Al nieto de Fidel tampoco le gustan ni Díaz-Canel ni el comunismo

Sandro Castro, autor de ‘performances’ y propietario de un garito elitista en La Habana, dispara un torpedo contra el presidente cubano cuando éste siente el aliento de Washington muy cerca Leer Sandro Castro, autor de ‘performances’ y propietario de un garito elitista en La Habana, dispara un torpedo contra el presidente cubano cuando éste siente el aliento de Washington muy cerca Leer  

«Para mí (Miguel Díaz-Canel, presidente cubano) no está haciendo un buen trabajo, hace rato tenía que haber hecho muchísimas cosas que no se han hecho bien y que hoy en día nos están perjudicando«. Lo trascendental de esta crítica, compartida por el 92% de la población según la última encuesta del Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH), es que no procede ni de un opositor ni de un disidente, harto de los 67 años de la fracasada revolución cubana.

Se trata de Sandro Castro, el dicharachero nieto de Fidel, que ha roto todo un tabú dentro de su familia, quien verdaderamente gobierna la isla. Sandro, autor de performances de todo tipo y propietario de un garito elitista de moda en La Habana, disparó un torpedo directamente contra el primer mandatario cuando éste siente el aliento de Washington muy cerca.

Las negociaciones secretas avanzadas entre el Departamento de Estado de EEUU con el nieto favorito de Raúl Castro (Raúl Guillermo Rodríguez Castro, jefe de escoltas del General de Ejército) se realizaron a espaldas de Díaz-Canel, quien las negó durante semanas. La primera exigencia de la Administración de Donald Trump es que el presidente sea apartado del poder,como ya se hizo con Nicolás Maduro en Venezuela pero sin necesidad de una acción militar.

Después vendría una reforma económica en profundidad del sistema económico, contra el que también se despachó a gusto Sandro Castro: «En Cuba hay muchas personas que piensan capitalistamente y quieren que haya un capitalismo con soberanía. La mayoría de los cubanos quieren el capitalismo, no el comunismo».

El siempre polémico nieto de Fidel no es un cubano cualquiera, de hecho cuenta con garantías y ventajas fuera del alcance del más del 90% de su población. No se trata sólo de generadores eléctricos y otros bienes, como quedó confirmado durante la entrevista que concedió a la cadena estadounidense CNN.

También posee un blindaje familiar contra la represión estatal, pese a que los rumores desde hace años en el mentidero político de La Habana sitúan a las familias de Fidel y de Raúl como enemigos irreconciliables forzadas por diplomacia a ocultarse entre bastidores.

Las comparaciones de las ventajas familiares se dan por cientos. El último caso lo protagoniza el joven Moisés Legrá, quien va a cumplir 50 días en la terrible prisión del Combinado del Este, acusado de propaganda contra el orden constitucional, simplemente por realizar una pintada en La Habana en contra de Díaz-Canel. «Mi hijo no es ningún delincuente, no ha robado, no ha hecho ningún terrorismo. Simplemente está preso por no tener los mismos ideales políticos que ellos. Está hacinado en una celda con 11 presos más», denunció ayer su madre, Elizabeth Díaz.

El nieto de Fidel aprovechó su intervención en CNN para defender a su abuelo, a quien vendió como alguien con principios pero que respetaba a otras personas. «Mi apellido es mi apellido, estoy orgulloso de él, pero me veo como un ciudadano más», sostuvo el empresario.

«O Sandro Castro es tonto o cree que los demás lo somos. Su abuelito mató, encarceló o torturó a otros que defendían sus principios. Su abuelo fue el mismísimo diablo», criticó con dureza José Daniel Ferrer, líder opositor en el exilio. Ferrer fue condenado en 2003 a 25 años de cárcel, aunque la Fiscalía exigió la condena de muerte, en el juicio de la Primavera Negra contra los 75 disidentes, opositores y periodistas, cuyo origen fueron las órdenes de Fidel para castigar duramente a los críticos de dentro de la isla.

Sandro Castro colecciona una larga serie de actuaciones en redes que han dado lugar a sinfín de comentarios entre los cubanos, como cuando horas después de la captura de Nicolás Maduro se presentó ante la Embajada de EEUU en el Malecón habanero para bailar, con la bandera venezolana en la mano, la canción del «yes, peace» que el dictador chavista popularizó en las semanas previas a su captura.

La última travesura del nieto de Fidel tuvo a un doble de Donald Trump como protagonista: juntos pasearon por las calles de La Habana a bordo de un triciclo de esos que se usan para los turistas.

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