Tres comunidades viven en el país: la asiria, la más tradicional; la armenia, la más exitosa; y la evangelista, la más perseguidares comunidades viven en el país: la asiria, la más tradicional; la armenia, la más exitosa; y la evangelista, la más perseguida Leer Tres comunidades viven en el país: la asiria, la más tradicional; la armenia, la más exitosa; y la evangelista, la más perseguidares comunidades viven en el país: la asiria, la más tradicional; la armenia, la más exitosa; y la evangelista, la más perseguida Leer
«Los musulmanes no acabaron con los cristianos en Irán. Los mongoles sí». La frase está tomada de un ensayo sobre la historia de los cristianos iraníes (Iran’s ethnic Christians: The Assyrians and the Armenians, de Philip O.Hopkins, 2018).Y aunque es un poco hiperbólico, porque los cristianos sobrevivieron a los mongoles, el entrecomillado da una idea de lo que ha sido la historia de la comunidad: compleja, atravesada por tensiones eternas y por algunos momentos dramáticos, exitosa en cierto sentido… Y tan larga como el periodo que va desde los viajes de seis apóstoles por los territorios del imperio de los partos hasta la Revolución Islámica de 1978, que hoy trata a los ciudadanos cristianos con una extraña mezcla de privilegios y discriminaciones.
En el Antiguo Testamento, Irán, la tierra de los partos aparece tratada como un país propicio para los judíos.Todo lo que Egipto negó a los pueblos de la Biblia, Irán se lo dio. Por eso, no es extraño que los discípulos de Jesús viajaran al este tan pronto como murió Jesús y convirtieran a muchos judíos de las dos tribus locales, los medos y los elamitas. Aquellos cristianos fundaron la comunidad de los asirios, que hoy sobrevive en el territorio del Kurdistán iraní y al otro lado de la frontera turca.
¿Qué debemos saber sobre esos primeros cristianos iraníes? Que, al principio, el mundo no les fue hostil, porque el Imperio Parto era famoso por su política de tolerancia. Que, después (siglo III), cuando la dinastía Sasánida tomó el control del Imperio, los cristianos encontraron en los gobernantes zoroastristas a sus primeros perseguidores. Que, cuando el islam penetró en el territorio del actual Irán (a partir del año 651), la situación mejoró porque cristianos y musulmanes se reconocieron como seguidores de religiones semejantes, monoteístas y procedentes del mismo libro. Que hacia el siglo VIII, esa convivencia cordial empezó a deteriorarse con el código Shurut ‘Umar, que impuso nuevas condiciones de discriminación…Y que, a partir del año 1256, la llegada de la Horda de Oro de los mongoles supuso el desastre.
Al principio, los cristianos colaboraron con sus invasores y ocuparon puestos de prestigio. Después, los mongoles se convirtieron al Islam y persiguieron a los cristianos iraníes hasta llevarlos al borde de la extinción. Sólo en el enclave de Urmiyah, en el borde de Irak y Turquía, sobrevivió el mundo de los asirios, aunque lo justo es recordar que la violencia de los mongoles no se dirigió exclusivamente contra los cristianos. El territorio de la actual Irán perdió más de 10 millones de habitantes en el periodo de la Horda de Oro.
Llegó después un segundo inicio para el cristianismo: en 1530, Abbas I, el quinto rey de la dinastía safávida, lanzó una incursión militar contra Rusia y, como botín de guerra, se trajó a su territorio a 60.000 familias armenias, 300.000 personas de religión cristiana. No fue un capricho: Irán, que seguía despoblado después del terror mongol, había alcanzado una posición de preminencia comercial en la Ruta de la Seda. Los safávidas necesitaban a pobladores como los armenios, mercaderes expertos y mediadores propicios ante sus clientes europeos. El hecho de que fueran cristianos era parte de su valor para el imperio: los clientes italianos que esperaban en sus enclaves de Levante confiaban más en los armenios precisamente porque eran cristianos, así que no había ningún interés en su asimilación al islam. Los armenios ocuparon entonces el lugar de una nueva élite mercantil, educada y urbana. Su mundo prosperó entre los siglos XVI y XX e Irán fue, incluso, un refugio para los armenios que escaparon del genocidio otomano de 1915.
¿Por qué su perseverancia como comunidad? The armenian community in Iran: issues and emigration, de Gohar Iskandaryan, es otro texto académico que da respuesta a esa pregunta: en 1694, hubo una política de islamización forzosa. El imperio quiso imponer una fiscalidad discriminatoria contra los cristianos con el fin de que estos se convirtieran. La respuesta de los armenios fue la contraria de la esperada: muchos de sus miembros emigraron hacia el oeste. El Estado entendió que tenía mucho que perder con ese exilio, así que deshizo sus pasos y desarrolló la política de excepciones, privilegios y discriminaciones que pervive en la República Islámica. Juntos pero separados, mimados y amenazados.
¿Qué significa esa doctrina? Los cristianos iraníes (100.000 personas entre 90 millones de habitantes) están sobrerrepresentados en el Parlamento (tres escaños de 299), pero tienen vetado por ley el acceso al Gobierno y a los altos mandos del Ejército. Tienen un código civil propio.En asuntos penales, en cambio, están en una posición de debilidad. No pueden ser testigos en los juicios. Tampoco pueden recibir herencias de otros ciudadanos musulmanes. Pueden destilar alcohol y consumirlo en casa pero los sacerdotes no pueden cantar misa en persa para que su mensaje no llegue a la población musulmana. El proselitismo es la línea roja que los cristianos iraníes no cruzan jamás.
En la práctica, ese complejo sistema legal lleva a los cristianos al aislamiento: los matrimonios mixtos son rarísimos y traumáticos. Aquellos cristianos que se casan con musulmanes son expulsados de su comunidad y de sus beneficios profesionales y asistenciales. La comunidad armenia es próspera, pero también es ajena al mundo en el que vive. El texto de Iskandaryan asegura que los armenios iraníes no consumen el cine ni el teatro de sus vecinos y que su vida es claustrofóbica. Sus líderes manifiestan siempre que son una parte fraternal de la Revolución Islámica, pero la realidad es que su comunidad ha perdido 100.000 miembros (el 50%) desde el año 1980.
Hay una tercera comunidad cristiana en Irán que es mucho más pequeña y que ha sufrido una historia aún más dramática: la de los evangelistas. A partir de 1963, los gobiernos de rey Mohamed Reza Pahlavi gozaron de un canal privilegiado con Estados Unidos y admitieron la llegada de pastores protestantes. Para sus discípulos, los conversos desde el Islam, quedó la furia de la Revolución. Haik Hovsepian Mehr, el presidente del Consejo de las Iglesias Protestantes, fue el primer gran disidente cristiano en el Irán de los ayatolas. En 1994 apareció asesinado, junto a un converso que había sido encarcelado sin juicio. El sucesor de Hovsepia, Tateos Mikaelian también murió asesinado. El Gobierno sostuvo que las iglesias protestantes eran desleales y que los asesinatos eran obra de un grupo suní.
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