‘Amarga Navidad’: hasta los sentimientos son de diseño. Allá ustedes

No sé quién se inventa determinados términos, ni a qué intereses sirven, pero consiguen que todo dios (exagero; algunas personas sentimos alergia hacia ellos) los utilicen continuamente para explicar lo humano y lo divino. Especialmente la casta política. Y una parte notable de los medios de comunicación. Son expresiones como “el relato” y “la resiliencia”. Y respecto a los géneros artísticos, ahora se ha puesto de moda la autoficción.

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Amarga Navidad

Dirección: Pedro Almodóvar.

Intérpretes: Bárbara Lennie, Leonardo Sbaraglia, Aitana Sánchez-Gijón, Victoria Luengo, Patrick Criado, Milena Smit.

Género: drama. España, 2026.

Duración: 111 minutos.

Estreno: 20 de marzo.

 Diálogos, personajes y secuencias pobladas de mujeres sufrientes y abatidas que han sufrido la pérdida de lo que más amaban me pasman ante su ridiculez  

No sé quién se inventa determinados términos, ni a qué intereses sirven, pero consiguen que todo dios (exagero; algunas personas sentimos alergia hacia ellos) los utilicen continuamente para explicar lo humano y lo divino. Especialmente la casta política. Y una parte notable de los medios de comunicación. Son expresiones como “el relato” y “la resiliencia”. Y respecto a los géneros artísticos, ahora se ha puesto de moda la autoficción.

En los últimos tiempos, las creaciones literarias y cinematográficas mal lo llevan en las ventas, en la taquilla y en la apreciación crítica si no son autoficciones. O sea, convertir intensas e íntimas experiencias personales en aparentes ficciones. Y si alguien en el mundo del cine es consciente, tributario y explotador de las nuevas modas, de lo que mola o va a molar en las distintas épocas, es Pedro Almodóvar.

Consecuentemente, recurre a la autoficción para hablarnos de un creador que vampiriza las experiencias íntimas y trágicas de su entorno más confidencial para inventar su nueva película. Eso deduzco viendo, escuchando y padeciendo Amarga Navidad. O igual es que no me he enterado de qué va el argumento, siendo todo intenso, dramático y pretendidamente complejo. Pero a mí solo me provoca tedio, perplejidad malsana; es otra exhibición de diseño en la que la tormenta de sentimientos también parece de diseño.

Y no aparece en ningún momento el sentido del humor, la gracia, la ironía, el sarcasmo, virtudes que reconozco en algunas películas de este señor. No precisamente en su comedia más loca, una cosita infame titulada Los amantes pasajeros. Ahora solo le obsesionan la trascendencia, las incurables heridas del alma, la acumulación de desgracias, la acumulación de pastillas debajo de la lengua y las visitas continuas a urgencias para poder soportar los ataques de pánico y de ansiedad, los malogrados intentos de suicidio, la inconsolable pérdida de los seres más amados. Y que ese infausto material físico emocional sirva para crear arte mayor mediante imágenes y sonidos.

Durante un tiempo que me resulta interminable, no encuentro una postura relajada en la butaca del cine ante el cúmulo de tonterías con aura solemne que emite la pantalla. Incluso me invade esa sensación tan desagradable de la vergüenza ajena. Solo me alivia un poquito la presencia de un tal Bonifacio, Boni para los amigos, bombero y stripper para damas muy borrachas que celebran despedidas de solteras. El tal Boni, que también es modelo de calzoncillos, cuida en el sexo y en los hospitales las depresiones y jaquecas feroces de su improbable novia, directora de culto (qué lío explicando lo que definen los críticos como películas de culto) que, habiendo fracasado, se dedica a ganar un pastón mediante los spots publicitarios. Imagino que esta pareja follará mucho y bien, pero no los imagino yo departiendo continuamente sobre los misterios de la condición humana. No me creo nada, por supuesto, incluida esa relación tan impensable, pero ese fulano me causa cierta ternura en medio de un torrente de imposturas. Y sigo sin tener muy claro que ese material íntimo, o a lo peor es que el director lo explica fatal, sirva para el guion que está perpetrando el atormentado director.

Diálogos, personajes y secuencias pobladas de mujeres sufrientes y abatidas que no soportan los cuernos o han sufrido la pérdida de lo que más amaban desfilan ante mis cansados ojos y me pasman ante su ridiculez. Bueno, solo me alivia la carcajada que se me escapa cuando ese director vampírico reafirma su derecho a la expoliación porque Federico Fellini e Ingmar Bergman también lo hicieron. No se corta un pelo el tal Almodóvar en sus legítimos afanes de grandeza. En la próxima puede compararse con Edward Hopper, el sublime pintor de la soledad, o, ya puestos, con William Shakespeare, el insuperable retratista del alma humana. Abundan los disparates en este drama sombrío. Pero lo menos que se le puede exigir es que tuvieran un punto de gracia.

Amarga Navidad

Dirección: Pedro Almodóvar.

Intérpretes: Bárbara Lennie, Leonardo Sbaraglia, Aitana Sánchez-Gijón, Victoria Luengo, Patrick Criado, Milena Smit.

Género: drama. España, 2026.

Duración: 111 minutos.

Estreno: 20 de marzo.

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