Indignación por el escándalo que salpica a la Administración de Zelenski: «Es repugnante ver cómo los políticos se benefician con la sangre de los ucranianos»

El llamado ‘Museo de la Corrupción’, la antigua residencia del ex presidente Viktor Yanukovich, o el ‘caso Midas’, que afecta a la actual Administración de Zelenski, son ejemplos de una lacra que ha sido una constante en el país desde su independencia en 1991 Leer El llamado ‘Museo de la Corrupción’, la antigua residencia del ex presidente Viktor Yanukovich, o el ‘caso Midas’, que afecta a la actual Administración de Zelenski, son ejemplos de una lacra que ha sido una constante en el país desde su independencia en 1991 Leer  

Frente al antiguo domicilio de Viktor Yanukovich, Valdyslav Kondratyuk, un ex militar de 29 años, no sabe que le produce más aversión: la insultante opulencia del complejo que ocupó el ex presidente de Ucrania, o las noticias sobre el escándalo que sacude la Administración del actual jefe de Estado, Volodimir Zelenski.

Kondratyuk decidió visitar este fin de semana el enorme recinto donde residió Yanukovich -entre 2002, cuando se convirtió en primer ministro del país, y el 21 de febrero del 2014, cuando se vio obligado a huir de país acosado por una revuelta popular-. Lo hizo tras conocer las noticias que informaban sobre el llamado caso Midas, una trama de malversación en la se han visto implicados varios allegados de Zelenski y que este viernes provocó la renuncia de su asistente más cercano, Andrii Yermak. «Quería ver cómo vive una persona que robó a Ucrania», precisa frente a las puertas de la vivienda del antiguo mandatario.

Para un ex preso de las cárceles rusas -sólo fue liberado el pasado 23 de mayo tras pasar 26 meses prisionero-, lo que está ocurriendo sólo se puede definir con una palabra: «repugnante». «Me siento totalmente defraudado. Ver cómo alguien se enriquece con la sangre de los ucranianos, cuando hay miles de muertos en la guerra, es repugnante«, señala.

El ex soldado era uno de las decenas de personas que acudieron este fin de semana a recorrer la llamada Residencia Mezhyhiria, ubicada en las afueras de Kiev y que ocupa un territorio de 140 hectáreas.

Apodado el Museo de la Corrupción, la finca -antigua sede de un monasterio de la era cosaca, de la que se apropió Yanukovich- incluye un zoológico, campo de golf, un museo de vehículos de época, pista de helicóptero, un enorme Spa y hasta un restaurante con forma de galeón español, instalado en la ribera del río Dnipro, que fluye al costado del ex domicilio presidencial. Los expertos estimaron que el coste de estas infraestructuras -jalonadas de lagos artificiales y estatuas del clasicismo griego y romano- rondó los 1.000 millones de dólares.

«Piensen que todo esto se pagó con su dinero», explica la guía que dirige al grupo de ucranianos que se adentra por la vivienda que ocupó Yanukovich.

El palacio de 3.000 metros cuadrados y 76 habitaciones es un exceso perpetuo. Desde el mármol italiano que se usó para los suelos de las dos primeras plantas, a las 30 clases de maderas exóticas que se utilizaron para las zonas cubiertas por parquet, las armaduras importadas de España por valor de 10.000 euros -cada una-, la piel de un caimán de varios metros que adorna la mesa del comedor o el perpetuo color oro con el que se pintaron todos los grifos, pomos y agarraderas del lugar.

El dirigente se esmeraba en elegir los objetos en base a su rareza. O directamente por su precio disparatado. Bebía coñac armenio de una barrica construida con madera de Costa de Marfil. Jugaba al billar con bolas fabricadas con marfil de elefante. Y tanto el piano de su salón -que costó 225.000 dólares- como la caja de música suiza sita en la sala de billar -cuyo precio fue de 456.000 euros- fueron ediciones limitadas.

