El secretario del Ejército y cercano a JD Vance dimite tras meses de enfrentamientos por la gestión de las Fuerzas Armadas Leer El secretario del Ejército y cercano a JD Vance dimite tras meses de enfrentamientos por la gestión de las Fuerzas Armadas Leer
En el nuevo Departamento de Defensa, rebautizado por la presente Administración como Departamento de Guerra, solo rige una ley: la de Pete Hegseth. Solo los periodistas dispuestos a supeditar su trabajo a la aprobación previa del Gobierno están autorizados a cubrir el Pentágono y lograr una promoción ya no depende de los méritos del candidato, como estaba establecido desde hace décadas, sino de la aprobación del propio secretario de Defensa, un Hegseth que en tan solo año y medio ha firmado una purga casi interrumpida. El lunes presentó su dimisión el secretario del Ejército de Estados Unidos, Dan Driscoll, tras meses de tensión por la gestión de las Fuerzas Armadas.
Con su salida, el Pentágono se queda sin líderes civiles o militares confirmados por el Senado, una dimisión esperada por los constantes enfrentamientos entre ambos y el descontento de Driscoll a raíz de los despidos de algunos generales que estaban a su cargo, como Randy George. La semana pasada, Driscoll estuvo presente en la ceremonia de despedida del general Chris Donahue, a quien Hegseth degradó de puesto tras haberse desempeñado como el oficial de mayor rango del Ejército en Europa.
Driscoll, secretario del Ejército desde febrero de 2025 y antiguo compañero de promoción y amigo de toda la vida del vicepresidente JD Vance, llegó a ser visto en algún momento como un posible sustituto del propio Hegseth al frente del departamento. Esa cercanía con Vance y la confianza que Trump depositó en él lo convirtieron en una figura con peso propio, algo que chocaba con el estilo de Hegseth.
Mientras Hegseth construía su imagen pública en torno a su guerra cultural contra el wokismo en las Fuerzas Armadas, Driscoll y George se mostraban centrados sobre todo en cuestiones más técnicas: modernización de equipos, doctrina y preparación del Ejército. Esa diferencia de prioridades fue erosionando la relación hasta convertirla en lo que varios medios estadounidenses describieron como una auténtica «guerra de poder» de meses de duración entre ambos secretarios, en paralelo a bloqueos de Hegseth a ascensos de varios oficiales superiores del Ejército que Driscoll respaldaba.
El detonante explícito de las tensiones fue la política de Hegseth de cesar a generales del Ejército que, según Driscoll, eran precisamente los responsables de ejecutar la modernización y la transformación de la fuerza que él mismo impulsaba. Driscoll trasladó al Gobierno de Trump su preocupación porque, en su opinión, Hegseth estaba saboteando esos esfuerzos «despidiendo específicamente a los generales que eran sus responsables».
La lista de bajas en el entorno más próximo a Driscoll es larga: en febrero de 2025 Hegseth ordenó el cese del coronel David Butler, asesor de Driscoll. En abril cesó al jefe del Estado Mayor del Ejército, el general George. Y en octubre se retiró el general James Mingus, vicejefe del Estado Mayor. A ello se suma la destitución del general Donahue, cuyo puesto y el de Mingus acabaron cubiertos por un solo oficial de alto rango, una decisión que resume el estilo de concentración de poder de Hegseth y que inquietó a varios republicanos en el Congreso.
El domingo, The New York Times dio cuenta de cuatro promociones que Hegseth ha decidido bloquear por tratarse de personal que trabaja con generales que no son de su agrado, de acuerdo a fuentes dentro y fuera del Pentágono. En lo que va de 2026, 45 oficiales que eran candidatos a escalar en la jerarquía militar se han quedado sin ascenso, violando las mismas leyes que regulan el sistema de promociones.
A eso hay que añadir la limpia que ha hecho después de su llegada. Tan solo tres meses después de su llegada, el 15 de abril, su asesor Dan Caldwell fue escoltado fuera de las instalaciones y puesto en suspensión administrativa por una investigación sobre filtraciones. Al día siguiente corrieron la misma suerte Darin Selnick, subjefe de gabinete del departamento, y Colin Carroll, jefe de gabinete del subsecretario Steve Feinberg. Los tres fueron despedidos sin que jamás se les explicara con claridad de qué se les acusaba, algo que denunciaron públicamente como «ataques infundados» orquestados desde el propio entorno de Hegseth.
Dos días después llegó otra baja. John Ullyot, asistente de prensa, dijo que le habían «pedido que dimitiera» y describió la situación como un auténtico «colapso» en el Pentágono. En julio se marchó también Justin Fulcher, asesor de Hegseth procedente del DOGE de Elon Musk, tras protagonizar un episodio bochornoso en el que acusó a un compañero de haber llamado a la policía del edificio contra él.
La sangría no se ha limitado al círculo civil. Hegseth ha cesado o forzado la salida de más de dos docenas de altos mandos militares, empezando por el jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Charles CQ Brown, al que había pedido públicamente que fuera despedido por su «enfoque woke» antes incluso de tomar posesión del cargo.
Todo ello en pleno conflicto militar con Irán y con la tensión creciente entre los miles de soldados desplegados en Oriente Próximo, sin una idea clara de cuándo podrán regresar a casa. Con Hegseth, el Pentágono se ha vuelto un polvorín.
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