La ministra de Defensa, Margarita Robles, ha llegado a Ceuta con un mensaje rotundo para los habitantes de la ciudad autónoma y, sobre todo, aunque sin mencionarlo abiertamente, a Marruecos: “Ceuta y Melilla no se tocan”. Una declaración de fuerza con la que ha querido despejar los temores ante los rumores sobre un nuevo intento de entrada masiva este fin de semana. En una breve rueda de prensa, en la que ha eludido responder a si acudirá a la comisión de Defensa del Senado la próxima semana, ha emitido un mensaje claro y dirigido directamente a los ceutíes: “Lo que pasó el día 30 no puede volver a ocurrir. Ceuta y Melilla son españolísimas. Tenemos unos profesionales de las Fuerzas Armadas que llevan 11 días volcados en apoyar a la población de Ceuta y así va a seguir siendo. Que la gente en Ceuta sepa que sus Fuerzas Armadas van a estar con ellos. No les vamos a dejar”, ha sostenido.
La ministra, que ha eludido decir si comparecerá en el Senado, se ha parado a escuchar los miedos y reproches de los ceutíes, que agradecen que haya “dado la cara”
La ministra de Defensa, Margarita Robles, ha llegado a Ceuta con un mensaje rotundo: “Ceuta y Melilla no se tocan”. Una declaración de fuerza con la que ha querido despejar los temores ante los rumores sobre un nuevo intento de entrada masiva en la ciudad autónoma este fin de semana. En una breve rueda de prensa, en la que ha eludido responder a si acudirá a la comisión de Defensa del Senado la próxima semana, ha emitido un mensaje claro y dirigido directamente a los ceutíes: “Lo que pasó el día 30 no puede volver a ocurrir. Ceuta y Melilla son españolísimas. Tenemos unos profesionales de las Fuerzas Armadas que llevan 11 días volcados en apoyar a la población de Ceuta y así va a seguir siendo. Que la gente en Ceuta sepa que sus Fuerzas Armadas van a estar con ellos. No les vamos a dejar”, ha sostenido.
Pero antes de que Robles pronunciara esas palabras, en las inmediaciones del Ayuntamiento ya se respiraba tensión. Media hora antes de su llegada para reunirse con el presidente de la ciudad autónoma, Juan Jesús Vivas, un pequeño grupo de personas aguardaba su llegada. La expectación era máxima. Después de la visita el lunes del ministro de Política Territorial y del titular de Asuntos Exteriores el martes, en Ceuta se había instalado la sensación de que los miembros del Gobierno acudían a la ciudad “solo para la foto”.
Cuando Robles ha aparecido caminando por el paseo, los gritos han comenzado de inmediato. “Traidora”, “sinvergüenza” y acusaciones de “dejar abandonados a los militares” han recibido a la ministra. Pero, en lugar de pasar de largo, como suelen hacer otros políticos ante este tipo de protestas, Robles se ha detenido a escuchar. La primera en acercarse a la ministra ha sido Pepi, una ceutí de 66 años que ha roto a llorar presa de la ansiedad: “Me siento abandonada, tengo miedo. Me da pena Ceuta porque nosotros somos españoles como los demás”, le ha dicho entre lágrimas. Robles le ha cogido las manos y ha respondido: “Por supuesto”.

“Yo le tenía a usted en estima, pero no puede abandonar Ceuta. Por favor, se lo pido”, ha continuado la mujer, visiblemente desconsolada. “No lo vamos a hacer”, le ha asegurado la titular de Defensa. Pepi le ha explicado entonces el miedo con el que está viviendo estos días. “Creo que estoy nerviosa porque vivo sola y tengo miedo. Nunca me he visto cerrando todas las ventanas y la puerta sin poder dormir en toda la noche”, le ha contado. Robles ha tratado de calmarla, le ha ofrecido un vaso de agua en la Comandancia General de Ceuta y la ha invitado a sumarse a la reunión que iba a mantener con Vivas.
Poco a poco, Pepi se ha tranquilizado. Antes de despedirse, le ha pedido perdón a la ministra por los insultos que le había proferido a su llegada. Robles ha quitado hierro al asunto con una sonrisa: “Usted no se preocupe, que cuando uno está enfadado a veces es bueno descargarse”. A la salida del Ayuntamiento, camino de la Comandancia General de Ceuta, Robles ha vuelto a detenerse. Esta vez, ante un padre que observaba la escena junto a sus dos hijos pequeños. La ministra se ha dirigido a los niños y les ha preguntado si tenían miedo. “Contadle lo que nos pasó el otro día”, les ha animado el padre.
La niña pequeña ha empezado entonces a relatar lo ocurrido en la playa. Habían ido a bañarse cuando, de repente, “comenzó a oler muy mal”. Según ha contado, una de las personas que había entrado a nado en Ceuta “había hecho sus necesidades en medio de la playa y luego se metió al mar a limpiarse, así que tuvimos que irnos”. El padre ha agradecido a Robles “haber dado la cara”, porque, a su juicio, “ha sido la única que lo ha hecho”. Entonces ha aparecido África, otra mujer que pasaba por la zona, que se ha acercado a la ministra para trasladarle, una vez más, la sensación de abandono que, dice, viven muchos ceutíes.
“Yo ya no puedo salir sola”, ha exclamado África entre lágrimas. La mujer, completamente desconsolada, se ha abrazado a Robles. La ministra le ha devuelto el abrazo y se ha quitado las gafas de sol, dejando ver que también tenía los ojos humedecidos. “No ven la realidad, porque ustedes solo vienen media hora”, le ha reprochado África. Robles ha respondido con contundencia que sí la había visto y le ha explicado que la mujer desconocía “las zonas por las que había estado esta mañana”.
Después han sido más los vecinos que se han acercado a hablar con la ministra. Algunos, para agradecerle que se hubiera detenido; otros, para disculparse por los insultos del comienzo. “Estamos un poco desesperados”, le ha explicado uno de los hombres. Robles ha asegurado que no se toma las palabras como algo personal y ha tratado de rebajar la tensión con humor: “Todo lo contrario. Si los españoles, cuando nos enfadamos, somos muy vehementes”, ha dicho con una sonrisa.
Cuando finalmente la ministra se ha marchado, entre los presentes se repetía una frase: “Esta mujer sí que es valiente”. Pepi, ya mucho más tranquila, también se mostraba emocionada por el encuentro. “Ha sido una mujer muy empática y muy humana. Yo quiero creer que sí que hará algo porque me ha aportado tranquilidad y paz. Me ha cogido de la mano y me ha desarmado”, ha dicho.
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