandemia. El PP solo tendrá que rebobinar su discurso. “Esperamos que paguen por lo que han hecho con la misma intensidad que deseamos que pague quien les ha escogido”, dicen en el equipo de Feijóo. La imagen que más incomoda al PSOE en el peor momento, con las elecciones andaluzas convocadas para el 17 de mayo en medio de augurios demoscópicos poco alentadores.

Un día antes de la cita en el Supremo, la Audiencia Nacional ofrecerá la imagen de otro banquillo acogiendo a otro político que desempeñó altas responsabilidades. La estampa será un poco más amarillenta, porque el protagonista hace tiempo que está fuera de la primera línea: Jorge Fernández Díaz, ministro del Interior de Mariano Rajoy, acusado de organizar una trama para arrebatar al extesorero del PP Luis Bárcenas documentos que comprometían al partido en graves delitos de corrupción. Nada implica al actual presidente popular en este caso. “La trayectoria política de Feijóo es impecable, no tiene ni un solo consejero imputado”, presume un estrecho colaborador suyo. Lo que no podrá evitar el líder del PP es que se rememore un turbio y no tan lejano pasado de su partido, en competencia con la embarazosa imagen que a la vez tendrá que digerir el PSOE.

Por el juicio de la llamada Operación Kitchen pasarán como testigos toda la plana mayor de aquella época: el propio Rajoy, María Dolores de Cospedal o Soraya Sáenz de Santamaría. Los socialistas podrán evocar esa corrupción como el desencadenante de la moción de censura que llevó a Sánchez a La Moncloa. Y los populares podrán replicarles con lo que siempre les replican, ese sarcástico giro de la historia: “El portavoz de aquella moción fue Ábalos apelando a la ejemplaridad”.

La inquietud social por la corrupción alcanzó sus máximos en aquel verano de 2018, cuando los españoles la señalaban como el segundo principal problema del país. Luego desapareció de las preocupaciones auscultadas por los sondeos. Hasta que otro verano, el de 2025, volvió a encaramarse a la misma posición en las encuestas del CIS tras conocerse las graves acusaciones contra el sustituto de Ábalos en la secretaría de organización del PSOE, Santos Cerdán. En el último año ha descendido puestos, pero la actualidad seguramente la situará de nuevo entre las cuestiones candentes.

Si ya las elecciones andaluzas se antojaban cuesta arriba para los socialistas, ver a Ábalos en el banquillo supone un lastre añadido. “No creo que nos penalice en el sentido de que nos haga caer; ese castigo ya lo hemos pasado, pero sí pienso que no nos va a dejar recuperarnos, al menos durante las semanas que dure el juicio”, barrunta un ministro. La coincidencia con la Kitchen les brinda al menos una agarradera para contrarrestar los previsibles ataques del PP. Ese otro juicio, señala un dirigente de Ferraz, debería servir de “dosis de recuerdo” para los votantes socialistas, no solo de este caso en sí, sino de la actuación de las llamadas cloacas del Estado durante los gobiernos del PP contra Podemos o el independentismo catalán. “Kitchen fue una corrupción sistémica e institucionalizada. El juicio de Ábalos claro que no ayuda, pero al PP tampoco le ayuda que se recuerde un escándalo que estaba olvidado”, sentencian en el entorno de Sánchez.

Los populares están convencidos de que el impacto de ambos casos no es comparable. “Ni siquiera Fernández Díaz tenía para Rajoy la misma importancia que Ábalos para Sánchez”, argumentan en el entorno del líder popular. “Si el matrimonio Sánchez-Gómez quiere medirse en ejemplaridad con Feijóo, aquí les esperamos”.

Las elecciones andaluzas cierran el carrusel que se inició en diciembre en Extremadura y siguió en Aragón y Castilla y León, con un balance muy pobre para el PSOE, salvo en esta última comunidad. Ninguno de los anteriores comicios tenía ni de lejos la relevancia de esta “madre de todas las batallas”, en palabras de un dirigente socialista. En Andalucía están llamados a las urnas más de 6,8 millones de electores, el 18% del censo español. Será también, salvo imprevistos, la última convocatoria antes de los grandes duelos —generales, autonómicas y municipales— del próximo año. Y aquí, en lo que había sido el feudo histórico del PSOE, fue donde se anticipó el giro a la derecha que ahora parece invadir casi todo el país.

