El ‘método Arbeloa’ levanta al Real Madrid: los elogios públicos a las estrellas convencen a los futbolistas

Si algo necesitaba Álvaro Arbeloa era resultados inmediatos. Su nula experiencia en la élite, su pasado como incondicional de José Mourinho y su gran relación con Florentino Pérez hicieron que las dudas sobre si era el sustituto adecuado de Xabi Alonso surgieron. Además, el batacazo copero en su debut, ante un Segunda como el Albacete, acrecentaron las voces críticas. Sin embargo, tres partidos después, la sensación es que le ha cambiado la cara al Real Madrid y para muy bien.

Tres victorias seguidas han transformado las malas caras en sonrisas, tanto de la afición, que mostró su malestar con una pitada histórica antes del partido ante el Levante dirigida a los jugadores y a Florentino Pérez, como de los propios futbolistas. A varios de ellos se les ve más felices con Arbeloa al mando.

Tras el batacazo copero, tocaba reaccionar y el duelo ante el Levante, convertido en un plebiscito del Bernabéu, no fue brillante. Sin embargo, a una mala primera parte le siguió una buena segunda, y el triunfo por 2-0 ayudó a rebajar la tensión.

Tres días después, el Mónaco visitó el coliseo blanco. La exigencia aumentaba. Y ese fue el día de la reconciliación. Bien es cierto que el estilo de juego desenfadado del equipo del Principado ayudó, pero el 6-1 dejó claro que este equipo tenía ya otro aspecto. Vinícius brilló como hacía muchísimo tiempo –tres asistencias y un golazo–, Valverde vuelve a ser el pulmón que fue y Bellingham se reivindicó con una celebración –haciendo gestos de beber– que trataba de acallar a los críticos.

La confirmación del buen momento llegó el pasado sábado en la visita al Villarreal. Ante el tercero de la Liga, un rival de entidad, se vio a un equipo serio, comprometido, remando todos en la misma dirección. Los dos goles de Kylian Mbappé, al que le da igual que en el banquillo esté Xabi o Arbeloa– dieron un triunfo merecido y de prestigio.

Gran parte de la culpa del cambio está en cómo ha cambiado el mensaje. Desde el primer día, cada rueda de prensa, cada gesto de Arbeloa ha estado dirigido en contentar a sus estrellas. Más que claro es el caso de Vinícius, para el que el cariño es constante, pero se aplica al resto de plantilla. El salmantino sabe que solo con el apoyo incondicional de los jugadores podrá triunfar, algo que su antecesor no supo o pudo gestionar bien.

«No puedo ir en contra de la naturaleza de mis jugadores», afirmó el técnico tras ganar al Villarreal. «Lo primero de un equipo es saber que tenemos que estar juntos», añadió. «Es una suerte tremenda tener a Vinícius, hay que buscarle el máximo de veces posible», insistió. Arbeloa se ha ganado al vestuario a base de elogios y los resultados avalan su método… al menos de momento.

 La conexión con sus futbolistas, a los que halaga en público constantemente, es clave en el cambio que ha experimentado el equipo blanco.  

Si algo necesitaba Álvaro Arbeloa era resultados inmediatos. Su nula experiencia en la élite, su pasado como incondicional de José Mourinho y su gran relación con Florentino Pérez hicieron que las dudas sobre si era el sustituto adecuado de Xabi Alonso surgieron. Además, el batacazo copero en su debut, ante un Segunda como el Albacete, acrecentaron las voces críticas. Sin embargo, tres partidos después, la sensación es que le ha cambiado la cara al Real Madrid y para muy bien.

Tres victorias seguidas han transformado las malas caras en sonrisas, tanto de la afición, que mostró su malestar con una pitada histórica antes del partido ante el Levante dirigida a los jugadores y a Florentino Pérez, como de los propios futbolistas. A varios de ellos se les ve más felices con Arbeloa al mando.

Tras el batacazo copero, tocaba reaccionar y el duelo ante el Levante, convertido en un plebiscito del Bernabéu, no fue brillante. Sin embargo, a una mala primera parte le siguió una buena segunda, y el triunfo por 2-0 ayudó a rebajar la tensión.

Tres días después, el Mónaco visitó el coliseo blanco. La exigencia aumentaba. Y ese fue el día de la reconciliación. Bien es cierto que el estilo de juego desenfadado del equipo del Principado ayudó, pero el 6-1 dejó claro que este equipo tenía ya otro aspecto. Vinícius brilló como hacía muchísimo tiempo –tres asistencias y un golazo–, Valverde vuelve a ser el pulmón que fue y Bellingham se reivindicó con una celebración –haciendo gestos de beber– que trataba de acallar a los críticos.

La confirmación del buen momento llegó el pasado sábado en la visita al Villarreal. Ante el tercero de la Liga, un rival de entidad, se vio a un equipo serio, comprometido, remando todos en la misma dirección. Los dos goles de Kylian Mbappé, al que le da igual que en el banquillo esté Xabi o Arbeloa– dieron un triunfo merecido y de prestigio.

Gran parte de la culpa del cambio está en cómo ha cambiado el mensaje. Desde el primer día, cada rueda de prensa, cada gesto de Arbeloa ha estado dirigido en contentar a sus estrellas. Más que claro es el caso de Vinícius, para el que el cariño es constante, pero se aplica al resto de plantilla. El salmantino sabe que solo con el apoyo incondicional de los jugadores podrá triunfar, algo que su antecesor no supo o pudo gestionar bien.

«No puedo ir en contra de la naturaleza de mis jugadores», afirmó el técnico tras ganar al Villarreal. «Lo primero de un equipo es saber que tenemos que estar juntos», añadió. «Es una suerte tremenda tener a Vinícius, hay que buscarle el máximo de veces posible», insistió. Arbeloa se ha ganado al vestuario a base de elogios y los resultados avalan su método… al menos de momento.

 20MINUTOS.ES – Deportes

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