Hace un año, un micrófono abierto en una charla entre Xi Jinping y Vladímir Putin ilustró la fe en la ciencia y la tecnología de los hombres modernos y en que los humanos somos máquinas de carne. “La biotecnología está en continuo desarrollo. Los órganos humanos se pueden trasplantar continuamente. Cuanto más vives, más joven te vuelves, e incluso puedes lograr la inmortalidad”, dijo el presidente ruso. Xi fue más cauto, pero no escatimó optimismo: “Hoy eres un niño a los 70 años. Las predicciones apuntan a que este siglo se pueda vivir hasta los 150 años”.
Técnicas como la edición genética CRISPR ya hacen posibles supervivencias cercanas al año, algo inaudito hasta hace poco
Hace un año, un micrófono abierto en una charla entre Xi Jinping y Vladímir Putin ilustró la fe en la ciencia y la tecnología de los hombres modernos y en que los humanos somos máquinas de carne. “La biotecnología está en continuo desarrollo. Los órganos humanos se pueden trasplantar continuamente. Cuanto más vives, más joven te vuelves, e incluso puedes lograr la inmortalidad”, dijo el presidente ruso. Xi fue más cauto, pero no escatimó optimismo: “Hoy eres un niño a los 70 años. Las predicciones apuntan a que este siglo se pueda vivir hasta los 150 años”.
Los trasplantes son uno de los logros más fascinantes de la medicina moderna, fruto de una mezcla de talento científico, audacia y generosidad, que reflejan lo mejor de la humanidad. Solo en España, más de 6.000 personas tienen una nueva oportunidad en la vida cada año gracias a los órganos donados por 2.500 personas al fallecer. Pero esa intervención médica tiene poco que ver con la sustitución de una pieza del lavavajillas.
Los órganos vienen de los donantes. No se pueden producir miles de hígados y riñones idénticos en una cadena de montaje y menos del 1% de las personas que mueren cada año fallecen en condiciones que les permitan donar sus órganos. Y cuando alguien recibe un órgano ajeno, su sistema inmune intenta destruirlo. Un trasplantado requiere medicamentos de por vida que lo mantienen inmunosuprimido, más vulnerable a infecciones o al cáncer. Con un hígado nuevo, Putin no seguiría funcionando igual, pero mejor que antes de la operación, como si fuera un coche al que se le ha cambiado el filtro del aceite.
Desde hace décadas, se piensa en los animales como solución a la escasez de donantes, pero la reacción al insertar un órgano de otra especie en un humano es aún peor que en los trasplantes entre humanos. Estos xenotrasplantes comenzaron a practicarse en 1906, cuando el cirujano francés Mathieu Jaboulay implantó, sin éxito, un riñón de cerdo en el codo de una mujer de 48 años, y después siguió habiendo intentos con distintos órganos y animales, de los primates a los cerdos. En la mayor parte de los casos, las supervivencias fueron efímeras.
Las diferencias inmunológicas entre animales y humanos, fraguadas en los millones de años desde que se bifurcaron nuestros caminos evolutivos, incluso tras la aparición de los fármacos inmunosupresores que revolucionaron el campo de los trasplantes entre humanos en los 80, parecían una barrera infranqueable. Hasta 2012. Ese año, la técnica de edición genética CRISPR inauguró una nueva era. Desde entonces es mucho más fácil aplicar retoques en el ADN para eliminar el rechazo que provoca el contacto de un órgano de cerdo con la sangre humana o modular la respuesta inmunitaria. En 2022, David Bennett se convirtió en la primera persona en recibir un corazón de cerdo modificado genéticamente y sobrevivir durante dos meses.
La carrera para crear cerdos modificados genéticamente como fuente de órganos casi ilimitados tiene dos competidores principales: EE UU y China. Si lograsen superar los obstáculos actuales, el impacto de la tecnología sería descomunal. Según la OMS, se realizan algo más de 150.000 trasplantes en todo el mundo al año, pero eso solo cubre el 10% de la necesidad global. Esto también supondría un negocio millonario.
El jueves pasado, la revista médica The Lancet publicó los detalles sobre el caso de Tim Andrews, el récord actual de supervivencia con un xenotrasplante. Sus riñones habían dejado de funcionar por culpa de la diabetes y sobrevivió durante dos años gracias a las sesiones de diálisis que limpiaban su sangre varias veces por semana. Para este tipo de casos, el trasplante es la mejor solución, pero Andrews era un paciente complicado: su grupo sanguíneo era el O, el más difícil para encontrar un donante compatible, y tenía menos del 10% de probabilidades de recibir un riñón humano en cinco años.
Dentro de un ensayo aprobado por la FDA, el organismo que regula los medicamentos en EE UU, un equipo liderado por Leonardo Riella, del Hospital General de Massachusetts, en Boston (EE UU), le implantó un riñón de un cerdo modificado genéticamente para limitar el rechazo o la posibilidad de contagiarse con virus porcinos. Aunque con un rechazo inicial que se pudo gestionar con fármacos, Andrews pudo vivir sin diálisis hasta que nueve meses después un nuevo rechazo inutilizó el riñón. Por suerte, poco después, el paciente recibió un órgano compatible que lo ha mantenido con vida hasta ahora.
