Desde que Pedro Sánchez ha recuperado el histórico lema del “No a la guerra” ―que evoca el rechazo social y político a la invasión de Irak en 2003― para justificar la negativa de España a apoyar la ofensiva en Irán y negarse a permitir el uso de las bases militares españolas a EE UU, el Partido Popular no lo ha tenido fácil. “Hay incomodidad, este no es el marco que nosotros queremos”, admite un dirigente popular que resume el sentir general de puertas adentro.
Feijóo modula su discurso y se aleja del belicismo mientras algunas voces apuestan por dar perfil bajo a Aznar en la campaña de Castilla y León
Desde que Pedro Sánchez ha recuperado el histórico lema del “No a la guerra” ―que evoca el rechazo social y político a la invasión de Irak en 2003― para justificar la negativa de España a apoyar la ofensiva en Irán y negarse a permitir el uso de las bases militares españolas a EE UU, el Partido Popular no lo ha tenido fácil. “Hay incomodidad, este no es el marco que nosotros queremos”, admite un dirigente popular que resume el sentir general de puertas adentro.
Los populares sufren para fijar su postura sobre la intervención en Irán: con una opinión pública que rechaza la guerra ―casi el 70% se opone a la ofensiva, según una encuesta de 40dB. para EL PAÍS—, las dificultades del peso de su legado histórico, con las heridas de la guerra de Irak y la figura de José María Aznar, y las tensiones internas. Alberto Núñez Feijóo hace equilibrios atrapado en medio del choque entre Pedro Sánchez y Donald Trump y entre las distintas voces del PP. Mientras el líder del PP trata de definir su posición en un escenario complejo, la fundación FAES de Aznar se ha mostrado hiperactiva ―ha difundido hasta cinco comunicados en una semana― y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha anunciado su segundo viaje a EE UU en solo cinco meses.
Feijóo ha ido modulando su discurso esta semana hacia un mayor rechazo a la ofensiva militar, hasta casi llegar a entonar algo muy parecido al “No a la guerra” este viernes en la campaña de las elecciones de Castilla y León. “Todos queremos diplomacia, todos queremos parar la guerra y todos queremos la paz”, clamó el líder del PP el viernes en un mitin en La Bañeza (León).
Unas palabras que contrastan con su primer discurso, el domingo pasado, un día después de la intervención de EE UU e Israel. Entonces, Feijóo celebró la ofensiva. “El mundo es mejor cuando cae un tirano”, subrayó sobre Ali Jameneí en una carta que difundió en sus redes sociales. “Con la libertad o con los tiranos”, enfatizó, sin hacer ninguna mención a la paz ni criticar la ofensiva. A lo largo de la semana, el líder del PP también ha justificado que EE UU no haya respetado el derecho internacional. El miércoles razonó que “antes del derecho internacional están los derechos humanos, y en Irán no se protegen”. Pero en sus últimos mensajes se ha ido separando del fragor belicista hasta situarse prácticamente en el lado contrario. “Contención, evitar la escalada y volver a la negociación”, pidió el jueves. El viernes ya habló directamente de “paz”.
El problema para Feijóo es que solo un 18,7% de los españoles respalda su reacción a la guerra, según el barómetro de 40dB. Y entre los votantes del PP tampoco es muy diferente: la mayoría rechaza la intervención militar de EE UU. Apenas el 36% del electorado popular está de acuerdo, un porcentaje que sube al 53% en el caso de los de Vox.
“España no es belicista y la posición del PP no es fácil”, analiza un veterano dirigente del PP. “No te puedes alinear con Trump al 100% y tampoco con el ‘No a la guerra’. Hay que estar con Europa, con nuestros aliados. Al PSOE le interesaría que el PP tuviera una posición más belicista, que dijera que hay que ir a la guerra”.
Pero la brújula de los aliados tampoco marca un rumbo claro, y los principales referentes europeos de Feijóo, el canciller alemán, Friedrich Merz, y el ministro de Asuntos de Exteriores y vicepresidente italiano, Antonio Tajani, ambos del Partido Popular Europeo, han entonado melodías diferentes. Merz, que ha apoyado sin titubear la intervención de EE UU en Irán, enfadó al Gobierno español porque escuchó en silencio en el Despacho Oval las amenazas de Donald Trump a España sobre cortarle “todo el comercio”. Tajani ha precisado en cambio este viernes que Italia “también está en contra de la guerra” y se ha distanciado de Trump: “Tenemos que recordar que la bomba atómica la estaba preparando Irán. Nosotros somos Occidente, pero esto no quiere decir que estemos sometidos a Donald Trump”.
