De Ormuz al mar Rojo: un doble golpe que estrangula el suministro energético global

El bloqueo hutí ahoga la alternativa saudí al polvorín del Estrecho para la exportación de hidrocarburos Leer El bloqueo hutí ahoga la alternativa saudí al polvorín del Estrecho para la exportación de hidrocarburos Leer  

«Si no podemos vender petróleo, nadie lo venderá. Si nuestra seguridad no está garantizada, ninguna infraestructura en la región estará a salvo», ha advertido el negociador iraní, Mohammad Bagher Qalibaf. Las conversaciones para poner un fin permanente a la guerra entre Estados Unidos e Irán han colapsado, mientras continúan los choques bélicos en el Estrecho de Ormuz, que vuelven a salpicar a varios países del Golfo.

Ormuz, la arteria marítima por la que navegaba a diario el 20% del comercio energético mundial antes de la guerra, no ha logrado recuperar la normalidad durante la tregua y se ha convertido en el escenario de la nueva escalada de tensiones, con una caída drástica de los cruces diarios.

Ante una inestabilidad que amenaza con convertirse en una nueva normalidad, los países de la región se han visto obligados a reconfigurar el mapa energético. Al menos siete proyectos de oleoductos para redirigir el suministro de crudo hacia puertos del mar Rojo, el Canal de Suez y el Golfo de Omán están en construcción o en fase de estudio, mientras que otras iniciativas buscan potenciar oleoductos hacia el Mediterráneo a través de Siria e Irak. El mar Rojo ya era una vía vital para la exportación de cerca del 12% del comercio energético mundial, pero su importancia se ha disparado desde el inicio de esta guerra que golpea a toda la región.

El mayor exportador de petróleo de la región, Arabia Saudí, parecía haber encontrado una alternativa viable al polvorín de Ormuz, potenciando la exportación de crudo a través de oleoductos hacia su puerto de Yanbu, en el mar Rojo. Desde que Irán impuso un bloqueo en Ormuz tras la guerra lanzada por EEUU e Israel, Arabia Saudí ha desviado el 60% de sus exportaciones de petróleo a este puerto en el Mar Rojo, hasta llegar a exportar cuatro millones de barriles al día, cuatro veces más que los 900.000 de los niveles preguerra.

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Gran parte de este crudo llega al mercado tras cruzar el Estrecho de Bab el Mandeb, frente a la costa de Yemen y cerca del territorio controlado por los hutíes, una milicia respaldada por Irán. Una porción mucho menor de las exportaciones se dirigen hacia el norte para el Mediterráneo, a través de un oleoducto que cruza Egipto o el Canal de Suez. Riad ha anunciado un ambicioso plan para expandir hasta los nueve millones de barriles diarios sus exportaciones a través del mar Rojo, pero la ruta que debía sortear el cerco de Ormuz se ha transformado en un objetivo en medio del fuego cruzado con los hutíes.

En represalia por los ataques aéreos saudíes contra el aeropuerto internacional de Saná, controlado por el grupo rebelde, los hutíes anunciaron el lunes un bloqueo marítimo contra todas las embarcaciones saudíes, una medida que pone en peligro esta segunda vía de suministro energético global. La milicia envió un correo electrónico a los armadores internacionales, advirtiendo que «podrían ser atacados en cualquier lugar dentro de su alcance operativo» si deciden «cargar o descargar mercancías en cualquier puerto saudí».

Las amenazas se materializaron este jueves con ataques contra dos «petroleros saudíes por violar el bloqueo», según anunció la milicia. La empresa de monitoreo marítimo británica UMKTO reportó el ataque de uno de los buques a 110 kilómetros de la ciudad costera saudí de Al Shuqaiq.

El presidente estadounidense, Donald Trump, culpó a Irán de la escalada del grupo yemení y amenazó con atacar al país persa si continúan con el bloqueo contra Arabia Saudí. «Que esta verdad sirva para dejar claro que si vuelven a hacer esto, Estados Unidos responsabilizará a Irán, ya que los hutíes son un instrumento o representantes de Irán, por lo que se infligirá un castigo militar severo a Irán y por supuesto, a los propios hutíes», advirtió en sus redes sociales. EEUU atacó anteriormente al grupo rebelde en el marco de la guerra en la Franja de Gaza, cuando los hutíes anunciaron un bloqueo marítimo en el mar Rojo en respuesta a la ofensiva israelí en el enclave palestino.

«Varios buques cisterna, tras cargar en el puerto saudi de Yanbu, en el mar Rojo, han cambiado de rumbo hacia el Canal de Suez en lugar de navegar hacia el sur, mientras que otros mantienen sus posiciones a la espera de instrucciones», señaló UMKTO. Desde el lunes, al menos siete buques se han dirigido hacia el Canal de Suez. Por otro lado, unos 50 buques que se encuentran en el mar Rojo han anunciado que cuentan con guardias armados a bordo para disuadir al grupo rebelde, según informó MarineTraffic.

La caída del tránsito por esta vía marítima ya se ha empezado a notar, de unos 20-30 cruces diarios a 10 o menos, según cifras del grupo marítimo Kpler. El desafío lanzado por los hutíes amenaza la única ruta alternativa viable que ha mantenido el flujo de petróleo de Oriente Próximo tras el bloqueo en Ormuz, lo que supone una segunda sacudida en los mercados globales.

El grupo Kpler calcula que en el caso de hacerse efectivo el bloqueo total contra las exportaciones saudíes, se retiraría del mercado el 4% del petróleo mundial del mercado global, una cifra que se sumaría a las pérdidas en Ormuz. El cerco en el mar Rojo afectará principalmente a los mercados asiáticos como China, Japón, India o Corea, que compran el 80% del crudo saudí que sale por esta vía marítima. «Si el mar Rojo se bloqueara, estamos considerando rutas a través del Canal de Suez, entre otras opciones», ha declarado el director general de Industria coreano, Yang Ki-Wook. Si la escalada se recrudece, también podría afectar a los mercados europeos, ya que Arabia Saudí es un importante proveedor de gasóleo.

Para evitar el paso de Bab el Mandeb, dominado por los hutíes, los países tienen una última baza con la exportación hacia el norte, a través del Canal de Suez y luego hacia el Mediterráneo. Para exportar hacia países asiáticos los petroleros tienen que cruzar el Mediterráneo y circunvalar todo África, triplicando el tiempo de navegación hasta unos 60 días y disparando el coste de transporte.

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A ello se le añade el reto de las limitaciones físicas del Canal de Suez, ya que los grandes petroleros no pueden transitar por esta vía marítima debido a su poca profundidad. Primero tienen que descargar parte de los barriles en el oleoducto de Sumed para enviarlos hacia el Mediterráneo y luego volver a cargar el crudo cerca de Alejandría para poder continuar con el transporte. Por último, la exportación tendría un coste extra de unos 500.000 dólares en peajes por transitar por Suez, debido a la autoridad que Egipto tiene sobre el canal.

Ante todo, la cifra de barriles exportados podría descender drásticamente, ya que el Canal de Suez es demasiado estrecho para que lo atraviesen los petroleros convencionales -que transportan alrededor de dos millones de barriles- por lo que se tendrían que usar buques más pequeños que transporten la mitad de crudo. «En estas circunstancias el Canal de Suez no es rentable, por lo que no puede considerarse una alternativa viable», señaló el director general de Industria coreano Wook, uno de los primeros países que se ha pronunciado sobre esta crisis de alcance incierto.

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