La Estrategia de Seguridad de 2026 de EEUU prioriza el Hemisferio Occidental y baja el tono con China «nuestro objetivo no es dominarla, estrangularla o humillarla» Leer La Estrategia de Seguridad de 2026 de EEUU prioriza el Hemisferio Occidental y baja el tono con China «nuestro objetivo no es dominarla, estrangularla o humillarla» Leer
En la Cumbre de la OTAN de diciembre de 2019, a las afueras de Londres, los aliados aprobaron una declaración final enfatizando los logros del pasado, la fuerza de los 1.000 millones de personas protegidas bajo su paraguas y la necesidad de cohesión. Pero la reunión, bajo la presidencia de Donald Trump, tenía sobre todo un objetivo.
«Reconocemos que la creciente influencia de China y sus políticas internacionales presentan oportunidades y desafíos que debemos abordar juntos como una Alianza», decía el texto. Visto desde fuera, y hoy, no parece gran cosa, pero fue la primera vez en la historia que los líderes atlantistas colocaban al gigante asiático en su mirilla, ampliando un foco históricamente centrado en Moscú y desde el cambio del siglo en el terrorismo internacional.
Ahí se produjo el giro. Fue la primera, no la última vez. Desde entonces. EEUU, con Joe Biden también, ha presionado una y otra vez a los europeos, empujando para forzar las relaciones, buscando un distanciamiento. «Por primera vez hemos analizado conjuntamente, según varias evaluaciones, las oportunidades del auge de China, pero también los desafíos. Hace unas semanas probó un misil balístico que puede llegar a Europa, misiles supersónicos que habrían violado el IET si se hubiera sumado», señaló el entonces el secretario general de la organización, Jenst Stoltenberg, mencionando por cierto la presencia asiática en el Ártico.
El paradigma entonces, y desde entonces, había sido antagonizar a China, intentar en la medida de lo posible aislarla, mientras EEUU reforzaba sus lazos con la UE y sus aliados y frenaba las aspiraciones de Rusia. Ya no. El viernes por la noche, el Departamento de Guerra de Estados Unido publicó su Estrategia Nacional de Defensa de 2026, un documento que en la línea de la Estrategia de Seguridad Nacional publicada a finales del año pasado pone negro sobre blanco un distanciamiento cada vez mayor de Europa, y que al mismo tiempo rebaja la rivalidad y tensión con China, apostando por una relación «basada en la fuerza, pero no en la confrontación innecesaria (…) Nuestro objetivo no es dominar a China, ni tampoco estrangularla o humillarla. Nuestro objetivo es simple: impedir que nadie, incluida China, pueda dominarnos a nosotros o a nuestros aliados».
La Estrategia arranca haciendo una enmienda a la totalidad a los predecesores de Trump, afirmando que heredaron a la mayor potencia militar del planeta y un entorno controlado pero que en lugar de «proteger y promover los intereses de los estadounidenses, abrieron nuestras fronteras, olvidaron la sabiduría de la Doctrina Monroe, cedieron influencia en nuestro hemisferio y deslocalizaron la industria estadounidense, incluida la base industrial de defensa de la que dependen nuestras fuerzas armadas. Enviaron a los valientes hijos e hijas de Estados Unidos a librar una guerra tras otra, sin rumbo fijo, para derrocar regímenes y construir naciones al otro lado del mundo, lo que debilitó la preparación de nuestras fuerzas armadas y retrasó su modernización (…) permitiendo e incluso facilitando que nuestros astutos adversarios se volvieran más poderosos, al mismo tiempo que alentaban a nuestros aliados a comportarse como dependientes en lugar de socios, debilitando nuestras alianzas y dejándonos más vulnerables».
El Gobierno estadounidense cree que en 2025 EEUU estaba en su momento de seguridad más peligroso, rodeado de «narcoterroristas» y sin tener el acceso necesario al Canal de Panamá o Groenlandia para garantizar su seguridad (Groenlandia no salía mencionada en la Estrategia de Seguridad Nacional) «enfrentándonos no solo a un mundo con regiones en guerra o al borde de ella, sino también a un mayor riesgo de que Estados Unidos se viera arrastrado a guerras importantes simultáneas en diferentes frentes: una tercera guerra mundial, como advirtió el propio presidente Trump».
Ahí reside la clave. Trump denuncia que Europa puede arrastrar a Washington y no tiene intención de permitirlo. EEUU lleva décadas preparando un pivoteo hacia Asia y avisando a los europeos de que debían dar pasos. Trump lo dice ahora de forma más cruda. «Nuestra estrategia no es de aislamiento, se trata de un compromiso focalizado en el exterior con el objetivo claro de promover los intereses concretos y prácticos de los estadounidenses. A través de esta perspectiva de ‘Estados Unidos Primero’ y de sentido común, las alianzas y los socios de Estados Unidos tienen un papel esencial que desempeñar, pero no con las dependencias de la generación anterior.
