La vicepresidenta, de 56 años, no es ni la moderada que venden medios amigos ni la que se imagina Washington Leer La vicepresidenta, de 56 años, no es ni la moderada que venden medios amigos ni la que se imagina Washington Leer
La revolución bolivariana cumple 27 años en el poder y lo hace con la primera mujer al frente, tras los mandatos del «comandante supremo» Hugo Chávez y del «presidente pueblo» Nicolás Maduro. Dadas las circunstancias, la propaganda chavista todavía no ha elegido un título revolucionario para la nueva presidenta interina. No lo tendrán fácil.
Delcy (56 años) no es ni la moderada que venden medios amigos ni la que se imagina Washington. Lo dejó muy claro el día que se le escapó una frase que le acompaña desde entonces: «La revolución bolivariana, la llegada de nuestro comandante, fue nuestra venganza personal».
Jorge Antonio Rodríguez (padre), creador de la Liga Socialista, murió en 1976 en manos de la policía política, convirtiéndose durante el chavismo en la principal víctima de los derechos humanos en la etapa anterior a Chávez, obviando las miles de ejecuciones extrajudiciales y torturas aplicadas por los cuerpos de inteligencia del chavismo. Sus hijos, Jorge y Delcy, se convirtieron en sus herederos y en ejemplo de los males de la llamada IV República.
Los dos hermanos, que estudiaron en París, siempre han trasladado sus gustos por lo francés, incluidas las grandes marcas de moda. En más de una ocasión hicieron ver a los representantes diplomáticos españoles sus preferencias por el país vecino. Estas preferencias se notan al detalle en la mansión que Delcy se hizo construir en una de la zonas más caras de Caracas, en la que se incluyó una especie de cubo insonorizado a prueba de satélites y espías.
Nada se entiende en la carrera política de Delcy sin la presencia de su hermano mayor, Jorge. Gemelos políticos, obsesionados por el poder, han enfrentado sin cortapisas a los otros grupos del chavismo, pero siempre fieles a Maduro, pese a la dudas suscitadas por la operación militar contra quien fuera su gran mentor política. Los dos hermanos empujaron al abismo político a uno de sus grandes rivales, el zar petrolero Tarek El Aissami, y Delcy se hizo con la cartera petrolera del país.
Apartada por Chávez de la primera línea política, las malas lenguas aseguran que nunca le gustó, Maduro convirtió a Delcy en la gran estrella femenina de su administración. La encaramó nada más llegar al Ministerio de Comunicación para nombrarla canciller más tarde. Tan fiel era Delcy que llegó a inventarse una agresión, lesión incluida, durante una polémica reunión del Mercosur en Buenos Aires. Maduro denunció que le habían roto el brazo, pero ella se equivocó y saludó con la mano que no era.
Después llegó la vicepresidencia y la certeza de que se había convertido en la mano derecha (la sana) de Maduro. Ya en ese puesto se lanzó al estrellato en España con su viaje interruptus a Barajas y todo lo que conllevó. Sobre todo, la evidencia de que el círculo de empresarios boliburgueses que la rodea han llevado a cabo negocios y corruptelas de todo tipo, también en España.
Delcy acumuló poderes gracias al apoyo de su hermano y del tercer Rodríguez, Zapatero, fundamental para convencer a Maduro del giro económico necesario, de la ortodoxia cubana a un neocapitalismo salvaje con el dólar como moneda de facto.
La «moderada» Rodríguez está sancionada por EEUU y la UE por violar los derechos humanos.
Internacional // elmundo