El diplomático gallego Ildefonso Castro diseña la estrategia en política exterior de Feijóo como secretario de Internacional del PP. Castro fue secretario de Estado de Asuntos Exteriores en el Gobierno de Mariano Rajoy, pero también formó parte de la etapa de José María Aznar como jefe de gabinete del entonces secretario de Estado de Asuntos Exteriores, Ramón Gil-Casares, que ocupó ese cargo entre 2002 y 2004, es decir, justo en la guerra de Irak. Gil-Casares también asesora ahora a Feijóo como integrante de la fundación del PP Reformismo 21. Castro “no es un diplomático acomodaticio”, dice una fuente que trabajó con él en el Gobierno, que cree que es “el menos gallego de todos” los colaboradores de Feijóo, “tiene criterio y es pugnaz”.
Como con el rechazo al genocidio en Gaza, el líder socialista explota el antagonismo con Trump, un personaje muy impopular en España, y el PP se desorienta para dar con eficacia la batalla política contra el Gobierno. “Este marco de la guerra de Irán no nos reporta nada, nosotros querríamos otro, el de la corrupción y los problemas domésticos de Sánchez. Está claro que quien pone el marco fija el camino, y los demás tienen que contraargumentar”, admite un dirigente popular, que cree que el rechazo a la guerra en Irán puede servir al PSOE “para aglutinar a votantes progresistas”.
Muestra de la tensión con la que el PP afronta la ofensiva en Irán es que los populares hayan cruzado una línea difundiendo un bulo sobre unas supuestas declaraciones de Margarita Robles de apoyo a Trump que no eran tales. La cuenta oficial del PP en X sigue manteniendo el mensaje con el bulo.
Los populares confían en que, en todo caso, a diferencia del genocidio en Gaza, Sánchez no tenga tan fácil conseguir una movilización emocional de la izquierda contra la guerra en Irán, pero sí admiten que su principal problema político son los ataques de Trump al Gobierno español, porque esos sí refuerzan al líder socialista. “En la guerra de Irak gobernábamos nosotros, pero ahora Sánchez está gobernando y tiene que cabalgar contradicciones, como el envío de la fragata a Chipre. Si es un ‘No a la guerra’ tiene que ser sin apellidos”, enfatizan en el PP. “Sánchez va buscando el enfrentamiento con Trump, pero tiene que medirlo porque EE UU podría hacernos daño y la gente también tiene miedo a las represalias. Ahora, mientras Trump le siga dando artillería… Lo que nos vendría bien es que dejara de hablar de España”.
Feijóo se mueve también marcado por la presión del ala dura de FAES y de Isabel Díaz Ayuso, que sigue estrechando su relación con EE UU. La presidenta de la Comunidad de Madrid viaja justo este fin de semana en medio de la tensión a Nueva York, en su segundo viaje a este país en cinco meses. Mientras, FAES, la fundación de José María Aznar, va casi a comunicado diario sobre la guerra en Irán. La fundación ha acusado a Sánchez de ser “el tonto útil” de este contexto y de “hacer una política exterior de Barrio Sésamo”, y ha descrito como “impostura buenista” el respeto al derecho internacional.
La figura de Aznar es un problema para el PP en este contexto, admiten algunas voces populares, partidarias de que el expresidente adopte un perfil bajo en la recta final de la campaña para las elecciones de Castilla y León del próximo 15 de marzo. La sombra de la guerra de Irak, que Aznar apoyó con el pretexto de que Sadam Husein escondía “armas de destrucción masiva” y en contra del criterio de Naciones Unidas, es alargada para el PP. En 2007, cuatro años después, Aznar admitió que no había tales armas, pero nunca ha mostrado arrepentimiento. Esta semana el expresidente del PP fue recibido a su llegada a Albacete, para la presentación de su último libro, con protestas de un grupo de ciudadanos que coreó: “¡No a la guerra!, ¡No a la guerra!”.
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