Para millones de espectadores, Devin Ratray será siempre Buzz McCalliter, el hermano mayor y bravucón de Kevin en Solo en casa y Solo en casa 2. Aquel papel, secundario pero inolvidable, lo convirtió en uno de esos rostros infantiles que quedaron fijados a la memoria colectiva de los años noventa.
Antes y después de aquellas comedias navideñas, Ratray ya había trabajado como actor infantil en televisión y cine, encadenando pequeñas apariciones mientras intentaba consolidar una carrera más allá del gag familiar.
Lejos de desaparecer, supo reconducirse hacia papeles de reparto sólidos. Durante años fue un secundario reconocible en series y películas independientes, y encontró un nuevo escaparate en la televisión de prestigio, interviniendo en series como Better Call Saul, Person of Interest o The Tick, donde mostró una vis cómica más madura y autoconsciente. No era ya el adolescente antipático, sino un actor de carácter con oficio.
Sin embargo, su nombre volvió a los titulares por motivos ajenos a la ficción. En diciembre de 2021 fue arrestado en Oklahoma acusado de violencia doméstica tras una discusión con su entonces pareja, cuyo nombre no trascendió. El caso se prolongó en el tiempo y, en 2024, el juicio volvió a aplazarse después de que Ratray fuera hospitalizado de urgencia por problemas de salud, circunstancia que obligó a retrasar su comparecencia ante el tribunal.
Semanas después, el actor se declaró culpable de los cargos de violencia doméstica, un giro que cerró el proceso judicial pero abrió un debate sobre su figura. La admisión de culpabilidad supuso un punto de inflexión definitivo en su carrera y en su imagen pública, ya muy dañada desde las primeras informaciones del caso, y tras este episodio la actividad profesional de Ratray se ha reducido notablemente. Su presencia pública ha sido mínima, y ya en entrevistas previas al desenlace judicial había hablado de problemas de salud y de la necesidad de centrarse en su recuperación personal.
Su trayectoria queda así marcada por un contraste entre lo incómodo y lo indeseable: de icono pop navideño a intérprete discreto, pero respetado, y de ahí a un presente ensombrecido por la violencia. Una historia que tal vez ilustra cómo algunos rostros famosos hace treinta años entre el público infantil siguen despertando interés, aunque no siempre por las razones que uno desearía.
El actor, de 48 años, fue arrestado en 2021 por violencia doméstica y, desde entonces, su carrera y presencia pública ha ido en declive.
Para millones de espectadores, Devin Ratray será siempre Buzz McCalliter, el hermano mayor y bravucón de Kevin en Solo en casa y Solo en casa 2. Aquel papel, secundario pero inolvidable, lo convirtió en uno de esos rostros infantiles que quedaron fijados a la memoria colectiva de los años noventa.
Antes y después de aquellas comedias navideñas, Ratray ya había trabajado como actor infantil en televisión y cine, encadenando pequeñas apariciones mientras intentaba consolidar una carrera más allá del gag familiar.
Lejos de desaparecer, supo reconducirse hacia papeles de reparto sólidos. Durante años fue un secundario reconocible en series y películas independientes, y encontró un nuevo escaparate en la televisión de prestigio, interviniendo en series como Better Call Saul, Person of Interest o The Tick, donde mostró una vis cómica más madura y autoconsciente. No era ya el adolescente antipático, sino un actor de carácter con oficio.
Sin embargo, su nombre volvió a los titulares por motivos ajenos a la ficción. En diciembre de 2021 fue arrestado en Oklahoma acusado de violencia doméstica tras una discusión con su entonces pareja, cuyo nombre no trascendió. El caso se prolongó en el tiempo y, en 2024, el juicio volvió a aplazarse después de que Ratray fuera hospitalizado de urgencia por problemas de salud, circunstancia que obligó a retrasar su comparecencia ante el tribunal.
Semanas después, el actor se declaró culpable de los cargos de violencia doméstica, un giro que cerró el proceso judicial pero abrió un debate sobre su figura. La admisión de culpabilidad supuso un punto de inflexión definitivo en su carrera y en su imagen pública, ya muy dañada desde las primeras informaciones del caso, y tras este episodio la actividad profesional de Ratray se ha reducido notablemente. Su presencia pública ha sido mínima, y ya en entrevistas previas al desenlace judicial había hablado de problemas de salud y de la necesidad de centrarse en su recuperación personal.
Su trayectoria queda así marcada por un contraste entre lo incómodo y lo indeseable: de icono pop navideño a intérprete discreto, pero respetado, y de ahí a un presente ensombrecido por la violencia. Una historia que tal vez ilustra cómo algunos rostros famosos hace treinta años entre el público infantil siguen despertando interés, aunque no siempre por las razones que uno desearía.
20MINUTOS.ES – Gente