«Sólo se fabricaron 25 pianos y 25 cajas de este tipo. Lo sabemos porque se recuperaron las facturas cuando Yanukovich huyó del país y la vivienda fue ocupada por los activistas», aclara la ucraniana que acompaña a los visitantes.

Sólo el salón ocupa más de 200 metros cuadrados y está adornado por candelabros cuyo precio total supera los 30 millones de euros. «Esta alfombra italiana costó 280.000 euros», apunta la guía. Lo más inaudito es que la descomunal morada sólo era ocupada por Yanukovich, su pareja, y la hija de ésta.

El presidente se trasladaba hasta el Spa por medio de un túnel subterráneo de 100 metros que lo conectaba con su casa para no tener que salir al exterior. Allí podía disfrutar de las comodidades propias de estos habitáculos -tenía hasta una gruta de sal- pero también de una bolera, un ring de boxeo, gimnasio y una pista de tenis.

Denys Tarakhkotelyk fue uno de los primeros ucranianos que entraron en Mezhyhiria el 22 de febrero de 2014, sólo horas después de que Yanukovich la abandonara.

El activista, junto a un grupo de amigos, consiguió salvar la residencia del saqueo pero también decidió quedarse más de una década en el sitio. «Lo hice para preservarla, para que todo eso (el lujo desmesurado) sirviera para educar a las nuevas generaciones. El palacio de Yanukovich sirvió de modelo para los políticos ucranianos, pero en el mal sentido. Todos quieren tener lo mismo», argumenta.

El Museo de la Corrupción es sólo el apogeo de una lacra que ha acompañado a Ucrania desde su independencia en 1991 y que ahora ha vuelto a generar el furor social con el caso Midas.

Imagen de archivo del presidente Zelenski con su hasta el viernes jefe de Gabinete, Andriy Yermak.
Imagen de archivo del presidente Zelenski con su hasta el viernes jefe de Gabinete, Andriy Yermak.AFP

La salida del poder de Andrii Yermak -a quien se consideraba el cerebro gris de esta Administración- no ha puesto fin a las críticas que ahora muchos dirigen hacia el propio Zelenski. La semana pasada Alexander Rodnyansky, un economista que enseña en la Universidad de Cambridge y que hasta el año pasado ofició como asesor en estos asuntos del presidente ucraniano, arremetió contra el dirigente y el sistema que ha creado en una columna en The Economist.

«La pregunta tabú ahora no es si la corrupción está generalizada, sino si el liderazgo actual sigue siendo parte de la solución o se ha convertido en parte del problema», inquirió el experto tras acusar a Zelenski de ser el máximo responsable de una Administración basada en «la lealtad y no la competencia» y donde la eficiencia se mide por la capacidad de superar escándalos «y no de prevenirlos».

Para la columnista del diario Pravda de Ucrania, Angela Skrylyeva-Popova, la investigación ha supuesto un enorme varapalo para la valoración pública de Zelenski cuyo índice de aceptación estaría -según su estimación- entre el 20 y el 45%.

«La sociedad percibe el escándalo como una traición», escribió reciente en esa publicación pero en ese mismo texto la psicóloga explicaba la escasa movilización popular al respecto con el argumento de que pesa más «el miedo» de que «las protestas» repercutan en la prioridad del país: la guerra para frenar la invasión rusa.

«Es lógico que el miedo al caos.. a que se produzca un colapso en el frente, sea mayor que el enfado ante la corrupción», opinó.

Denis Tarakhkotelyk, que participó en la algarada popular del 2014, también comparte esa aprehensión y «agradece» a la Oficina Nacional Anticorrupción que «no haya revelado toda la información». «La prioridad es salvar al país. Y no podríamos hacerlo con otra revolución como la del 2014», apostilla.

La hipótesis de Skrylyeva-Popova concuerda con la escasa veintena de personas que se reunieron este sábado para protestar contra el caso Midas. María Barabash, una militante que lucha contra la corrupción, nunca ha conseguido congregar a más de unos cientos de personas desde que inició su llamamiento a manifestarse hace varias semanas.