El Departamento prioriza acertadamente la defensa nacional y la disuasión de China, y otras amenazas persistirán, y nuestros aliados serán esenciales para hacerles frente. Pero nuestros aliados lo harán no como un favor hacia nosotros, sino por sus propios intereses. En el Indo-Pacífico, donde nuestros aliados comparten nuestro deseo de un orden regional libre y abierto, las contribuciones de los aliados y socios serán vitales para disuadir y contrarrestar a China. En Europa y otros escenarios, los aliados tomarán la iniciativa contra amenazas que son menos graves para nosotros, pero más para ellos, con un apoyo fundamental, aunque más limitado, de Estados Unidos», especifica.
El departamento que dirige el polémico Pete Hegseth asegura que «en todos los casos, seremos honestos pero claros sobre la necesidad urgente de que cumplan con su parte y de que les conviene hacerlo sin demora. Los incentivaremos y les brindaremos los medios para que asuman su responsabilidad. Esto requiere un cambio de tono y estilo con respecto al pasado, pero es necesario no solo para los estadounidenses, sino también para nuestros aliados y socios. Durante demasiado tiempo, los aliados y socios se han conformado con que nosotros subvencionemos su defensa. Nuestra clase política se llevó el mérito, mientras que los ciudadanos estadounidenses de a pie pagaron la factura».
En 2026 EEUU quiere concentrarse en el Hemisferio, tal y como quedó claro con la captura de Nicolás Maduro y las amenazas a Groenlandia. No es un repliegue total pero sí un reposicionamiento. «Garantizaremos la seguridad de las fronteras y las vías marítimas de Estados Unidos, y defenderemos el espacio aéreo de nuestra nación mediante la Cúpula Dorada y un enfoque renovado en la lucha contra las amenazas de vehículos aéreos no tripulados.
Mantendremos una disuasión nuclear robusta y moderna, capaz de hacer frente a las amenazas estratégicas contra nuestro país, desarrollaremos y mantendremos formidables defensas cibernéticas, y perseguiremos y neutralizaremos a los terroristas islámicos que tienen la capacidad y la intención de atacar nuestro territorio. Al mismo tiempo, defenderemos activa y firmemente los intereses de Estados Unidos en todo el hemisferio occidental. Garantizaremos el acceso militar y comercial estadounidense a territorios clave, especialmente al Canal de Panamá, el Golfo de México y Groenlandia. Proporcionaremos al presidente Trump opciones militares creíbles para usar contra los narcoterroristas dondequiera que se encuentren.
Nos relacionaremos de buena fe con nuestros vecinos, desde Canadá hasta nuestros socios en Centroamérica y Sudamérica, pero nos aseguraremos de que respeten y contribuyan a defender nuestros intereses comunes. Y cuando no lo hagan, estaremos listos para tomar medidas específicas y decisivas que promuevan concretamente los intereses de Estados Unidos. Este es el Corolario Trump a la Doctrina Monroe, y las fuerzas armadas estadounidenses están listas para aplicarlo con rapidez, poder y precisión, como el mundo pudo comprobar en la Operación ABSOLUTE RESOLVE», aclara mencionando lo ocurrido en Caracas a principios de año.
Sentadas las bases para esa Doctrina Donroe que dé control absoluto sobre todo el continente, Washington escoge sin embargo un tono más conciliador con Pekín del que había en las Estrategias de Defensa previas, que se publican en teoría cada cuatro años. «El presidente Trump busca una paz estable, un comercio justo y relaciones respetuosas con China, y ha demostrado estar dispuesto a dialogar directamente con el presidente Xi Jinping para alcanzar esos objetivos. Pero el presidente Trump también ha demostrado la importancia de negociar desde una posición de fuerza, y ha encomendado al Departamento de Guerra que actúe en consecuencia. Buscaremos y estableceremos una gama más amplia de comunicaciones estabilidad estratégica con Pekín, así como la prevención y la reducción de conflictos en general. Sin embargo, también seremos realistas y conscientes de la velocidad, la magnitud y la calidad del histórico rearme militar de China. Nuestro objetivo no es dominar a China, ni tampoco estrangularla o humillarla. Más bien, nuestro objetivo es simple: impedir que nadie, incluida China, pueda dominarnos a nosotros o a nuestros aliados», dice el documento.»
Seremos firmes, pero no buscaremos la confrontación innecesaria. Así es como contribuiremos a hacer realidad la visión del presidente Trump de la paz a través de la fuerza en la vital región del Indo-Pacífico». Concluye.
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