‘Un rey es rey hasta que se muere, lo es para toda la vida’. Harald de Noruega cumplió su palabra regia. Solo la muerte, acaecida este 27 de agosto, le ha apartado del trono, a los 89 años, a pesar de que sus prolongados problemas de salud lo tenían más fuera que dentro de la agenda oficial desde hace años y muchos veían conveniente la abdicación en su hijo Haakon.
Desde luego, los daños colaterales que Haakon (53 años) ha sufrido con el caso Marius (el hijo de su mujer, Mette-Marit, condenado por violación) y la desconfianza de los noruegos con la institución gracias a este asunto penal, han influido en que ese paso atrás de Harald solo lo haya dado la enfermedad y finalmente el fallecimiento. Para entender su compromiso, hay que decir que Harald no aprobó en su momento la renuncia de Beatriz de Holanda, Alberto de Bélgica, Juan Carlos I y de Margarita de Dinamarca, que de hecho, siguen vivos y coleando y con sus herederos al frente de monarquías europeas modernas y rejuvenecidas.
Harald V de Noruega (Asker, 21 de febrero de 1937), accedió a la corona en 1991, cuando sucedió a su padre, Olaf V, que estaba casado con la reina Marta. Harald fue el primer rey nacido en Noruega desde hacía casi seis siglos por diferentes circunstancias. La familia de Harald, comandada por Olaf, vivía exiliada en Londres debido a la invasión nazi del país durante la II Guerra Mundial. Harald tenía dos hermanas, una de las cuales, Astrid, le sobrevive a sus 94 años.
El monarca noruego se ha caracterizado por marcar de forma muy pesonal su propia vida, empezando por la amorosa. Protagonizó en su juventud un episodio nunca visto antes en una monarquía, ni en Noruega, ni en Europa. Se enamoró de la hija de un comerciante, Sonia, lo que provocó una rotunda oposición a la relación en un principio.
Pero ese príncipe grande y testarudo estaba dispuesto a todo, incluyendo la renuncia a la sucesión, con tal de casarse con esa joven menuda nacida también en 1937, que había estudiado diseño de moda, vivido en un internado suizo para señoritas y finalmente, en la universidad, se había formado en historia del arte. La pareja celebró sus bodas de oro, con muchos fastos, marca de la casa, en 2018.
Probablemente, el empeño de Harald por casarse con una plebeya fue el espejo en el que se tuvo que mirar cuando muchos años después, su hijo Haakon le notificó que se había enamorado de una madre soltera sin estudios ni molde aristocrático: Mette-Marit. Haakon y la joven rubia sin oficio ni beneficio, más que el amor sin más, se casaron hace ahora 25 años.
También su hija Marta Luisa (mayor que Haakon dos años, pero sin derechos sucesorios) se casó en 2024 con el pretendiente posiblemente más inesperado que el monarca podía imaginar: un chamán americano al que conoció en el mundo esotérico al que ella se dedica. Posiblemente, Harald también tuvo que mirar su propio pasado para autorizar esta boda inusual en la realeza.
Harald se caracterizó por una línea muy personal de ‘gobernar’. Se casó, como se ha dicho, por amor, juró que nunca abdicaría (como ha hecho) bajo el lema mencionado de que ‘un rey lo es para toda la vida’ y asumió una reforma muy importante en 2016: respaldó una decisión histórica al impulsar y aceptar la separación formal entre la Iglesia Luterana Evangélica y el Estado noruego. Con este cambio constitucional, el rey dejó de ser la máxima autoridad de la iglesia nacional, promovió un estado más laico y adaptó la pluralidad religiosa a la Noruega contemporánea.
En su casa, también aplicó mano dura en las cuestiones económicas planteadas por su hija Marta Luisa. En 2022, acordó con ella que renunciara a sus funciones institucionales y oficiales para evitar que sus negocios privados interfirieran con la corona. Marta Luisa también protagonizó un episodio muy doloroso. Separada del escritor Ari Behn, un personaje de la corte que tampoco parecía encajar y padre de sus tres hijas, se quitó la vida en la Navidad de 2019. A pesar de que ya no convivían, ese trágico hecho afectó mucho a la familia real.
En septiembre de 2024, Harald decretó una delimitación drástica en la estructura monárquica, estableciendo quiénes ejercen deberes oficiales en nombre del monarca y quiénes pertenecen únicamente a la familia del Rey. Una medida que ya habían tomado, por ejemplo, Felipe VI en España y Margarita de Dinamarca.