El PSOE no se hace trampas al solitario en Andalucía. Nadie, ni Pedro Sánchez ni ningún otro, empleó la palabra “ganar” en la reunión que la dirección socialista mantuvo el lunes en Ferraz. El presidente instó a obtener un buen resultado y a volcarse en las elecciones, según fuentes de la ejecutiva. La candidata, María Jesús Montero, que continúa siendo la vicesecretaria general del partido tras su salida del Gobierno, no asistió. Designada secretaria general de la principal federación socialista por aclamación en enero de 2025, ha tardado 15 meses en poder dedicar su agenda en exclusiva a la “misión imposible” de enfrentarse al actual presidente, Juan Manuel Moreno Bonilla, comparten líderes de otras federaciones. “Pintan bastos”, resume un dirigente del PSOE de Sevilla, donde los socialistas llegaron a lograr 11 escaños en sus buenos tiempos y en 2022 no pasaron de cinco. “Lo bueno de que las expectativas sean tan malas es que por fuerza deberíamos mejorar los peores pronósticos”, añade.

El otro telón de fondo del ambiente preelectoral que se abre tras las vacaciones es la guerra de Irán. Mucho más favorable a los socialistas. Las encuestas empiezan a detectar una tímida recuperación del PSOE. El No a la guerra de Sánchez concentra los votos de la izquierda, como concluyen los socialistas que ya sucedió en Castilla y León. La izquierda alternativa ha tomado nota de sus recientes batacazos y acaba de firmar la paz para acudir en una lista unitaria el 17 de mayo, Podemos incluido. Aun así, esa candidatura, Por Andalucía, no estará sola. Competirá con Adelante Andalucía, cuyas expectativas apuntan a un cierto auge de las izquierdas de ámbito territorial, como ya se vio con Chunta Aragonesista.

A quien resulta más incómoda la atmósfera bélica es a Vox, enfeudado con una figura que suscita fuerte rechazo entre los españoles como Donald Trump. La extrema derecha lucha contra el fantasma de su posible estancamiento. Aun así, entre los socialistas, aunque no lo admitan en público, hay temor a que los supere en alguna provincia como Almería, donde en 2022 ya se quedaron a solo 3.500 votos de diferencia. La coincidencia de los dos juicios en Madrid puede abonar el discurso de Vox contra el bipartidismo. La demoscopia muestra que los votantes de los ultras son, con diferencia, los que más sitúan la corrupción entre los principales problemas del país. En Almería justamente, el PP afronta su particular caso mascarillas, aunque las declaraciones de los imputados no están marcadas hasta unos días después de las elecciones. Ante la jueza estará el expresidente de la Diputación, el popular Javier Aureliano García, de quien la UCO ha concluido que llegó a pagar una hipoteca con dinero de las mordidas cobradas por la compra de los tapabocas.

Los últimos días han elevado al máximo la tensión entre PP y Vox. Los ultras culpan a Génova de alentar a los purgados por Santiago Abascal que están aireando comprometedoras acusaciones contra él. En una carta a la militancia han soltado la peor munición contra Feijóo y sus colaboradores gallegos tachándolos de “clan de contrabandistas de la ría”. La relación entre las dos derechas empieza a desprender un cierto aire a las intrigas amorosas de vodevil. Ambos se dicen dispuestos a gobernar juntos, mientras que Vox no cesa de desairar al partido mayor. Feijóo y los suyos se arman de paciencia para no responder a las provocaciones. Y al tiempo juegan sus cartas para intentar desembarazarse de esa levantisca compañía.

Antes de que los andaluces voten, deberá resolverse el ruidoso pulso que PP y Vox mantienen en Extremadura, con el calendario consumiendo fechas antes de que el 4 de mayo se agote el plazo para la repetición electoral. Un calvario que Moreno Bonilla quiere evitar a toda costa. Esa es la misión del presidente andaluz, erigido en el icono del PP más templado, como el envés de Isabel Díaz Ayuso: renovar la mayoría absoluta y seguir ignorando a Vox. Esa será la medida del éxito o el fracaso del PP el 17 de mayo, que se aproxima entre el frufrú de togas y el retumbar de misiles.

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