El secretario de Estado pretende tumbar a Maduro para debilitar a La Habana Leer El secretario de Estado pretende tumbar a Maduro para debilitar a La Habana Leer
El presidente Donald Trump es quien aparentemente deshoja la margarita sobre una posible intervención militar de Estados Unidos en Venezuela. Eso es lo que se ve en la superficie, cuando el republicano oscila entre amenazas abiertas al régimen de Nicolás Maduro y mensajes de un diálogo potencial entre los dos líderes que bajarían la temperatura de una escalada de tensión que parece estar en punto de ebullición.
En realidad, todo apunta a que el impulsor de la contienda contra el régimen chavista es el actual secretario de Estado, el cubano americano Marco Rubio, otrora rival político de Trump y desde el primer mandato del empresario neoyorkino asesor principal en la política hacia América Latina. En concreto, una agenda muy personal enfocada en el Gobierno de Caracas, con el propósito de que, si cayeran Maduro y sus hombres, en un efecto dominó acabaría por colapsar el régimen de La Habana, que ha sido, desde el triunfo de la revolución castrista en 1959, la madre de todas las batallas comunistas en la región.
Trump ha triunfado dos veces con el lema de «América primero» y con una base MAGA más inclinada al aislacionismo nacionalista que a gestas imperiales. Sin embargo, hasta ahora le ha permitido a Rubio que maneje la parcela de su particular lucha, consciente de que le debe mucho a los electores cubanos y venezolanos, sobre todo en el Sur de Florida, quienes, guiados por las promesas de Rubio, han apoyado incondicionalmente al trumpismo. El que fuera senador por Florida nunca ha renunciado al sueño de liberar a Cuba de la dictadura castrista que hoy se perpetúa bajo el mando de Miguel Díaz-Canel. Pero Cuba es un triste remanente de una Guerra Fría de que ya casi nadie se acuerda, aunque continúa siendo mentora «ideológica» de revoltosos como Maduro y el binomio Ortega-Murillo en Nicaragua. Cuando Rubio le habla al oído a Trump sobre la importancia de cercar a Venezuela, tiene en mente la caída del herrumbroso castrismo en la isla si se quedara sin la ayuda que Venezuela le ha brindado desde que el desaparecido Hugo Chávez instauró la revolución bolivariana hace ya casi tres décadas.
En la lucha contra el narcotráfico, lo lógico sería que Estados Unidos concentrara todos sus esfuerzos en el flujo de estupefacientes que salen principalmente de Colombia y de México. Pero Rubio busca el fin de Maduro porque en esa senda que ha trazado de paso estrangula a Cuba, la isla de las que sus padres emigraron en 1956 y a la que nunca pudieron regresar como otros tantos cubanos de la diáspora. De ahí el designio, más arbitrario que fundamentado en rotundas evidencias, del Cártel de los Soles como organización terrorista a la que hay que descabezar. Se ha informado de que hay militares de la cúpula chavista que manejan el lucrativo negocio del narcotráfico y el régimen de Maduro ha sido catalogado de «narcoestado». Es la luz verde para el incremento de sanciones, una serie de ataques a narcolanchas que han dejado al menos 83 muertos en circunstancias que el Departamento de Estado no acaba de aclarar y hasta ofrecer por la caza y captura de Maduro 50 millones de dólares. Todo esto, en medio de un despliegue militar en aguas del Caribe que no se ve desde la crisis de los misiles en 1962, cuando el mundo estuvo al borde una conflagración nuclear, con Cuba en medio entre el tira y afloja entre Washington y Moscú.
Trump deja maniobrar a Rubio en ese hemisferio por el que él y la mayoría de sus votantes más bien sienten indiferencia. Y se lo permite a pesar de lo que indican las encuestas: según una consulta realizada por CBS News/YouGov publicada este domingo, el 70% de los estadounidenses se opone a que Estados Unidos emprenda acciones militares en el país sudamericano, frente a un 30% que está a favor. Mientras suenen tambores de guerra y el presidente da a entender que la CIA podría llevar a cabo operativos dentro de Venezuela, los americanos apenas tienen una noción clara de lo que ocurre allí ni por qué sus fuerzas armadas deberían meterse en ese avispero.
La clave la tiene Rubio: aunque se refiere al «compromiso» del gobierno, es el deseo suyo de hacer dinamitar el castrismo por la vía de ahogar a Maduro en Caracas. Si el entorno del gobernante venezolano acaba por traicionarlo -la recompensa es jugosa y supuestamente hay conversaciones por canales extraoficiales que la propia oposición venezolana estaría alentando-, y hay un cambio de régimen, en La Habana podría acentuarse una crisis tan grave como la que se vivió en la década de los años 80, lo que se conoce como el Periodo Especial, cuando los cubanos perdieron las subvenciones de la Antigua Unión Soviética al caer el comunismo en el bloque del Este. Esa es la apuesta íntima de Marco Rubio cuando publica en las redes sociales que los venezolanos no deben perder la esperanza porque «Venezuela pronto será libre». Es una ilusión que también alberga para Cuba. Hay que ver hasta dónde Trump lo dejará hacer en su cruzada.
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