Harald deja cinco nietos (seis si se cuenta a Marius, al que le profesaba gran cariño a pesar de sus vaivenes penales): Ingrid Alejandra (de 22 años) es la hija mayor y heredera de la corona, ahora que su padre se convertirá en el nuevo rey de Noruega. Su hermano Sverre Magnus, cuatro años menor, ha crecido a su sombra para convertirse en su colaborador cuando llegue el momento. Ambos han llevado con discreción y al mismo tiempo afecto, el caso de su hermano Marius, al que están muy unidos.
Marta Luisa tiene tres hijas: Maud Angélica, Leah Isadora y Emma Talullah. Ninguna tiene representación oficial y todas se dedican a asuntos relacionados con la televisión, el arte y la hípica.
Los noruegos profesaban un aprecio notable al rey fallecido, al que solian referirse como «el abuelo de toda Noruega», si bien, los últimos años sus ausencias por salud y sus frecuentes vacaciones fuera del país le habían proporcionado alguna que otra crítica. Dos veces tuvo que ser ingresado mientras estaba descansando en lugares tan paradisíacos como Tenerife y Malasia. Desde ambos lugares, debió ser trasladado en un avión medicalizado a Noruega.
Sus problemas de movilidad le obligaban a caminar con bastón o muletas desde hace tiempo. Aun así, asistió al 80 cumpleaños de su vecino y primo Carlos Gustavo de Suecia, en abril pasado. Mientras pudo, Harald no se perdió ni un festejo de los organizados por otras cabezas coronadas, desde bodas reales (estuvieron en la de los príncipes de Asturias Felipe y Letizia), a aniversarios, cumpleaños, bautizos…
Sus ciudadanos consideran que ha realizado una labor importante al unir al pueblo, que se volcó en las horas previas a su muerte llevando flores al palacio real, sin saber cuánto le quedaría de vida. Desde que la conoció y apostó por ella, todo lo ha hecho acompañado de la reina Sonia, que se encontraba al pie de su cama cuando ha fallecido. Amor de verdad hasta el final.
El monarca noruego, a pesar de sus prolongados problemas de salud, nunca pensó en abdicar en su hijo y a su modo, desaprobó que otros reyes europeos lo hicieran.
‘Un rey es rey hasta que se muere, lo es para toda la vida’. Harald de Noruega cumplió su palabra regia. Solo la muerte, acaecida este 27 de agosto, le ha apartado del trono, a los 89 años, a pesar de que sus prolongados problemas de salud lo tenían más fuera que dentro de la agenda oficial desde hace años y muchos veían conveniente la abdicación en su hijo Haakon.
Desde luego, los daños colaterales que Haakon (53 años) ha sufrido con el caso Marius (el hijo de su mujer, Mette-Marit, condenado por violación) y la desconfianza de los noruegos con la institución gracias a este asunto penal, han influido en que ese paso atrás de Harald solo lo haya dado la enfermedad y finalmente el fallecimiento. Para entender su compromiso, hay que decir que Harald no aprobó en su momento la renuncia de Beatriz de Holanda, Alberto de Bélgica, Juan Carlos I y de Margarita de Dinamarca, que de hecho, siguen vivos y coleando y con sus herederos al frente de monarquías europeas modernas y rejuvenecidas.
Harald V de Noruega (Asker, 21 de febrero de 1937), accedió a la corona en 1991, cuando sucedió a su padre, Olaf V, que estaba casado con la reina Marta. Harald fue el primer rey nacido en Noruega desde hacía casi seis siglos por diferentes circunstancias. La familia de Harald, comandada por Olaf, vivía exiliada en Londres debido a la invasión nazi del país durante la II Guerra Mundial. Harald tenía dos hermanas, una de las cuales, Astrid, le sobrevive a sus 94 años.
El monarca noruego se ha caracterizado por marcar de forma muy pesonal su propia vida, empezando por la amorosa. Protagonizó en su juventud un episodio nunca visto antes en una monarquía, ni en Noruega, ni en Europa. Se enamoró de la hija de un comerciante, Sonia, lo que provocó una rotunda oposición a la relación en un principio.

Pero ese príncipe grande y testarudo estaba dispuesto a todo, incluyendo la renuncia a la sucesión, con tal de casarse con esa joven menuda nacida también en 1937, que había estudiado diseño de moda, vivido en un internado suizo para señoritas y finalmente, en la universidad, se había formado en historia del arte. La pareja celebró sus bodas de oro, con muchos fastos, marca de la casa, en 2018.
