GFT, la gran fábrica alemana de ‘software’ con corazón y cerebro español que no cree en el fin de los desarrolladores: «El ‘software’ va a ser más barato y harán falta más»

Manuel Lavín lidera la división europea de la tecnológica alemana que busca doblar su tamaño de aquí a 2029 apoyada en la IA y la reconversión de la economía alemana Leer Manuel Lavín lidera la división europea de la tecnológica alemana que busca doblar su tamaño de aquí a 2029 apoyada en la IA y la reconversión de la economía alemana Leer  

La de Manuel Lavín es una de esas historias que aparecen en la hoja de ruta de toda operación corporativa, pero que no se cumplen en un 99% de los casos. Fundador en el año 2000 de la firma de servicios digitales Adesis Netlife, el directivo pasó a trabajar en GFT en 2015, cuando la gran fábrica de software y servicios digitales alemana compró su empresa. Lejos de estar unos años en un rol testimonial y hacer las maletas a otro destino, Lavín se quedó, primero como director de desarrollo digital del grupo y desde julio de 2021 comodirector general en España. Ahora, desde comienzos de año, afronta un nuevo reto: la dirección de Europa Central, una división que en una empresa alemana implica gestionar el negocio original del grupo, pero también Italia, Francia, Bélgica y Suiza.

Lavín asume el reto en un momento transformacional para GFT. La fábrica de software se enfrenta a su propia redefinición por la inteligencia artificial (IA) y la necesidad de ayudar a transformar una economía alemana en plena crisis de identidad, mientras la compañía crece más allá del Atlántico y se marca su propio objetivo: duplicar su tamaño en cuatro años y llegar a 1.500 millones de euros en 2029. El reto es mayúsculo porque se desarrolla en un mercado, el de los servicios digitales, que no está creciendo apenas tras la euforia poscovid y el aluvión de fondos públicos. Un camino que en Europa se recorrerá ‘a la española’ y en el que puede haber más operaciones de compras.

El origen de GFT en España está precisamente en una adquisición: el negocio digital de Deutsche Bank. Como el banco tenía parte de su infraestructura tecnológica en Sant Cugat (Cataluña), el grupo alemán se hizo fuerte en el país. Desde entonces, la entidad ha pasado de tener una plantilla de50 personas a 2.300, lo que representa un porcentaje significativo de los 5.500 trabajadores que hay en Europa y los alrededor de 12.000 que emplea la compañía a nivel mundial. «Competimos con cualquier país a nivel de calidad e innovación tecnológica. La oficina de GFT en Londres se abrió desde España, también Estados Unidos, México, Brasil… JP Morgan está haciendo un proyecto de transformación de su core bancario con tecnología que hacemos desde España», reivindica Lavín.

Las infraestructuras originales de Sant Cugat son ahora el gran centro de innovación en industria y retail del grupo, que también cuenta en España con un centro de ciberseguridad en Zaragoza, otro centrado en datos y nube en Valencia y un centro de IA distribuido entre Madrid, Barcelona y Lleida.

El desarrollo de GFT a lo largo de su historia está ligado a la banca, su principal cliente y nicho de especialización, aunque cada vez crece más en otras áreas como seguros e industrias. Entre sus proyectos estrella se encuentra el desarrollo de stablecoins europeas para un consorcio de bancos continentales y el euro digital.

«Sustituir una moneda física por una digital es algo con lo que hay que tener mucho cuidado. Hay que tener seguridad técnica, seguir dando pasos. El otro día estaba discutiendo con unos amigos y decían que tenía que ir más rápido. Y sí, pero si luego te pasa un apagón como hace unos meses, ¿qué haces? ¿Colapsas? Hay que tener todos los temas bien trabajados», defiende Lavín.

El ejecutivo, eso sí, reconoce que el espacio está creado y el éxito de las stablecoin americanas, por lo que es necesario que Europa busque esta soberanía. «Si no cubrimos el hueco a nivel de Europa y con el euro, lo va a llenar otro».

Otro punto donde Europa está en el centro es el ámbito de la defensa, donde la ciberseguridad juega un rol clave. «Estamos trabajando con algunos de los principales campeones europeos de defensa, aportando nuestra capacidad tecnológica. Uno de los puntos es ver cómo nuestra tecnología tradicional la podemos adaptar a este mundo», señala el ejecutivo.

