La cocaína no paró tras perforar el tabique nasal de Juan, un joven en la treintena que consumía a diario. Luego taladró su paladar y destruyó parte de los huesos que separan la nariz del cerebro. El líquido cefalorraquídeo, que protege el sistema nervioso central, estaba saliendo por esa oquedad cuando ingresó en la UCI, donde llegó con una grave afección neurológica. Tras retirar los tejidos necrosados, los cirujanos lograron cerrar el agujero, pero el consumo continuó y el paciente acabó falleciendo por una neumonía por aspiración, al llegar a los pulmones sustancias que deberían acabar en el aparato digestivo.
Varias comunicaciones en el último Congreso de la Sociedad Española de Otorrinolaringología muestran los casos más extremos del consumo
La cocaína no paró tras perforar el tabique nasal de Juan, un joven en la treintena que consumía a diario. Luego taladró su paladar y destruyó parte de los huesos que separan la nariz del cerebro. El líquido cefalorraquídeo, que protege el sistema nervioso central, estaba saliendo por esa oquedad cuando ingresó en la UCI, donde llegó con una grave afección neurológica. Tras retirar los tejidos necrosados, los cirujanos lograron cerrar el agujero, pero el consumo continuó y el paciente acabó falleciendo por una neumonía por aspiración, al llegar a los pulmones sustancias que deberían acabar en el aparato digestivo.
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