Comienza el viaje de Harry y Meghan por Australia con parada obligatoria para rendir homenaje a Lady Di

Este martes ha dado por fin comienzo el viaje del príncipe Harry y Meghan Markle a Australia. Se trata de una visita muy especial para ambos, dado que la última vez que lo hicieron, para lo que hay que remontarse a la segunda quincena de octubre de 2018, tuvo lugar una de esas epifanías que vertebran la vida de una pareja. Aquella visita, por entonces siendo todavía parte de la familia real británica, fue un punto de giro en sus vidas: estaban en el apogeo de su popularidad en Buckingham Palace, hacía apenas unos meses desde su boda y, como guinda del pastel, anunciaron a su llegada a Sídney que estaban esperando su primer hijo.

Pero algo cambió. Fue durante aquellos días y los que siguieron cuando regresaron a Londres que se dieron cuenta del acoso de los medios a Meghan, del sinvivir que iban a enfrentar… y de las envidias. «Mi padre, mi hermano, Kate y el resto de la familia fueron muy acogedores al principio… Pero todo cambió después del tour por Australia», aseguró el príncipe, que le aseguró a Oprah en 2021 que los 15 días en Oceanía —dado que también volaron a Fiji, Tonga y Nueva Zelanda— supusieron «la primera vez que la familia vio lo increíble que era Meghan en el trabajo». Y todo acabaría desembocando en el Sussexit.

Su regreso, por tanto, está siendo y va a ser muy diferente. Según ha revelado una fuente a Vanity Fair, hay un aspecto fundamental que distancia esta visita de la de hace 8 años: los paseos públicos. Dado que la pareja ya no tiene que hacer frente a ningún rol real, el objetivo es no interferir en la vida privada de la gente, por lo que, como en Australia se han recogido firmas para que no se gaste dinero público en el viaje de los duques de Sussex, todos sus compromisos son de carácter privado, minimizando de esta forma cualquier posible interrupción a los locales.

Así, Meghan y Harry, alejados de ese perfil royal y más cercano a su faceta de celebrities, van a embarcarse en toda una serie de eventos y actos únicamente de carácter privado o que reflejen su compromiso con la beneficencia, como el Australian War Memorial en la capital, Canberra, o un evento de navegación que está relacionado directamente con los Juegos Invictus de los que es creador el nieto de Isabel II alrededor del puerto de Sídney. De hecho, los primeros pasos del matrimonio desde que aterrizasen en Melbourne este martes por la mañana ha sido un gesto cargado de memoria.

Para ambos, sí, pero especialmente para el príncipe, dado que han acudido al Royal Children’s Hospital de Melbourne, el hospital infantil que la princesa Lady Di visitó en octubre de 1985 junto al padre del príncipe, el entonces príncipe de Gales y hoy Carlos III de Inglaterra. En aquella visita, dentro de una gira de dos semanas por el país oceánico, Diana de Gales fue fotografiada junto a la cama de varios niños y niñas, conversando con ellos y siendo partícipe de una demostración de seguridad infantil, en uno de esas imágenes que contribuyeron enormemente a la idea popular de que era una princesa cercana y que miraba por el pueblo.

Algo más de cuarenta años después no cabe duda de que Lady Di sigue siendo el espejo en el que se mira Harry y, casi por simbiosis, su esposa. No es casual ni que fuera el primer lugar al que se dirigiesen ni que allí, llegando de la mano, fuesen recibidos por los trabajadores del centro médico, por los pacientes y por los familiares estos tanto en los balcones y ventanas del recinto como a pie de puerta. Tampoco el atuendo, pues la exactriz acudía con un diseño azul marino que hacía una clara referencia al país anfitrión —la diseñadora, Karen Gee, es australiana, como detallan desde Vanitatis—.

Meghan y Harry se detuvieron, como hiciese Lady Di hace tanto tiempo, junto a la cama de los niños y niñas ingresados en el hospital, charlando con ellos y asegurándose de entender los tratamientos que cada uno de ellos seguía, amén de hacerse selfis con varios de los mismos y con trabajadores. Christine Kilpatrick, la presidenta del consejo del hospital, ha asegurado que la presencia del matrimonio ha tenido un evidente efecto anímico renovador en los jóvenes pero también en el personal sanitario.

Poco después Meghan, en solitario, iba a un refugio para mujeres víctimas de violencia de género o en situación de precariedad, donde las ayudaba con la cocina, algo que ya se sabe gracias a su programa en Netflix, es de sus mayores pasiones. Por último, de nuevo juntos, acudieron al Museo Nacional de Arte de Veteranos para una sesión de manualidades en familia. Aun así, uno de los platos fuertes será el fin de semana, dado que Meghan es una de las principales rostros de un retiro solo para mujeres que ha organizado el pódcast australiano Girl’s Weekend y cuyas entradas, a pesar de sus altos precios —algunos tickets han superado los 3.000 dólares australianos—, volaron.

Porque, y este es un dato crucial para entender por qué Meghan se ha prestado a esto, es que quien le presentó a Jackie O’Neill, una de las conductoras del pódcast, fue Markus Anderson, un nombre que les sonará a los seguidores de la royal dado que no solo es uno de sus mejores amigos sino la persona que le presentó igualmente a su futuro marido.