Entre los líderes del campo, destacan dos compañías en EE UU, eGenesis y Revivicor, de United Therapeutics. eGenesis proporcionó el riñón de Andrews y a otros tres pacientes que mantuvieron la función renal durante ocho meses. Además, la FDA ya les ha autorizado un ensayo con 33 pacientes que empezaría a principios del año que viene. Revivicor ya ha comenzado un ensayo con seis pacientes y posibilidad de ampliar a 50 para sus riñones y tiene aprobado otro ensayo para el primer trasplante de corazón porcino.
En China, ClonOrgan también ha logrado superar la barrera de los 200 días con uno de sus riñones, y un hospital de la Universidad Médica de Anhui realizó el primer trasplante de hígado de cerdo a una persona viva que falleció cuatro meses después, entre otros logros alcanzados por el país asiático.
Beatriz Domínguez-Gil, directora de la Organización Nacional de Trasplantes, advierte que todos estos “son casos individuales autorizados por uso compasivo o en el contexto de ensayos clínicos con muy pocos casos y muchos interrogantes sobre cuál va a ser la durabilidad”. “Queda mucho por refinar desde el punto de vista de la manipulación genética del órgano o del tipo de inmunosupresión que se debe utilizar, pero casos como el de Tim Andrews refrendan que, aunque nos sigamos moviendo en un terreno experimental, realmente existe un futuro para el xenotrasplante”, añade.
En una revisión reciente sobre la situación actual de este campo, Alan Kirk, director del Departamento de Cirugía del Sistema de Salud de la Universidad de Duke (EE UU) afirma que “lo que en su momento se consideró ciencia ficción se está convirtiendo poco a poco en una realidad clínica”. En su opinión, con las duraciones de meses alcanzadas hasta ahora, los animales pueden ser fuentes de órganos para casos con pocas opciones, como el de Andrews, en el que sirvan de puente mientras aparece un donante humano. En particular, menciona el fallo agudo de hígado, un problema en el que un órgano que dé unos días más de margen puede ser un salvavidas.
Sobre este tipo de casos, Pablo Ramírez, jefe de Cirugía General y Trasplantes del Hospital Clínico Universitario Virgen de la Arrixaca en Murcia, explica que su equipo ha logrado “períodos de supervivencia superiores a una semana en primates no humanos, lo que podría ser suficiente para cubrir el período crítico hasta que esté disponible un órgano de un donante humano”. “Esta ventana capaz de salvar vidas podría ser la aplicación clínica más realista e inmediata del xenotrasplante, al servir como puente hacia un trasplante humano”, añade Ramírez, miembro del Comité de Expertos en Xenotrasplante del Consejo de Europa.
Por el momento, la carrera por hacer que los resultados de los xenotrasplantes se parezcan cada vez más a los que cuentan con un donante humano se centra en EE UU y China. En Europa, un equipo liderado por Eckhard Wolf, en la Universidad Ludwig Maximilian de Múnich, ha puesto en marcha XTrasplant, una compañía que ya está desarrollando sus cerdos modificados genéticamente y tiene previsto iniciar estudios en humanos en 2027. Sin embargo, el volumen de capital riesgo destinado a las compañías biotecnológicas en EE UU, o de las plataformas estatales chinas, hace difícil la competición para los consorcios académicos en Europa.
Además, según explica Domínguez-Gil, ha habido “un cierto retraso en la definición de los aspectos regulatorios del desarrollo del xenotrasplante en la Unión Europea”. “El Comité de Terapias Avanzadas de la EMA en el año 2025 clasificó el xenotrasplante, en concreto uno de corazón, como un medicamento de terapia avanzada. Pero la regulación de medicamentos de terapia avanzada definitivamente no cubre todos los aspectos que son necesarios para el desarrollo del xenotrasplante”, explica. “Probablemente se va a requerir un mayor esfuerzo y coordinación regulatoria en Europa para avanzar”, concluye.
Mientras se sigue avanzando para hacer que los órganos de cerdo tengan sentido para más pacientes y no solo los más desesperados, existen preocupaciones sobre el modo en que se está produciendo el desarrollo de este campo. A Pablo Ramírez le preocupa que, si se desarrolla según el modelo estadounidense, “solo tendrán acceso a esos órganos los ricos, incluso en los países con más recursos”. En su opinión, “el futuro de la investigación en xenotrasplantes no debería estar dominado exclusivamente por corporaciones farmacéuticas orientadas al beneficio económico”. “La investigación sobre el xenotrasplante de cerdos transgénicos a humanos debe llevarse a cabo en hospitales universitarios, utilizando cerdos criados en entornos académicos”, añade.
Ramírez defiende, también para los xenotrasplantes, un modelo público parecido al que ha convertido a España en un referente mundial en este campo. “En el futuro, la producción de cerdos transgénicos para trasplantes humanos debería gestionarse en granjas reguladas por el gobierno bajo un consorcio con los ministerios de salud, para evitar una explotación comercial incontrolada”, asevera.
El desarrollo de los ensayos clínicos va a empezar a proporcionar información más precisa sobre qué genes es más útil manipular o cómo modular la respuesta inmune para que el paciente se mantenga más o menos sano sin dañar el órgano. Después de muchos años de promesas que no se cumplían, parece que los cerdos pueden ser una fuente de órganos que empiecen a dar opciones a quienes no las tienen. Pero quienes trabajan en el mundo de los trasplantes saben que no está a la vista un mundo en el que sea posible sustituir órganos viejos por otros nuevos y lograr así la vida eterna. Los humanos no somos máquinas.
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