A contrapié en Latinoamérica

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América Latina es una constante en la identidad y la acción exterior de España; (…) todos sus países son igualmente importantes. Con todos ellos se intensificarán el diálogo político y las relaciones económicas». La cita pertenece a la Estrategia de Acción Exterior para los próximos tres años y tendría todo el sentido si no fuera porque, en la práctica, está desactivada por la política de bloques (el famoso muro) que el Gobierno aplica en el ámbito doméstico.

España cultiva las mejores relaciones con quien el presidente Sánchez tiene afinidad ideológica y las congela con quienes no, como es el caso de Argentina, en el que no hay un único culpable. Hasta ahora el problema ha sido menor para el Gobierno, porque casi todos los Estados latinoamericanos estaban dentro de la órbita de la izquierda populista, tan de su gusto. Pero cuando acabe 2026 es probable que las elecciones hayan dado un vuelco total a la tendencia política. Si, como anticipan los pronósticos, los colombianos dan la espalda a Gustavo Petro, la derecha podría consolidar el poder hasta en 19 de los 24 países, mientras que la izquierda gobernaría en sólo en dos democracias, Brasil y México, y en tres dictaduras comunistas: la famélica Cuba, Nicaragua, convertida en la Corea del Norte de Centroamérica, y Venezuela, si antes no cae Maduro. Sostener esas alianzas puede resultar demasiado estomagante incluso para Rodríguez Zapatero.

Sánchez está alineado con Lula, a quien une su excelente sincronía con China, que tiene (de nuevo) a Zapatero y a Dilma Roussef como embajadores oficiosos. La relación con de México resulta más compleja por desigual. La Moncloa no pierde la ocasión de hacerse perdonar por el Gobierno populista de Claudia Sheinbaum, como ha hecho con la insólita muestra de aflicción por la conquista del siglo XV, pero no recibe ni media caricia por respuesta.

Una buena relación con Brasil y México es crucial para España porque son las dos economías más importantes de la región en PIB y en consumidores. Ambos países acumulan más de la mitad de la inversión directa procedente de nuestro país en gran parte por la implantación del sector financiero.

Pero Latinoamérica es más. Desde los estados medianos, como Argentina, Colombia o Perú, hasta otros más pequeños, como Chile o Bolivia, con importancia en materias primas estratégicas han abandonado o van a abandonar políticas contrarias al libre mercado. Discriminar las relaciones por cuestiones domésticas nunca fue una gran idea y, en esta coyuntura, puede ser un enorme error.

 Actualidad Económica // elmundo

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