El otro gran cliente clásico de GFT es la industria alemana, que vive horas bajas. Si hubo un tiempo que ser una empresa alemana era un extra a la hora de posicionarse internacionalmente, ahora no se viven esos tiempos, aunque Lavín defiende que la etiqueta alemana y europea sigue teniendo valor. «Creo que ser alemán es un plus. Tal y como está la situación geopolítica, ser un gran campeón europeo para lo que son las empresas europeas es un plus. Ven que hay una alternativa a americanos y asiáticos», subraya.

En este sentido, reconoce que la industria de la automoción alemana «no está pasando por sus mejores momentos», lo que no es impedimento para que GFT vea una «gran oportunidad» en esta transición. «(La industria) Sí está haciendo esta reconversión a lo que es la transformación digital y ahí es donde nosotros creemos que hay una gran oportunidad. Creo que los alemanes son muy amigos de abrazar las innovaciones tecnológicas y no tienen miedo«, remarca.

Como no puede ser de otra manera en la industria tecnológica, la IA también está jugando un rol clave en cómo se transforma la demanda de los clientes y la propia compañía. GFT lleva trabajando con esta tecnología desde los RPA (automatización clásica) y ahora ha lanzado Winx, su plataforma de desarrollo de código con IA que busca hacer más fácil orquestar el uso de esta tecnología e integrarla en la empresa, uno de los principales desafíos, como ocurre con los agentes. En uno de sus últimos casos de uso, la aseguradora brasileña Bradesco ha aumentado un 40% la productividad de los desarrolladores gracias a esta tecnología.

Para Lavín hay tres pilares que marcan una adopción exitosa. Los dos primeros son básicos en el mundo digital: unos datos cuidados y una arquitectura informática que permita integrar la nueva tecnología y dar servicio a toda la empresa. El tercero es básico en todos los ámbitos: sentarse y pensar antes de ejecutar. «Para adoptar una tecnología como los agentes tienes que tener gente interna que sepa pensar, decir en qué consiste, hasta dónde puedes llegar para ver por dónde quieres ir y definir una estrategia. Si no, volver atrás es muy complicado», señala el director europeo de GFT.

«Ahora los equipos son más productivos. Así que la hora de tu desarrollador vale un 50% más.

Manuel Lavín, CEO de GFT para Europa Central

El directivo cree que para un negocio como el que dirige, la IA generativa será transformadora porque va a permitir crear mucho más software que antes no se hacía porque se tardaba demasiado o era demasiado caro. «Me preguntan, ¿la gente que hace software os vais a quedar sin trabajo? Yo creo que es al revés. Es una oportunidad porque va a ser más barato y ahí, ¿qué pasa? Que la gente hace más software y hará falta más capacidad», predice el directivo. «Antes una entidad financiera implementaba un software a 15 o 20 años porque el coste de amortización era alto. Ahora, a lo mejor a los tres años lo cambia», señala.

Esto también cambia profundamente el modo de trabajo de compañías como GFT. Antes el software se facturaba esencialmente por horas trabajadas. «Ahora los equipos son más productivos. Así que la hora de tu desarrollador vale un 50% más».

Esto es un cambio de mentalidad que para los equipos de compras es difícil de asimilar», subraya Lavín, que apunta a que ahora la compañía no solo facturará por sus trabajadores humanos, sino también por los agentes de IA presentes en el proyecto.

Una disrupción del modelo que ha regido en las últimas décadas que Lavín cree que puede orientarse a un pago por el producto. «Si quieres hacer esta solución, yo te doy un precio y me pagas por el resultado que genero. Así yo ya puedo ser más productivo y tú vas a valorar lo que te llevo, no las horas que me ha costado a mí producirlo», subraya el directivo, que cree que, actualmente, con equipos de 30 trabajadores más IA se puede hacer lo que antes hacían 50 desarrolladores.

Un horizonte en el que no sobran los trabajadores más jóvenes, al contrario. «Estamos estigmatizando una generación cuando son oleadas que estamos incorporando y son prácticamente nativos en IA. Los que estamos incorporando están siendo súper eficientes y productivos», asegura Lavín.

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