Trump despide 2025 declarando la guerra a las regulaciones de Europa

Desde amenazas comerciales hasta vetos personales, EEUU intensifica la presión sobre empresas, reguladores y gobiernos europeos, poniendo a prueba la soberanía y las leyes digitales del continente Leer Desde amenazas comerciales hasta vetos personales, EEUU intensifica la presión sobre empresas, reguladores y gobiernos europeos, poniendo a prueba la soberanía y las leyes digitales del continente Leer  

Los aranceles eran solo el principio. El año 2026, va a estar marcado por una presión sin precedentes por parte de Estados Unidos sobre Europa, sin que importe qué países están en la UE y qué países fuera.

Así es cómo, en las últimas dos semanas, el Gobierno de Donald Trump ha amenazado con restringir el acceso al mercado estadounidense de la mayor empresa de ‘streaming’ de música del mundo, la sueca Spotify, y de los gigantes alemanes del software, la tecnología y la logística SAP, Siemens, y DHL, respectivamente, así como del líder en consultoría Accenture, que tiene su sede social en Irlanda. Así lo expresó el 17 de diciembre Jamieson Greer, el representante comercial de EEUU, un cargo dependiente de la Casa Blanca y que podría ser equivalente hasta cierto punto al de ministro de Comercio Exterior, aunque su poder depende en último término del que le dé el presidente.

Las amenazas de Greer llegaron justo 12 días después de que la Comisión Europea hubiera multado con 120 millones de euros por falta de trasparencia a una empresa tecnológica y relativamente pequeña, que además pierde dinero: X, es decir, la antigua Twitter. Pero X es propiedad del hombre más rico del mundo, Elon Musk, y eso le da un enorme poder político. La prueba de ello es que la reacción de Washington ha sido mucho mayor ante los 120 millones de sanción a X que a los 2.995 millones que impuso a Alphabet (la dueña de Google) en septiembre.

El dueño de X, Elon Musk, reaccionó a la multa de la Comisión con la educación que le caracteriza, colgando una serie de tuits calificando a la multa de «gilipollez» y «locura», y reclamando que la UE «sea desmantelada y la soberanía retorne inmediatamente a los países individuales», una posición que es compartida por el Gobierno de Donald Trump. El patrimonio personal de Musk es de 522.000 millones de euros, según la agencia de noticias Bloomberg.

Trump no se ha limitado a las amenazas ni a la UE. Un día antes de que UE lanzara su advertencia – precisamente en X -, Washington anunció la paralización del Acuerdo de Prosperidad Tecnológica en el Reino Unido – su aliado más estrecho en Europa – por valor de 35.000 millones de euros debido a la negativa de Londres a permitir la importación de Estados Unidos de carne de pollo lavada con cloro y de vacuno con hormonas, así como a eliminar la ‘tasa Google’ y los controles de contenidos en Internet en ese país, lo que podría incluir incluso la prohibición de que los menores de 16 años puedan acceder a contenidos pornográficos.

La decisión de mezclar la ‘tasa Google’ con la carne de pollo es un golpe directo al plan del Gobierno británico de Keir Starmer, que había apostado al Acuerdo de Prosperidad Tecnológica el desarrollo de una red de centros de datos de Inteligencia Artificial (IA) en el país, y de desarrollar la zona este de las Midlands, una región económicamente en declive. Pero menos de dos semanas después, Washington ha lanzado otra ofensiva, de nuevo contra el Reino Unido pero, también, contra la Unión Europea. Esta vez se trata de algo simbólico. Pero, también, una señal de la ofensiva comercial estadounidense va muy en serio.

La siguiente medida ha llegado esta semana, y su simbolismo es enorme, ya que es la prohibición de la entrada en EEUU de cinco figuras del máximo nivel en la Unión Europea y el Reino Unido, incluyendo a la ex vicepresidenta de la Comisión Europea y ex comisaria de Competencia, Margrete Vestager, y a los comisarios para el Mercado Interior, Thierry Breton, y de Valores, Vra Jourová.

Aunque la medida se debe formalmente a la supuesta ‘censura’ a los contenidos de las plataformas digitales en la UE, el hecho de que entre los afectados estén las los ex responsables del mercado interior y de la competencia apunta a otro objetivo: eliminar o, al menos, aguar al máximo la Ley de Servicios Digitales que regula, entre otras materias, los contenidos de las plataformas digitales.

Silicon Valley se ha opuesto frontalmente a esa y a otras regulaciones de la UE, ya que defiende el modelo estadounidense, que les permite actuar sin limitaciones. Ésa es una enorme ventaja para las empresas tecnológicas frente a compañías como los medios de comunicación, que sí tienen restricciones en los contenidos que distribuyen. Durante la presidencia de Joe Biden, las tecnológicas estadounidenses trataron, sin resultados, que la Casa Blanca presionara a la EU para liquidar todo control a sus actividades. Ahora, a cambio del apoyo a Trump, lo han logrado. Además, tienen a su favor un segundo elemento: los países europeos – tanto dentro o fuera de la UE -, han sido declarados por la Casa Blanca ‘enemigos ideológicos’ por su defensa de los valores de la democracia liberal.

La prohibición de entrada en EEUU también tiene un componente que la asemeja a una atentica ‘vendetta’ personal de Elon Musk dirigida contra dos personas sin ningún tipo de cargo institucional pero que han sido críticos con X – y a los que el dueño de ésta ha criticado – dos británicos Clare Melford (máxima responsable del Índice Global de Desinformación, o GDI, por sus siglas en inglés), e Imran Ahmed (líder del Centro contra el Odio Digital, o CCDH).

El CCDH lanzó el año pasado una campaña denominada ‘Matad al Twitter de Musk’, y también situó, durante la pandemia del Covid-19, al actual secretario de Salud de Trump, Bobby Kennedy, como una de las 12 personas más peligrosas de Internet en materia de desinformación sanitaria. Kennedy, que entonces no tenía ningún cargo público, es un destacado antivacunas.

Para Starmer, la inclusión de Ahmed en el grupo de personas con entrada vetada en EEUU es problemático, ya que el consejero delegado del CCDH es muy cercano al jefe de gabinete del primer ministro, Morgan McSweeney. Su veto es un escollo más en los esfuerzos de Londres por mantener la ‘relación especial’ con Washington.

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