El drama de los venezolanos mes y medio después del doblete sísmico

Especialistas y ONG reclaman pasar del «asistencialismo» a la «recuperación estratégica», coordinada por organizaciones con trayectoria y capacidad operativa Leer Especialistas y ONG reclaman pasar del «asistencialismo» a la «recuperación estratégica», coordinada por organizaciones con trayectoria y capacidad operativa Leer  

Nada más conocerse que el oeste de Colombia había sido sacudido el lunes por un terremoto de magnitud 7,4, Venezuela ofreció el envío de rescatistas para ayudar en las tareas de emergencia y ayuda humanitaria. El gesto tuvo especial relevancia. Tanto por las delicadas relaciones bilaterales entre Caracas y Bogotá como, sobre todo, por el hecho de que llegaba apenas mes y medio después del doblete sísmico que golpeó al país petrolero, con especial impacto en el estado de La Guaira, y que dejó miles de muertos y una estela de daños que aún se siguen evaluando.

Naciones Unidas calculó que unas 650.000 personas iban a necesitar asistencia humanitaria. Y la respuesta inicial de organizaciones nacionales e internacionales fue valorada positivamente por ONG y especialistas. Sin embargo, advierten que, tras las semanas transcurridas, Venezuela necesita transitar desde la ayuda asistencialista a una fase que permita reconstruir el entramado urbano, recuperar medios de vida y restablecer la cotidianidad de las comunidades afectadas.

Susana Raffalli, asesora de la respuesta humanitaria en Cáritas Venezuela, insiste en ese punto: es necesario pasar de un modelo «asistencialista y caótico» a una recuperación estratégica, coordinada por organizaciones con trayectoria y capacidad operativa. «La solidaridad desplegada por los propios venezolanos y por entidades dentro y fuera del país tiene un valor enorme en las primeras horas y días, pero ese enfoque de socorro ha de evolucionar hacia fases de medio y largo plazo, donde se rehabilite la capacidad de las personas para retomar su vida. De lo contrario, el asistencialismo sin un fin puede saturar a quienes reciben ayuda y mantenerlos en dependencia, sin restablecer sus propios mecanismos para volver a tener una vida autónoma«, explica.

Raffalli subraya que las labores de coordinación han tomado tiempo y no siempre son visibles. Además, alerta sobre el impacto negativo de las donaciones desorganizadas, que suelen generar cuellos de botella logísticos y pérdidas de insumos. Por ello, se recomienda el uso de transferencias monetarias y tarjetas electrónicas, una modalidad que, asegura, fortalece la autonomía de las familias y permite dinamizar la economía local.

«Las familias ganan en dignidad y autonomía al poder cubrir sus necesidades por sí mismas. Y las organizaciones humanitarias usan los fondos de manera más eficiente: se reducen los gastos en logística, centros de acopio, transporte y personal para armar bolsas de alimentos, además de minimizar pérdidas y riesgos en las rutas», explica.

La especialista también insta a los donantes internacionales a canalizar sus recursos a través de organizaciones nacionales con mecanismos de rendición de cuentas, para garantizar que el apoyo tenga un impacto real y sostenible.

Para quienes desean enviar ayuda desde el extranjero, recomienda seguir los portales de organizaciones presentes en la zona y exigir trazabilidad: qué se hizo con la donación, cuántas familias fueron atendidas y durante cuánto tiempo.

En la misma línea, Lia Poggio, jefa de misión de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) en Venezuela, presente en el país desde 1952, con la llegada de inmigrantes europeos, destaca que la respuesta tras los sismos avanza hacia una fase de «recuperación temprana», clave para estabilizar a las comunidades y preparar el terreno para la reconstrucción.

«Se está regresando un poco a la normalidad, pero es una normalidad todavía dominada por situaciones muy críticas. Nosotros nos encargamos de ofrecer atención inmediata tras los sismos, sobre todo en lo que es salud primaria, pero es importante el enlace con el sistema de salud local. Hemos trabajado de forma muy coordinada con las autoridades sanitarias porque, desde el primer momento, es clave vincular la respuesta inmediata con opciones a medio y largo plazo que tracen el camino hasta la recuperación. Esto es fundamental para también fortalecer la resiliencia de las comunidades, porque detrás de cada cifra hay personas y familias que perdieron sus hogares, sus medios de vida y también la estabilidad que tenían antes de los desastres«, aseguró Poggio.

Desde la OIM se advierte que la atención mediática y la solidaridad suelen disminuir tras el primer mes del desastre. La organización recuerda que es vital mantener el apoyo en los próximos meses para evitar que las necesidades humanitarias se profundicen.

Miles de familias siguen marcadas por la dificultad para acceder a una vivienda, a los servicios básicos y a medios de vida. Y es que el país ya enfrentaba una crisis profunda antes del sismo. Por eso, mantener la atención internacional y fortalecer la coordinación humanitaria no es un gesto de solidaridad, sino una necesidad.

Zulma Bolívar, urbanista y directora del Instituto de Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela (UCV), enfatiza que no se debe hablar de «reconstruir» porque eso implicaría volver al estado anterior, el cual estaba «mal hecho» por no cumplir con normativas técnicas. Propone una recuperación que reflexione sobre dónde y cómo construir para no repetir errores del pasado. «Hay un plan de ordenación urbana aprobado en 2009 que dictó una serie de recomendaciones de donde no se debía construir por razones, justamente, de riesgo geológico, riesgo sísmico o riesgo hidrológico. Esas recomendaciones no fueron asumidas por las autoridades competentes».

Recuerda que La Guaira es una zona frágil que combina la montaña con el mar, riesgos hidrológicos y sísmicos, por lo que cualquier plan debe convivir con estas condiciones naturales en lugar de convertirlas en amenazas. «Es indispensable realizar un estudio de microzonificación sísmica para determinar la viabilidad de las construcciones. Hay que pensar y planificar para tomar hoy las previsiones necesarias que sean sostenibles en el tiempo y tener un mejor futuro».

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