El ‘fantasma’ de la crisis del gas resucita en Europa: «Hay una falsa sensación de seguridad de suministro»

Los países centrales y los analistas advierten de un cambio en las dinámicas comerciales que da más poder a las empresas privadas y que condiciona el llenado de los almacenamientos de la UE Leer Los países centrales y los analistas advierten de un cambio en las dinámicas comerciales que da más poder a las empresas privadas y que condiciona el llenado de los almacenamientos de la UE Leer  

Sucede cada vez con más frecuencia que las energéticas europeas compran anticipadamente toneladas de gas natural licuado (GNL), en su mayoría estadounidense, a través de acuerdos a largo plazo que, en realidad, no garantizan en qué lugar del mundo acabará ese combustible. Hasta ese extremo está cambiando un mercado donde, hasta hace poco, los compromisos entre compradores y vendedores estaban escritos en piedra. Hoy, la nueva tendencia comercial, basada en contratos de suministro flexibles, ha resucitado en la Unión Europea el fantasma de la crisis de gas, que con la invasión de Ucrania dejó en evidencia la peligrosa vulnerabilidad del Viejo Continente.

Alemania, Países Bajos y Austria han avisado por carta a las autoridades comunitarias de que, aunque la situación es mejor que en 2022, «la UE no puede volver a la normalidad sin revisar sus políticas de seguridad de suministro». «Europa se ha alejado del gas ruso y ahora depende del GNL para cubrir la mayor parte de su demanda. El GNL se comercializa en un mercado global, lo que hace que Europa sea más vulnerable a acontecimientos internacionales», alertan. Un sentimiento que ha calado en foros españoles especializados, donde cada vez es más frecuente escuchar que reemplazar gas ruso por GNL estadounidense no es necesariamente más seguro.

«Este último año, la cantidad de contratos de largo plazo de GNL firmados por compradores europeos ha permanecido más bien baja. Esto contrasta con la reacción que cabría esperar tras los anuncios del veto a la importación de GNL ruso a partir de 2027, y no es más que otro síntoma de que en un entorno tan volátil la mayoría de las compañías son más reticentes que antaño a firmar acuerdos que los comprometan por décadas», explica José Ignacio García-Lajara, analista senior de Mercados de Gas y GNL de WoodMackenzie.

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A ello hay que sumar ese incremento de contratos totalmente flexibles (free on board), con los que los gigantes del mercado intentan sacar el máximo provecho de los precios que las distintas regiones llegan a ofrecer por sus cargamentos. El experto asegura que la proporción de este tipo de contratos aumentará a medida que avance la próxima década, lo que supone «un riesgo significativo para la seguridad de suministro europea, pues, a pesar de ser volúmenes contratados, técnicamente hablando, no están obligados a llegar al continente».

Esa nueva realidad no ha pasado desapercibida para los países centrales de la UE, que son algo así como el canario en la mina del abastecimiento energético. En 2022, Bruselas estableció que los almacenamientos de gas de los 27 debían llenarse al 90% antes del 1 de noviembre, una suerte de colchón para las temporadas de frío. La medida ha sido prorrogada hasta 2027, pero en su carta, Alemania, Países Bajos y Austria reclaman que sea permanente.

Piden, eso sí, ciertos cambios para hacer más flexible el escudo. Y es que la fórmula de llenado europea ha perjudicado en los últimos años a los estados que tienen los almacenamientos más grandes, porque para llegar al 90% tienen que comprar más toneladas de gas que el resto.

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Además, la medida ha obligado a los 27 a adelantar sus compras de gas al verano, algo que está inflando artificialmente la demanda y los precios en esos meses. Así, se está distorsionando el mercado europeo, al estrechar la histórica diferencia de precios entre el verano y el invierno. «Los participantes del mercado solo llenan los depósitos de gas si el diferencial es positivo y pueden obtener beneficios (…). Si el diferencial es negativo, no hay incentivos para que los participantes del mercado llenen los depósitos de gas», alertan.

Mientras el mundo entero descuenta que un torrente de GNL procedente de Estados Unidos regará el mundo hasta la sobreoferta de forma inminente y mantendrá a raya las facturas, una parte de Europa está en guardia.

En plenas navidades, una ola de frío polar sacude la UE, y esta lo está encajando con un nivel de reservas significativamente más bajo al de los últimos 5 años. A esa foto hay que sumar que desde principios de año, ha dejado de contar con el último reducto de gas ruso que aún llegaba a la UE a través de Ucrania por gasoducto (más barato que el GNL que viene por barco). «Este invierno es, efectivamente, crítico para la seguridad de suministro», remata García-Lajara, quien defiende que la UE experimenta «una falsa sensación de seguridad de suministro» alimentada, principalmente, por una demanda de GNL desde Asia más débil de lo esperado.

«Esto ha propiciado que una parte de la oferta de GNL mundial que se presuponía asignada hacia el Pacífico haya sido liberada y trasladada a Europa, proporcionando un balón de oxígeno al continente», remata.

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