Imagina que aparece una mancha de humedad en tu pared. Lo primero que piensas es que será la pintura. Pintas y se acabó. Pero la mancha vuelve. Entonces empiezas a mirar un poco más allá. Puede ser cosa del vecino. O puede tener que ver con unas bajantes hechas polvo que afectan a toda la planta. O quizá viene de un problema en las tuberías que llegan a tu comunidad y afecta a todo el edificio. O puede ser cosa de unas obras cercanas. Incluso puede ocurrir que esa obra esté a varias manzanas de tu edificio y aun así os esté afectando.
En este último caso, para entender una simple humedad en la pared de tu casa hemos tenido que comprender la dinámica de la fontanería de todo un vecindario. Y os preguntaréis qué tiene que ver esto con el cáncer. Pues resulta que mucho más de lo que podría parecer. Vamos a explicarlo recurriendo a seis momentos de la historia del melanoma en los que pensábamos que las cosas eran de una manera y resultaron ser mucho, muchísimo más complejas.
1. Humores y desequilibrios
Durante siglos, el cáncer se entendía como un desequilibrio entre humores, 4 sustancias derivadas de los 4 elementos (tierra, mar, agua y aire) que estaban detrás de la salud y la enfermedad. La enfermedad se explicaba como una alteración de ese equilibrio. Y a pesar de no haberla visto nunca, Galeno relacionó el cáncer con la bilis negra: una sustancia interna, oscura.
Por supuesto, si el problema era un desequilibrio, la solución parecía evidente: intentar equilibrar de nuevo el cuerpo. Para eso se recurría a cambios en la dieta, purgas o incluso sangrías con o sin sanguijuelas.
Obviamente, aquello no curaba el cáncer.
Afortunadamente, a finales del siglo XVI y comienzos del XVII se desarrollaron los primeros microscopios. Esto permitió mirar el cuerpo con otra escala y en profundidad y desarrollar, más adelante, la teoría celular. Esta teoría estableció que los seres vivos están formados por células y que toda célula procede de otra célula.
A partir de ahí, el cáncer empezó a verse como un problema de células que crecían de forma anómala, invadían estructuras vecinas y podían aparecer en otros órganos. Ese cambio no resolvió el cáncer, de hecho, lo volvió más complejo. Pero permitió empezar a saber dónde buscar.
2. Local vs Viajero
Durante mucho tiempo, muchos tumores se entendieron sobre todo como problemas localizados. Entonces la respuesta más lógica era local también: quitarlo, quemarlo, amputar si hacía falta u operar. Pero claro, luego algunas personas recaían.
Entre los siglos XVII y XIX empezó a quedar claro, gracias a la observación clínica y a las autopsias, que algunos tumores podían extenderse por el organismo. En 1820, William Norris siguió durante tres años la evolución de un paciente con melanoma y describió después numerosos tumores distribuidos por el cuerpo. En 1829, Jean Claude Recamier acuñó el término metástasis.
Así que claramente el cáncer ya no era solo una lesión que se veía y se quitaba. Podía ser una enfermedad capaz de extenderse por el organismo. Nuevamente eso hacía que fuera mucho más compleja de tratar. Pero tampoco podemos curarlo si no conocemos la magnitud del problema.
3. Bultos vs Ecosistemas
Durante mucho tiempo mirábamos el tumor como un problema centrado en las células tumorales: un grupo de células que crecían sin control y había que destruir.
Pero desde los años 70 y 80, y sobre todo a partir de los años 2000, empezó a consolidarse otra idea: el tumor no es solo un montón de células tumorales. Funciona como un tejido alterado en el que participan activamente vasos sanguíneos, células inmunes, fibroblastos, matriz extracelular, señales inflamatorias, nutrientes, oxígeno y muchas conversaciones químicas entre células. Es decir, el tumor empezó a entenderse como un ecosistema muy dinámico.
Si queremos controlar o eliminar un tumor, no siempre basta con atacar directamente a las células malignas. A veces hay que actuar sobre su entorno: sobre los vasos que lo alimentan, sobre las señales que lo protegen o sobre el sistema inmunitario, con tratamientos como la inmunoterapia que ayudan a dirigir o modificar las defensas para que puedan atacar al tumor.