«Nos han acusado de prorrusos, de ser agentes americanos.. La corrupción es un enorme problema porque se basa en la impunidad de los que la cometen. Y está extendiéndose por la sociedad. La gente ve que los que nos lideran aceptan sobornos y no reciben ningún castigo, y deciden imitarlos«, afirma.

La barahúnda mediática y judicial generada por Midas en Ucrania ha hecho recordar a los ciudadanos de este país el interminable listado de situaciones similares que han vivido en el pasado. Todos los presidentes del país desde su independencia en 1991 se han visto salpicados por corruptelas vinculadas a su núcleo más cercano.

El primer jefe de Estado, Leonid Kravchuk, vio cómo su hijo Oleksandr, se veía implicado en la desaparición de la flota mercante del Mar Negro a partir de 1993 ante la venta irregular de cientos de navíos. El proceso judicial terminó aparcado.

Al sucesor de Kravchuk, Leonid Kuchma, se le considera el artífice del sistema basado en la proliferación de oligarcas que ha dominado la economía local desde su égida (1994-2005) al promover una privatización de empresas estatales tan masiva como controvertida. Kuchma fue acusado de un listado interminable de tropelías y vinculado a numerosos casos como el Kuchmangate. No sólo se fueron corruptelas sino señalamientos sobre su hpotética participación en el asesinato de personajes díscolos como el periodista independiente Gerogiy Gongadze en el 2000. El presidente enfrentó varios señalamientos ante los tribunales por abuso de poder, homicidio o secuestro, pero todos ellos fueron archivados por la justicia.

Oleksandr Zinchenko, que había sido jefe de la oficina presidencial, acusó al siguiente titular de ese cargo, Víktor Yushchenko -que ascendió al poder en 2005- de proteger la corrupción acometida por su círculo más íntimo, en el que se encontraba el entonces secretario nacional de Seguridad y Defensa, Petro Poroshenko. Tres días después de hacerse pública la denuncia, Yushchenko cesó a Poroshenko y a todo el Gobierno.

Viktor Yanukovich ocupó la presidencia en 2010, tras la etapa de Yushchenko, y con él, la corrupción volvió a alcanzar un nuevo clímax. El jefe de Estado estableció un nuevo círculo de oligarcas que se beneficiaron de sus tejemanejes entre los que figuraba su hijo Oleksandr. En 2019, Yanukovich fue condenado en ausencia a 19 años de cárcel por «traición».

Su remoción en 2014 y la llegada al cargo de Poroshenko -un multimillonario cuya fortuna surgió de la era Kuchman- no evitaron los alborotos relacionados con fraudes apadrinados por la élite política. Después de ser vinculado a varios asuntos de malversación, el político fue acusado formalmente de «traición» en 2021, un asunto que sigue en los tribunales. Poroshenko -que mantiene una feroz pugna política con Zelenski- ha sido sometido a sanciones por parte de la Administración, que le impide abandonar el país.

Para Valeria Radchenko, del Centro de Acción Anti-Corrupción, una de las ONG más activas en este sentido, todas estas conductas «son un legado que dejó el sistema soviético en Ucrania».

«Somos una democracia muy joven. Apenas estamos comenzando nuestro camino hacia la construcción de sistemas policiales y judiciales sólidos que prevengan la corrupción. El caso Midas es una clara señal de que Ucrania ha aprendido a combatir la corrupción. Y si en el futuro alguien intenta organizar un plan a gran escala similar a éste, será castigado», comentó a este diario.

Los expertos que comparten su «optimismo» recuerdan que cuando Zelenski intentó limitar los poderes de la Oficina Nacional Anticorrupción, en julio pasado, se vio obligado a retractarse cuando se multiplicaron las protestas en las calles.

Valdyslav Kondratyuk, el ex prisionero de las mazmorras rusas, no se cuenta entre los optimistas. «La corrupción forma parte de la mentalidad del ser humano. Todos queremos ser ricos», concluye.

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