Ha pasado un año, pero la fatídica muerte de la influencer y concursante de televisión húngara Annabella Lovas, cuyo cadáver fue hallado hace un año en un barranco del sur de Gran Canaria, sigue arrojando muchas incógnitas.
Y lo seguirá haciendo, ya que la Policía Nacional ha dado por cerrado el caso sin que las circunstancias exactas de su fallecimiento se esclarezcan, después de meses de pesquisas sin resultados concluyentes, informa Telecinco.
Eso sí, la principal hipótesis es que el cuerpo pudo ser arrastrado por una riada hasta el punto donde fue finalmente localizado, una poza del barranco de El Berriel, una zona de difícil acceso situada en las inmediaciones del aeródromo de Maspalomas.
En aquel momento, el 6 de marzo de 2025, dos barranquistas encontraron el cadáver en avanzado estado de descomposición, parcialmente desnudo y sin ningún tipo de documentación ni pertenencias.
Eso complicó desde el primer momento la identificación. De hecho, su identidad no se confirmó hasta meses después, gracias al análisis de una pieza dental cuyo molde fue enviado a través de Interpol, permitiendo finalmente su identificación.
A partir de ahí se reconstruyó su trayectoria en las islas, hasta donde había llegado meses antes en una situación de vulnerabilidad personal, ya que, tras denunciarse su desaparición en noviembre de 2024, el consulado húngaro la había catalogado como una persona en riesgo.
La Policía ha decidido cerrar el caso de esta muerte ocurrida hace un año.
Ha pasado un año, pero la fatídica muerte de la influencer y concursante de televisiónhúngara Annabella Lovas, cuyo cadáver fue hallado hace un año en un barranco del sur de Gran Canaria, sigue arrojando muchas incógnitas.
Y lo seguirá haciendo, ya que la Policía Nacional ha dado por cerrado el caso sin que las circunstancias exactas de su fallecimiento se esclarezcan, después de meses de pesquisas sin resultados concluyentes, informa Telecinco.
Eso sí, la principal hipótesis es que el cuerpo pudo ser arrastrado por una riada hasta el punto donde fue finalmente localizado, una poza del barranco de El Berriel, una zona de difícil acceso situada en las inmediaciones del aeródromo de Maspalomas.
En aquel momento, el 6 de marzo de 2025, dos barranquistas encontraron el cadáver en avanzado estado de descomposición, parcialmente desnudo y sin ningún tipo de documentación ni pertenencias.
Eso complicó desde el primer momento la identificación. De hecho, su identidad no se confirmó hasta meses después, gracias al análisis de una pieza dental cuyo molde fue enviado a través de Interpol, permitiendo finalmente su identificación.
A partir de ahí se reconstruyó su trayectoria en las islas, hasta donde había llegado meses antes en una situación de vulnerabilidad personal, ya que, tras denunciarse su desaparición en noviembre de 2024, el consulado húngaro la había catalogado como una persona en riesgo.
20MINUTOS.ES – Gente