4. Cuando la metástasis parecía una fuga de células
Durante mucho tiempo, y hasta hace no tanto, la metástasis se imaginó casi como un proceso mecánico, lineal y prácticamente una inevitabilidad física: algunas células se desprenden de manera natural del tumor, viajan por la sangre o la linfa, se quedan atascadas en estrechamientos o quedan atrapadas en otro órgano y empiezan a crecer.
Pero hoy sabemos que es mucho más complejo. La metástasis es un proceso evolutivo extremadamente complejo en el que la célula tumoral tiene que cambiar y adaptarse constantemente. Tiene que sobrevivir al viaje, esquivar defensas, adaptarse a un tejido nuevo y encontrar o crear un nicho favorable.
Además, la metástasis no siempre ocurre al final ni sigue una línea recta. Puede empezar muy pronto en el desarrollo de un tumor. Puede haber células dormidas durante años. Incluso puede haber metástasis que originan nuevas metástasis. Y aunque puede resultar apabullante, al menos conociendo los diferentes niveles de complejidad podemos empezar a desarrollar estrategias y actuar.
5. Cuando parecía que cada cáncer era una sola enfermedad
De igual manera, clásicamente los cánceres se clasificaron sobre todo por el órgano en el que aparecían: cáncer de mama, cáncer de pulmón, cáncer de colon, cáncer de próstata, leucemias, linfomas.
El problema es que transmite una idea relativamente sencilla: si dos personas tienen cáncer en el mismo órgano, estábamos ante enfermedades más o menos parecidas.
Pero en los años 80 la biología molecular empezó a cambiar esa mirada. Poco a poco se vio que dos tumores del mismo órgano podían tener alteraciones genéticas muy distintas, o que tumores de órganos diferentes podían compartir mecanismos parecidos.
Eso hizo el mapa mucho más complejo, pero también más útil. Si un tumor depende de un mecanismo concreto, quizá puede ser un punto débil que podamos atacar con fármacos, de manera cada vez más personalizada.
6. Cuando la inmunoterapia parecía la última Coca-Cola del desierto
De manera mucho más reciente, cuando a partir de la década de 2010 la inmunoterapia empezó a demostrar resultados excelentes en algunos tipos de cáncer como los melanomas con metástasis, pareció que por fin habíamos encontrado la clave para tratar la mayoría de tumores.
Después de años con muy pocas opciones para muchas personas con enfermedad avanzada, ver respuestas duraderas incluso en personas que estaban desahuciadas fue una revolución. Pero el propio éxito de la inmunoterapia abrió una puerta mucho más profunda.
Nos ha mostrado que la relación entre cáncer y sistema inmune es mucho, muchísimo más compleja de lo que parecía. No todos los pacientes responden. Algunos responden y luego recaen. Otros tienen tumores en los que el sistema inmunitario ni está ni se le espera. Incluso la microbiota intestinal parece jugar un papel.
La inmunoterapia nos dio una palanca enorme para abrir una puerta, pero al otro lado apareció un sistema inmunitario mucho más complejo, dinámico y sofisticado de lo que imaginábamos.
Miras más allá de la mancha
Todos estos ejemplos nos muestran una cosa: siempre tendemos a intentar resolver los problemas con el conocimiento que tenemos a nuestro alcance. Y resulta que la realidad casi siempre es más compleja, rica y diversa de lo que pensábamos. Muchas veces estamos mirando la mancha de humedad dentro de nuestra casa.
Pero quizá el problema no está en la pintura, ni en la pared, ni siquiera en nuestra vivienda. Quizá necesitamos mirar las tuberías, la planta, el edificio, el vecindario y las obras que hay varias calles más allá. La historia del cáncer nos ha enseñado algo parecido una y otra vez.
La única manera de ver más allá de nuestra habitación y saber lo que hay fuera es la investigación. CRIS contra el cáncer lleva más de 15 años impulsando la investigación más puntera contra el cáncer. Porque tenemos claro si nos unimos para apoyar la investigación podemos ver más allá de la mancha de humedad. Podremos conocer el vecindario y sus obras. Y de esta manera llegar a tratamientos más efectivos, personalizados y seguros para todas las personas que padecen cáncer.
Un recorrido por seis momentos de la historia del cáncer que nos enseñan que el problema casi nunca es tan sencillo como creemos.
