El Gobierno anunció en 2022 un acuerdo con Maersk, la segunda naviera más grande del mundo, para construir dos centros de metanol renovable en la costa española. La falta de demanda y la competencia asiática han frenado su desarrollo Leer El Gobierno anunció en 2022 un acuerdo con Maersk, la segunda naviera más grande del mundo, para construir dos centros de metanol renovable en la costa española. La falta de demanda y la competencia asiática han frenado su desarrollo Leer
El 3 de noviembre de 2022, Pedro Sánchez y la cúpula de Maersk, la segunda mayor naviera del mundo, oficializaron un «protocolo de colaboración» para construir dos centros de producción de combustible renovable en las costas españolas. El plan iba a movilizar 10.000 millones de euros y crear hasta 85.000 empleos. La idea era generar en el país hasta dos millones de toneladas anuales de metanol verde para abastecer a la flota de la empresa danesa, responsable de más del 14% del tráfico mundial de contenedores. Después de cuatro años, nada de eso se ha materializado. La falta de demanda y la feroz competencia de Asia, donde la producción de biocombustible es infinitamente más barata, han frenado el proyecto.
Hubo reunión y apretón de manos en el Palacio de La Moncloa. También un memorando de entendimiento (MoU), un acuerdo por escrito donde las partes dan carta de naturaleza a su intención de cooperar. Aunque ese tipo de documento no tiene la fuerza legal de un contrato, fuentes gubernamentales repitieron la víspera —dos veces— en un encuentro con prensa que la probabilidad de ejecución era «muy elevada... o no lo estaríamos anunciando».
Dijeron, además, que los números salían y que en pocos meses terminarían de pulir los últimos flecos. Faltaban la ingeniería y los modelos financieros de detalle. El Gobierno planteó, incluso, entrar como inversor y dio a entender que el plan contaría con apoyo de fondos europeos. Las mismas fuentes señalaron a Galicia y Andalucía como las localizaciones más favorecidas en las quinielas de la naviera. El primero de los dos hubs entraría en operación en 2024 y la construcción de la segunda comenzaría en 2027. Iba a ser la mayor inversión industrial de la historia de España, al nivel de la fábrica de baterías y la electrificación de la producción nacional de Volkswagen.
Ante las preguntas de este medio, fuentes de Moncloa dicen no disponer de la información solicitada (empleos y volumen de inversión ejecutados hasta la fecha). Pero fuentes autonómicas son contundentes: «No hay nada». También en los círculos del sector energético hace meses que se comenta la falta de avances de una alianza que, según el Gobierno, iba a catapultar a España a la «primera división» del combustible marítimo.
«El proyecto va más lento de lo inicialmente planteado, es un tema de evolución de demanda y competencia de la producción asiática», admiten desde C2X, la filial en la que Maersk separó el negocio verde del grupo en 2023. A raíz de esa reordenación corporativa, los planes de producción de biocombustibles del grupo suizo ya no buscan a alimentar únicamente la flota de Maersk, C2X aspira a una eventual comercialización de su metanol también a terceros (químicas, aviación…). Por el momento, la producción no llevará sello español, pues el apetito de estas industrias tampoco es suficiente para asegurar la viabilidad de los dos centros proyectados.
«No es un tema de falta de apoyo de las administraciones», insisten desde la empresa, que califica de «ejemplar» los esfuerzos estatal, autonómico y local para «atraer inversiones de ese calibre». La realidad internacional ha impactado en sus planes. En 2022, Europa sufría para contener la escalada récord de los precios del gas y la electricidad. El desarrollo de energías verdes y alternativas, además de un alegato medioambiental, era una cuestión de seguridad europea. Hoy, el contexto ha cambiado: la defensa y la competitividad industrial han ganado posiciones frente a la agenda verde. La UE ha perdido la unidad que hace unos años le permitió mover la aguja de la agenda mundial a favor del medioambiente.
«Cuando se firmó el acuerdo de colaboración en España se tenían unas previsiones de crecimiento de demanda de combustibles renovable derivadas de la regulación europea e internacional», explican desde C2X. Mientras que la regulación europea se ha mantenido, la global no ha seguido la misma estela. «Teníamos previsto que la Organización Marítima Internacional (OMI) aprobara una serie de normativas y, desafortunadamente para el desarrollo de esta industria, no ha sido el caso». A ello, la empresa añade la irrupción de la producción asiática: «El balance de oferta y demanda no es el esperado cuando se firmó el acuerdo».
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