Probablemente, el empeño de Harald por casarse con una plebeya fue el espejo en el que se tuvo que mirar cuando muchos años después, su hijo Haakon le notificó que se había enamorado de una madre soltera sin estudios ni molde aristocrático: Mette-Marit. Haakon y la joven rubia sin oficio ni beneficio, más que el amor sin más, se casaron hace ahora 25 años.

También su hija Marta Luisa (mayor que Haakon dos años, pero sin derechos sucesorios) se casó en 2024 con el pretendiente posiblemente más inesperado que el monarca podía imaginar: un chamán americano al que conoció en el mundo esotérico al que ella se dedica. Posiblemente, Harald también tuvo que mirar su propio pasado para autorizar esta boda inusual en la realeza.
Harald se caracterizó por una línea muy personal de ‘gobernar’. Se casó, como se ha dicho, por amor, juró que nunca abdicaría (como ha hecho) bajo el lema mencionado de que ‘un rey lo es para toda la vida’ y asumió una reforma muy importante en 2016: respaldó una decisión histórica al impulsar y aceptar la separación formal entre la Iglesia Luterana Evangélica y el Estado noruego. Con este cambio constitucional, el rey dejó de ser la máxima autoridad de la iglesia nacional, promovió un estado más laico y adaptó la pluralidad religiosa a la Noruega contemporánea.

En su casa, también aplicó mano dura en las cuestiones económicas planteadas por su hija Marta Luisa. En 2022, acordó con ella que renunciara a sus funciones institucionales y oficiales para evitar que sus negocios privados interfirieran con la corona. Marta Luisa también protagonizó un episodio muy doloroso. Separada del escritor Ari Behn, un personaje de la corte que tampoco parecía encajar y padre de sus tres hijas, se quitó la vida en la Navidad de 2019. A pesar de que ya no convivían, ese trágico hecho afectó mucho a la familia real.
En septiembre de 2024, Harald decretó una delimitación drástica en la estructura monárquica, estableciendo quiénes ejercen deberes oficiales en nombre del monarca y quiénes pertenecen únicamente a la familia del Rey. Una medida que ya habían tomado, por ejemplo, Felipe VI en España y Margarita de Dinamarca.
Harald deja cinco nietos (seis si se cuenta a Marius, al que le profesaba gran cariño a pesar de sus vaivenes penales): Ingrid Alejandra (de 22 años) es la hija mayor y heredera de la corona, ahora que su padre se convertirá en el nuevo rey de Noruega. Su hermano Sverre Magnus, cuatro años menor, ha crecido a su sombra para convertirse en su colaborador cuando llegue el momento. Ambos han llevado con discreción y al mismo tiempo afecto, el caso de su hermano Marius, al que están muy unidos.

Marta Luisa tiene tres hijas: Maud Angélica, Leah Isadora y Emma Talullah. Ninguna tiene representación oficial y todas se dedican a asuntos relacionados con la televisión, el arte y la hípica.
Los noruegos profesaban un aprecio notable al rey fallecido, al que solian referirse como «el abuelo de toda Noruega», si bien, los últimos años sus ausencias por salud y sus frecuentes vacaciones fuera del país le habían proporcionado alguna que otra crítica. Dos veces tuvo que ser ingresado mientras estaba descansando en lugares tan paradisíacos como Tenerife y Malasia. Desde ambos lugares, debió ser trasladado en un avión medicalizado a Noruega.
Sus problemas de movilidad le obligaban a caminar con bastón o muletas desde hace tiempo. Aun así, asistió al 80 cumpleaños de su vecino y primo Carlos Gustavo de Suecia, en abril pasado. Mientras pudo, Harald no se perdió ni un festejo de los organizados por otras cabezas coronadas, desde bodas reales (estuvieron en la de los príncipes de Asturias Felipe y Letizia), a aniversarios, cumpleaños, bautizos…
Sus ciudadanos consideran que ha realizado una labor importante al unir al pueblo, que se volcó en las horas previas a su muerte llevando flores al palacio real, sin saber cuánto le quedaría de vida. Desde que la conoció y apostó por ella, todo lo ha hecho acompañado de la reina Sonia, que se encontraba al pie de su cama cuando ha fallecido. Amor de verdad hasta el final.
20MINUTOS.ES – Gente