Imagina que aparece una mancha de humedad en tu pared. Lo primero que piensas es que será la pintura. Pintas y se acabó. Pero la mancha vuelve. Entonces empiezas a mirar un poco más allá. Puede ser cosa del vecino. O puede tener que ver con unas bajantes hechas polvo que afectan a toda la planta. O quizá viene de un problema en las tuberías que llegan a tu comunidad y afecta a todo el edificio. O puede ser cosa de unas obras cercanas. Incluso puede ocurrir que esa obra esté a varias manzanas de tu edificio y aun así os esté afectando.
En este último caso, para entender una simple humedad en la pared de tu casa hemos tenido que comprender la dinámica de la fontanería de todo un vecindario. Y os preguntaréis qué tiene que ver esto con el cáncer. Pues resulta que mucho más de lo que podría parecer. Vamos a explicarlo recurriendo a seis momentos de la historia del melanoma en los que pensábamos que las cosas eran de una manera y resultaron ser mucho, muchísimo más complejas.
1. Humores y desequilibrios
Durante siglos, el cáncer se entendía como un desequilibrio entre humores, 4 sustancias derivadas de los 4 elementos (tierra, mar, agua y aire) que estaban detrás de la salud y la enfermedad. La enfermedad se explicaba como una alteración de ese equilibrio. Y a pesar de no haberla visto nunca, Galeno relacionó el cáncer con la bilis negra: una sustancia interna, oscura.
Por supuesto, si el problema era un desequilibrio, la solución parecía evidente: intentar equilibrar de nuevo el cuerpo. Para eso se recurría a cambios en la dieta, purgas o incluso sangrías con o sin sanguijuelas.
Obviamente, aquello no curaba el cáncer.
Afortunadamente, a finales del siglo XVI y comienzos del XVII se desarrollaron los primeros microscopios. Esto permitió mirar el cuerpo con otra escala y en profundidad y desarrollar, más adelante, la teoría celular. Esta teoría estableció que los seres vivos están formados por células y que toda célula procede de otra célula.
A partir de ahí, el cáncer empezó a verse como un problema de células que crecían de forma anómala, invadían estructuras vecinas y podían aparecer en otros órganos. Ese cambio no resolvió el cáncer, de hecho, lo volvió más complejo. Pero permitió empezar a saber dónde buscar.
2. Local vs Viajero
Durante mucho tiempo, muchos tumores se entendieron sobre todo como problemas localizados. Entonces la respuesta más lógica era local también: quitarlo, quemarlo, amputar si hacía falta u operar. Pero claro, luego algunas personas recaían.
Entre los siglos XVII y XIX empezó a quedar claro, gracias a la observación clínica y a las autopsias, que algunos tumores podían extenderse por el organismo. En 1820, William Norris siguió durante tres años la evolución de un paciente con melanoma y describió después numerosos tumores distribuidos por el cuerpo. En 1829, Jean Claude Recamier acuñó el término metástasis.
Así que claramente el cáncer ya no era solo una lesión que se veía y se quitaba. Podía ser una enfermedad capaz de extenderse por el organismo. Nuevamente eso hacía que fuera mucho más compleja de tratar. Pero tampoco podemos curarlo si no conocemos la magnitud del problema.
3. Bultos vs Ecosistemas
Durante mucho tiempo mirábamos el tumor como un problema centrado en las células tumorales: un grupo de células que crecían sin control y había que destruir.
Pero desde los años 70 y 80, y sobre todo a partir de los años 2000, empezó a consolidarse otra idea: el tumor no es solo un montón de células tumorales. Funciona como un tejido alterado en el que participan activamente vasos sanguíneos, células inmunes, fibroblastos, matriz extracelular, señales inflamatorias, nutrientes, oxígeno y muchas conversaciones químicas entre células. Es decir, el tumor empezó a entenderse como un ecosistema muy dinámico.
Si queremos controlar o eliminar un tumor, no siempre basta con atacar directamente a las células malignas. A veces hay que actuar sobre su entorno: sobre los vasos que lo alimentan, sobre las señales que lo protegen o sobre el sistema inmunitario, con tratamientos como la inmunoterapia que ayudan a dirigir o modificar las defensas para que puedan atacar al tumor.
