La vía de los activos rusos fracasó con estrépito en la reunión de ayer porque prácticamente ningún país estaba dispuesto a aceptar las exigencias belgas Leer La vía de los activos rusos fracasó con estrépito en la reunión de ayer porque prácticamente ningún país estaba dispuesto a aceptar las exigencias belgas Leer
Hubo un momento durante la tarde-noche de ayer en el que la posibilidad de que se aprobase el uso de los activos rusos pareció real en Bruselas. La Comisión Europea y Bélgica negociaban a un nivel técnico, como confirmaron fuentes comunitarias, y se estaban produciendo «avances«. El problema es que cuando ese texto que ambas partes habían desarrollado llegó a la reunión que los presidentes y primeros ministros mantenían en las plantas superiores del Consejo Europeo, casi ninguna capital se atrevió a respaldarlo.
Diplomáticos de tres países confirman que «los belgas exigían garantías ilimitadas» para aceptar que se hiciese uso de la liquidez que se acumula en Euroclear, compañía de compensación y liquidación de valores financieros con sede en Bruselas. Al primer ministro de Bélgica, Bart de Wever, le preocupan mucho las represalias de Rusia en caso de que se diese ese paso por lo que pedía una protección total y compartida, y las capitales fueron conscientes de las importantes consecuencias que tendría dar ese apoyo al verlo todo reflejado en un documento. Y, al mismo tiempo, nadie quería aprobar esta vía sin el apoyo belga, lo que condujo el debate a una situación de bloqueo.
En ese momento, algunos recordaron en la reunión que había otra opción. Una posibilidad que había estado aparcada hasta ese momento y que los países frugales rechazaban totalmente: emitir deuda europea para dar un préstamo a Ucrania. Y ante la imposibilidad de avanzar por la otra vía, el presidente del Consejo, António Costa, habló con el primer ministro de Hungría, Viktor Orban. Le preguntó, según ha podido saber EL MUNDO, si estaría dispuesto a permitir que se articulase una unanimidad sobre esta cuestión. No votando a favor, claro, pero tampoco votando en contra. Inhibiéndose.
«Sí», le respondió Orban, y eso permitió que el resto de capitales avanzasen en el crédito de 90.000 millones que la UE va a conceder a Ucrania. Además de Hungría, Eslovaquia tampoco firmó las conclusiones, por lo que se produjo una unanimidad totalmente inusual a 25. Todavía había más, porque la República Checa tampoco compartió la parte relativa al crédito. Todo extrañísimo, con un giro de guion totalmente inesperado y tras muchísimas horas y meses de debates que al final se han demostrado inútiles. Al menos, en lo que al uso de los activos rusos para conceder el préstamo de reparación se refiere.
La decisión de Orban tampoco es que se antoje gratuito o como un gesto de ayuda, precisamente. En Bruselas también apuntan que se debe a que eso desviaba el foco de los activos rusos, algo que a su amigo y admirado Vladimir Putin le ha molestado mucho. Esto es, ayudó a dirigir el debate a otro punto. Y, además, al quedarse fuera del documento, se congratula de haber «liberado» a los «hijos y nietos» de Hungría «de la carga de este enorme préstamo de 90.000 millones de euros«, tal como aseguraba esta mañana en su perfil de la red social Facebook.
«Para mí, el préstamo de reparaciones no era una buena idea. Me pidieron que, por favor, hiciera un esfuerzo para conseguirlo. Así que negocié el texto con la Comisión para que fuera posible. Cuando explicamos el texto, surgieron tantas preguntas que dije: ‘Os lo dije‘», ha apuntado De Wever también este viernes, a lo que añadía: «La voz de los Estados miembros pequeños y medianos también cuenta. Las decisiones de Europa no están impulsadas únicamente por las capitales o instituciones más grandes. Son colectivas».
Desde las instituciones, tanto el propio Costa como la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, llevan desde anoche defendiendo que la deuda no es tan mala opción. La alta funcionaria alemana ha sido especialmente vehemente en la defensa de la utilización de los activos rusos durante los últimos meses, y con ella el canciller alemán, Friedrich Merz. Ambos han fracasado, como lo hicieron también ayer con el pacto Mercosur-UE. Una noche aciaga para ellos.
Y en cuanto al crédito en sí, esos 90.000 millones en deuda, que estarán respaldados por el margen del presupuesto de la UE, suponen el mismo montante que lo que se quería aportar a través del préstamo de reparación. Con esa cifra se aseguran el 65% de las necesidades que Ucrania tendrá en los dos próximos años, según los cálculos del Fondo Monetario Internacional. En la operación, insisten en las instituciones, los activos rusos seguirán teniendo un papel: en caso de que Rusia no pague los gastos de reconstrucción de Ucrania, la UE se guarda el derecho de utilizar esa liquidez inmovilizada como forma de devolución del crédito.
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