Efectos perjudiciales de la inteligencia artificial (IA)

Como ya nadie duda de que la IA ha venido para quedarse, son muchas las preguntas que nos hacemos sobre las consecuencias de su implantación a corto, medio y largo plazo. ¿Cambia la IA el funcionamiento básico del cerebro? ¿Usando la IA, aprendemos y mejoramos nuestro sistema cognitivo natural o simplemente nos apoyamos en ella para ejecutar propósitos? ¿Qué nos puede pasar si, tras usarla repetidamente, dejamos de hacerlo? ¿Recuperamos nuestras previas capacidades ejecutivas y podremos prescindir de la IA, o caeremos en algún estado de dependencia mental, de “mono” tecnológico? En definitiva, ¿vamos a perder capacidades mentales y de adaptación a nuestro entorno por un repetido uso de la IA?

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 Un equipo de investigadores de prestigiosas universidades inglesas y norteamericanas alertan sobre los posibles inconvenientes de un uso inadecuado de esta tecnología  

Como ya nadie duda de que la IA ha venido para quedarse, son muchas las preguntas que nos hacemos sobre las consecuencias de su implantación a corto, medio y largo plazo. ¿Cambia la IA el funcionamiento básico del cerebro? ¿Usando la IA, aprendemos y mejoramos nuestro sistema cognitivo natural o simplemente nos apoyamos en ella para ejecutar propósitos? ¿Qué nos puede pasar si, tras usarla repetidamente, dejamos de hacerlo? ¿Recuperamos nuestras previas capacidades ejecutivas y podremos prescindir de la IA, o caeremos en algún estado de dependencia mental, de “mono” tecnológico? En definitiva, ¿vamos a perder capacidades mentales y de adaptación a nuestro entorno por un repetido uso de la IA?

Unas consideraciones previas pueden ayudarnos a responder a esa pregunta. Cuando razonamos por nuestra cuenta sin ayuda de artilugios tecnológicos, escudriñamos continuamente el resultado de lo que hacemos, observamos con frecuencia nuestros propios errores y nos esforzamos progresivamente por corregir y mejorar el resultado, aunque nos cueste tiempo y esfuerzo conseguirlo. Trabajar usando los recursos intelectuales propios resulta en un autoaprendizaje permanente que, además de autonomía, nos proporciona sensación de independencia, acierto y seguridad. Asumir nuestra propia capacidad para conseguir propósitos y solucionar problemas intelectuales es resultado de nuestra propia experiencia en conseguirlo, siendo también lo que nos induce a permanecer en el esfuerzo sin abandonar cuando intentamos superar dificultades.

Quizá por todo eso, un equipo de investigadores de prestigiosas universidades inglesas y norteamericanas nos alerta sobre posibles inconvenientes de un uso inadecuado o desmesurado de la IA, recordándonos, antes de nada, que un profesor o consejero no solo contesta preguntas, pues es también un andamio de aprendizaje, alguien que rastrea el progreso de su asesorado y prioriza su crecimiento a largo plazo sobre los resultados inmediatos. En contraste, los actuales sistemas de IA son colaboradores miopes que producen respuestas instantáneas y completas, sin negarse casi nunca a ayudar cuando, por lo que sea, no convenga. ¿Qué consecuencias puede tener esa dinámica de uso de la IA?

Para tratar de contestar a esa variante de nuestra pregunta anterior, los investigadores mencionados han realizado una serie de sucesivos experimentos con pruebas aritméticas y de comprensión lectora. En una de ellas, 191 personas (grupo experimental) tenían que resolver 12 problemas de fracciones matemáticas de dificultad variable sin ser penalizadas por dar respuestas incorrectas. Para ello y siempre que lo desearan, clicando una tecla podían acceder a un asistente de IA (GTP-5) preprogramado con la solución inmediata y precisa de cada problema. Después, para evaluar la capacidad de los participantes para encontrar las soluciones por sí mismos, se les pidió también resolver tres problemas adicionales del mismo tipo sin usar nunca el asistente de IA ni otros recursos. Pero lo más especial fue que, para medir su motivación y persistencia con independencia de su capacidad matemática, los participantes tenían también la opción de eludir voluntariamente cualquiera de los problemas presentados clicando una tecla.

Los participantes del grupo control (163) recibieron los mismos problemas sin asistencia de IA y con el mismo requerimiento de no usar otros recursos de ayuda. Un similar experimento para comprobar la generalización de los resultados a otras esferas del conocimiento estudió el mismo tipo de motivación y persistencia en una tarea diferente, la comprensión lectora.

El resultado más interesante de los experimentos realizados fue que los participantes que se valieron de la IA para solucionar los problemas, aunque mejoraron su ejecución a corto plazo, es decir, de manera inmediata, se rindieron con más frecuencia ante la dificultad de algunos problemas que los que nunca se valieron de ella. Ese efecto se puso de manifiesto con solo breves interacciones, de unos 10 o 15 minutos, con la IA, un tipo de asistencia que condiciona a la gente a esperar resultados inmediatos, negándoles la experiencia de seguir trabajando mediante desafíos propios. Es como si el saber que alguien o algo como el asistente de IA te solucionará un problema de inmediato evita que te esfuerces en solucionarlo por ti mismo, una predisposición que también se reflejó en los resultados de los experimentos mencionados.

Siendo la persistencia fundamental para la adquisición de habilidades mentales y uno de los más fuertes predictores de aprendizaje a largo plazo, lo más preocupante entonces fue sospechar que, si una breve exposición tiene un efecto perjudicial medible, los efectos acumulativos del uso diario de la IA en meses o años podrían ser profundos y difíciles de revertir. Más aún, como sugieren los mencionados investigadores, la IA elimina la lucha productiva que hace que la gente desarrolle no solo conocimiento preciso, sino también el autoconocimiento y la calibración metacognitiva que sostiene la persistencia para solucionar los problemas.

En su razonamiento, los investigadores sostienen que, aunque las tareas investigadas, como la fracción aritmética y la comprensión de la lectura, pueden parecer delegables a herramientas como calculadoras o búsqueda informática, el dominio conceptual propio de esas habilidades es un prerrequisito para el desarrollo de competencias de más alto nivel, como el álgebra, que difiere de la aritmética en el uso de abstracciones, o el pensamiento crítico. Un posible daño añadido no menos importante es que los estudiantes con menos recursos académicos y ayudas personales complementarias pueden ser más vulnerables a los efectos perjudiciales del uso improcedente de la IA.

Con sus permanentes desarrollos, la IA seguirá formando parte de nuestras vidas y, como todos los avances tecnológicos, irá modificando el funcionamiento del cerebro, órgano que no es más que un amortiguador de los cambios que ocurren en el ambiente en el que vivimos y con el que interactuamos, siendo los tecnológicos especialmente importantes por su desarrollo exponencial. Lo crítico, en cualquier caso, va a ser que aprendamos a usar la IA garantizando que sus beneficios superen a los de las capacidades mentales que resulten deterioradas por su uso excesivo o improcedente.

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