 Los duques de Sussex han comenzado su visita acercándose a un hospital, el mismo al que los padres del príncipe acudieron en 1985.  

Este martes ha dado por fin comienzo el viaje del príncipe Harry y Meghan Markle a Australia. Se trata de una visita muy especial para ambos, dado que la última vez que lo hicieron, para lo que hay que remontarse a la segunda quincena de octubre de 2018, tuvo lugar una de esas epifanías que vertebran la vida de una pareja. Aquella visita, por entonces siendo todavía parte de la familia real británica, fue un punto de giro en sus vidas: estaban en el apogeo de su popularidad en Buckingham Palace, hacía apenas unos meses desde su boda y, como guinda del pastel, anunciaron a su llegada a Sídney que estaban esperando su primer hijo.

Pero algo cambió. Fue durante aquellos días y los que siguieron cuando regresaron a Londres que se dieron cuenta del acoso de los medios a Meghan, del sinvivir que iban a enfrentar… y de las envidias. «Mi padre, mi hermano, Kate y el resto de la familia fueron muy acogedores al principio… Pero todo cambió después del tour por Australia», aseguró el príncipe, que le aseguró a Oprah en 2021 que los 15 días en Oceanía —dado que también volaron a Fiji, Tonga y Nueva Zelanda— supusieron «la primera vez que la familia vio lo increíble que era Meghan en el trabajo». Y todo acabaría desembocando en el Sussexit.

Su regreso, por tanto, está siendo y va a ser muy diferente. Según ha revelado una fuente a Vanity Fair, hay un aspecto fundamental que distancia esta visita de la de hace 8 años: los paseos públicos. Dado que la pareja ya no tiene que hacer frente a ningún rol real, el objetivo es no interferir en la vida privada de la gente, por lo que, como en Australia se han recogido firmas para que no se gaste dinero público en el viaje de los duques de Sussex, todos sus compromisos son de carácter privado, minimizando de esta forma cualquier posible interrupción a los locales.

Así, Meghan y Harry, alejados de ese perfil royal y más cercano a su faceta de celebrities, van a embarcarse en toda una serie de eventos y actos únicamente de carácter privado o que reflejen su compromiso con la beneficencia, como el Australian War Memorial en la capital, Canberra, o un evento de navegación que está relacionado directamente con los Juegos Invictus de los que es creador el nieto de Isabel II alrededor del puerto de Sídney. De hecho, los primeros pasos del matrimonio desde que aterrizasen en Melbourne este martes por la mañana ha sido un gesto cargado de memoria.

Para ambos, sí, pero especialmente para el príncipe, dado que han acudido al Royal Children’s Hospital de Melbourne, el hospital infantil que la princesa Lady Di visitó en octubre de 1985 junto al padre del príncipe, el entonces príncipe de Gales y hoy Carlos III de Inglaterra. En aquella visita, dentro de una gira de dos semanas por el país oceánico, Diana de Gales fue fotografiada junto a la cama de varios niños y niñas, conversando con ellos y siendo partícipe de una demostración de seguridad infantil, en uno de esas imágenes que contribuyeron enormemente a la idea popular de que era una princesa cercana y que miraba por el pueblo.

Algo más de cuarenta años después no cabe duda de que Lady Di sigue siendo el espejo en el que se mira Harry y, casi por simbiosis, su esposa. No es casual ni que fuera el primer lugar al que se dirigiesen ni que allí, llegando de la mano, fuesen recibidos por los trabajadores del centro médico, por los pacientes y por los familiares estos tanto en los balcones y ventanas del recinto como a pie de puerta. Tampoco el atuendo, pues la exactriz acudía con un diseño azul marino que hacía una clara referencia al país anfitrión —la diseñadora, Karen Gee, es australiana, como detallan desde Vanitatis—.

Meghan y Harry se detuvieron, como hiciese Lady Di hace tanto tiempo, junto a la cama de los niños y niñas ingresados en el hospital, charlando con ellos y asegurándose de entender los tratamientos que cada uno de ellos seguía, amén de hacerse selfis con varios de los mismos y con trabajadores. Christine Kilpatrick, la presidenta del consejo del hospital, ha asegurado que la presencia del matrimonio ha tenido un evidente efecto anímico renovador en los jóvenes pero también en el personal sanitario.

Poco después Meghan, en solitario, iba a un refugio para mujeres víctimas de violencia de género o en situación de precariedad, donde las ayudaba con la cocina, algo que ya se sabe gracias a su programa en Netflix, es de sus mayores pasiones. Por último, de nuevo juntos, acudieron al Museo Nacional de Arte de Veteranos para una sesión de manualidades en familia. Aun así, uno de los platos fuertes será el fin de semana, dado que Meghan es una de las principales rostros de un retiro solo para mujeres que ha organizado el pódcast australiano Girl’s Weekend y cuyas entradas, a pesar de sus altos precios —algunos tickets han superado los 3.000 dólares australianos—, volaron.

Porque, y este es un dato crucial para entender por qué Meghan se ha prestado a esto, es que quien le presentó a Jackie O’Neill, una de las conductoras del pódcast, fue Markus Anderson, un nombre que les sonará a los seguidores de la royal dado que no solo es uno de sus mejores amigos sino la persona que le presentó igualmente a su futuro marido.

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