4. Cuando la metástasis parecía una fuga de células
Durante mucho tiempo, y hasta hace no tanto, la metástasis se imaginó casi como un proceso mecánico, lineal y prácticamente una inevitabilidad física: algunas células se desprenden de manera natural del tumor, viajan por la sangre o la linfa, se quedan atascadas en estrechamientos o quedan atrapadas en otro órgano y empiezan a crecer.
Pero hoy sabemos que es mucho más complejo. La metástasis es un proceso evolutivo extremadamente complejo en el que la célula tumoral tiene que cambiar y adaptarse constantemente. Tiene que sobrevivir al viaje, esquivar defensas, adaptarse a un tejido nuevo y encontrar o crear un nicho favorable.
Además, la metástasis no siempre ocurre al final ni sigue una línea recta. Puede empezar muy pronto en el desarrollo de un tumor. Puede haber células dormidas durante años. Incluso puede haber metástasis que originan nuevas metástasis. Y aunque puede resultar apabullante, al menos conociendo los diferentes niveles de complejidad podemos empezar a desarrollar estrategias y actuar.
5. Cuando parecía que cada cáncer era una sola enfermedad
De igual manera, clásicamente los cánceres se clasificaron sobre todo por el órgano en el que aparecían: cáncer de mama, cáncer de pulmón, cáncer de colon, cáncer de próstata, leucemias, linfomas.
El problema es que transmite una idea relativamente sencilla: si dos personas tienen cáncer en el mismo órgano, estábamos ante enfermedades más o menos parecidas.
Pero en los años 80 la biología molecular empezó a cambiar esa mirada. Poco a poco se vio que dos tumores del mismo órgano podían tener alteraciones genéticas muy distintas, o que tumores de órganos diferentes podían compartir mecanismos parecidos.
Eso hizo el mapa mucho más complejo, pero también más útil. Si un tumor depende de un mecanismo concreto, quizá puede ser un punto débil que podamos atacar con fármacos, de manera cada vez más personalizada.
6. Cuando la inmunoterapia parecía la última Coca-Cola del desierto
De manera mucho más reciente, cuando a partir de la década de 2010 la inmunoterapia empezó a demostrar resultados excelentes en algunos tipos de cáncer como los melanomas con metástasis, pareció que por fin habíamos encontrado la clave para tratar la mayoría de tumores.
Después de años con muy pocas opciones para muchas personas con enfermedad avanzada, ver respuestas duraderas incluso en personas que estaban desahuciadas fue una revolución. Pero el propio éxito de la inmunoterapia abrió una puerta mucho más profunda.
Nos ha mostrado que la relación entre cáncer y sistema inmune es mucho, muchísimo más compleja de lo que parecía. No todos los pacientes responden. Algunos responden y luego recaen. Otros tienen tumores en los que el sistema inmunitario ni está ni se le espera. Incluso la microbiota intestinal parece jugar un papel.
La inmunoterapia nos dio una palanca enorme para abrir una puerta, pero al otro lado apareció un sistema inmunitario mucho más complejo, dinámico y sofisticado de lo que imaginábamos.
Miras más allá de la mancha
Todos estos ejemplos nos muestran una cosa: siempre tendemos a intentar resolver los problemas con el conocimiento que tenemos a nuestro alcance. Y resulta que la realidad casi siempre es más compleja, rica y diversa de lo que pensábamos. Muchas veces estamos mirando la mancha de humedad dentro de nuestra casa.
Pero quizá el problema no está en la pintura, ni en la pared, ni siquiera en nuestra vivienda. Quizá necesitamos mirar las tuberías, la planta, el edificio, el vecindario y las obras que hay varias calles más allá. La historia del cáncer nos ha enseñado algo parecido una y otra vez.
La única manera de ver más allá de nuestra habitación y saber lo que hay fuera es la investigación. CRIS contra el cáncer lleva más de 15 años impulsando la investigación más puntera contra el cáncer. Porque tenemos claro si nos unimos para apoyar la investigación podemos ver más allá de la mancha de humedad. Podremos conocer el vecindario y sus obras. Y de esta manera llegar a tratamientos más efectivos, personalizados y seguros para todas las personas que padecen cáncer.
20MINUTOS.ES – Salud
