Escalada de medidas y declaraciones en el Despacho Oval: Trump presiona más a Maduro y no descarta la intervención militar

«El orden de batalla aéreo y la postura de fuerza de EEUU en la región representan cada vez más preparativos para una acción directa contra Venezuela», explica el politólogo Walter Molina Galdi Leer «El orden de batalla aéreo y la postura de fuerza de EEUU en la región representan cada vez más preparativos para una acción directa contra Venezuela», explica el politólogo Walter Molina Galdi Leer  

La escena se parece a las 16 similares que la precedieron, según el recuento realizado por CNN: «No lo descarto, no», aseguró Donald Trump a un periodista tras cuestionarle si emprendería acciones bélicas en territorio venezolano. Preguntado posteriormente sobre si su objetivo final es derrocar a Nicolás Maduro, a quien considera el máximo narco del Cártel de los Soles y contra quien el Departamento de Estado mantiene una recompensa de 50 millones de dólares, el mandatario estadounidense añadió más misterio: «Él sabe exactamente lo que quiero, lo sabe mejor que nadie».

Más allá de su papel en el crimen organizado estatal del chavismo, Maduro es la quintaesencia del dictador sangriento, que se sabe en total impunidad en Venezuela. En las últimas horas inventó un premio, Arquitecto de la Paz, para concedérselo a sí mismo y contrarrestar así el Premio Nobel de la Paz de la líder democrática, María Corina Machado. Sólo horas antes, sus jueces habían condenado a 10 años de cárcel al menor Gabriel Rodríguez (de 17 años pero prisionero político desde los 16), por terrorismo e incitación al odio.

Así están las cosas estos días en Venezuela y sus alrededores después de que Trump asestara un jaque petrolero a Maduro al ordenar el bloqueo naval contra los barcos sancionados o fantasma que transportan el oro negro desde Venezuela o trasladan diluyentes u otros componentes para la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA). Un tijeretazo millonario para la chequera de la revolución y el consiguiente frenazo a las exportaciones de crudo, principalmente a China.

La decisión también provocó el reinicio de los bombardeos contra supuestas narcolanchas, que han elevado hasta 104 las víctimas mortales tras una treintena de «operaciones letales», las dos últimas el jueves en el Pacífico cercano a Colombia.

El despliegue bélico en el Caribe, capitaneado por el portaaviones Gerald Ford, el más poderoso del planeta, arroja todos los días operativos de inteligencia y provocación, como los llevados a cabo en las últimas horas por tres cazas Super Hornet y dos aviones de guerra electrónica, que volaron en los cielos cercanos a la costa venezolana. También hizo acto de presencia el dron furtivo MQ-4C, que gracias a su autonomía y sus sobrevuelos a gran altura espía los sistemas antiaéreos del chavismo.

Una escalada que no cesa. «El orden de batalla aéreo y la postura de fuerza de EEUU en la región representan cada vez más preparativos para una acción directa contra Venezuela, en lugar de mensajes estratégicos o una demostración de fuerza. Los anticuados sistemas de defensa aérea representan una amenaza creíble para las operaciones aéreas estadounidenses si no se abordan. Sin embargo, sus vulnerabilidades los hacen altamente susceptibles a los métodos modernos de ataque electrónico», desvela el politólogo Walter Molina Galdi.

Marco Rubio, secretario de Estado, ha recordado cuál es el interés de EEUU en su Ofensiva Lanza del Sur: «La amenaza que enfrenta EEUU es un régimen ilegítimo que coopera abiertamente con Irán, con Hizbulá, con narcotraficantes, como el ELN y las FARC, que operan dentro del territorio venezolano. Cooperan abiertamente con elementos terroristas que amenazan la seguridad de EEUU. Es nuestro derecho».

La escalada de medidas y de declaraciones mantiene sobre la mesa del Despacho Oval la posibilidad de un enfrentamiento directo, que inquieta sobremanera a los principales aliados o socios del chavismo. Según ha publicado la revista brasileña Veja, el ministro de Exteriores brasileño, Mauro Vieira. recibió el miércoles la orden directa de Lula da Silva de no ausentarse del país durante la Navidad ante el temor de que EEUU desencadene un ataque contra la revolución bolivariana.

El propio mandatario ha intentado mediar entre ambos gobiernos para evitar una «guerra». Una mediación que fracasó estrepitosamente el año pasado tras el megafraude electoral protagonizado por Nicolás Maduro, quien ni siquiera contestó al teléfono al presidente brasileño.

La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, ha intervenido en parecidos términos, siempre con la excusa de la soberanía nacional y la autodeterminación de los pueblos, pese a que chavismo se mantiene en el poder de forma fraudulenta. En Venezuela, el pueblo ya habló el año pasado de forma diáfana, otorgando siete millones de apoyos al candidato democrático, Edmundo González Urrutia, frente a los tres de Maduro.

«La experiencia comparada es clara: los regímenes autoritarios solo negocian en serio cuando sienten que el costo de no hacerlo aumenta. La diplomacia coercitiva no garantiza una solución, pero sin ella, ya sabemos el resultado: estancamiento, simulación y más represión. Por eso, más allá de EEUU, este es el punto central: la presión con consecuencias reales ya es parte del tablero venezolano. Ignorarla sería repetir errores y darle mas aire y tiempo al autoritarismo», resume Rafael Uzcátegui, director del Laboratorio de Paz.

 Internacional // elmundo

Te puede interesar