Lidió desde Bruselas con la crisis del euro, pero el también ex primer ministro portugués confiesa en conversación con EL MUNDO que la actual situación en Europa «es más desafiante» Leer Lidió desde Bruselas con la crisis del euro, pero el también ex primer ministro portugués confiesa en conversación con EL MUNDO que la actual situación en Europa «es más desafiante» Leer
El ex primer ministro portugués José Manuel Durão Barroso (Lisboa, 1956) conoce como pocos las entrañas de la UE, pues para eso estuvo al frente de la Comisión Europea una década (2004-2014). En tiempos tan decisivos para nuestro continente, aprovechamos para inquirirle sobre la turbulenta actualidad internacional a su paso por Madrid, donde, como distinguido miembro de la Escuela de Política, Economía y Asuntos Globales de la IE University presentó el nuevo Master in Public Policy.
- Como presidente de la Comisión Europea tuvo que enfrentar la mayor crisis económica de la UE desde su creación. ¿Cómo se recuerdan aquellos años desde la distancia?
- Fue extremadamente difícil. No estábamos preparados para afrontarla. No teníamos instrumentos. Así que, en cierto modo, tuvimos que construir el bote salvavidas en medio de la tormenta. No teníamos, por ejemplo, una especie de FMI europeo para apoyar a los países. Por eso lo fuimos creando sucesivamente, aunque fue difícil convencer a los gobiernos. Soy perfectamente consciente de lo complicado que fue en términos de costes económicos, sociales e incluso políticos. Pero puedo decir también que estoy orgulloso de que pudiéramos evitar lo que en aquel momento la mayoría de la gente predecía: que Grecia saliera del euro, el llamado Grexit, y también el colapso del euro, a pesar de todas las predicciones apocalípticas. Hay una historia que me gusta contar: en 2012, organicé en la sede de la Comisión Europea una reunión con los jefes económicos de los bancos más importantes que operan en Europa. Y todos ellos, excepto uno, me dijeron que era imposible mantener a Grecia en Europa. De hecho, me aconsejaron que expulsara a Grecia del euro, porque podía ser negativo. Y la mitad de ellos dijeron que el euro, tal y como existía, no podía continuar. Lo más probable era que se acabara el euro. Se equivocaron. Y es que, aunque eran personas muy cualificadas, subestimaron la resiliencia de la Unión Europea y la resistencia del euro. Pero fue un desafío extremadamente difícil.
- Si entonces el reto fue económico, ahora lo es de seguridad y defensa. ¿Son comparables ambas situaciones?
- Creo que hoy en día la situación es mucho más compleja.
- ¿Es mucho peor?
- Sí, es la peor situación que hemos tenido en el mundo desde la Segunda Guerra Mundial. Una situación geopolítica más fragmentada, polarizada, impredecible y peligrosa debido a la competencia por el poder global entre Estados Unidos y China. También debido a los efectos de la pandemia. El Covid reforzó el nacionalismo económico y la crisis del multilateralismo actual. El nivel de incertidumbre es mucho mayor. Y, en lo que respecta a Europa, nos enfrentamos a una situación más difícil que antes, con una Rusia mucho más agresiva, una China mucho más asertiva y unos Estados Unidos más impredecibles. Personalmente, creo que el momento transformador más importante fue la invasión a gran escala lanzada por Vladimir Putin contra Ucrania hace tres años. Porque el mundo, no sólo Europa, ya no volverá a la situación anterior. Eso sí, Europa, por fin, invierte en Defensa y ya no desea ser lo que yo llamo un adolescente geopolítico. Y a todo esto se suma la revolución científica, el impacto de la Inteligencia Artificial y otras tecnologías no sólo en nuestra economía, sino también en las sociedades y en la forma en que interactuamos. Por lo tanto, para mí, se trata de una situación geopolítica mucho más desafiante y difícil que la que ya de por sí viví como presidente de la Comisión.
- Sin embargo, usted acaba de incidir en la resiliencia europea. ¿No cree que una vez más nos puede salvar de la encrucijada?
- Suelo decir que Europa necesita una crisis para tomar decisiones. La UE se construye a través de crisis y respuestas sucesivas. La naturaleza humana es procrastinadora. Las decisiones difíciles se posponen. Y, mire, necesitábamos la crisis financiera de la que hablamos antes para crear algunos instrumentos. O necesitábamos la pandemia para aceptar que la Comisión Europea pudiera comprar vacunas en nombre de todos los Estados miembros. Eso no está en los tratados, pero ante la emergencia lo que antes no era posible se hizo posible. Y, por último, necesitábamos una invasión a gran escala de Ucrania para que los europeos empezaran a pensar en su Defensa de una manera mucho más seria y creíble. Sin embargo, el problema que tenemos hoy en Europa es que no hay un momento espectacular, un detonante, como lo hubo en la crisis financiera, con el colapso de algunos países, o, como ocurrió en la pandemia, con tantas personas fallecidas por el Covid. De ahí que todavía no veo el sentido de urgencia y el alcance de las decisiones que necesitamos.
- Pero, ¿es optimista? ¿Cree que al final todo saldrá bien?
- Francamente, no lo sé. Lo que sí sé es que debemos prepararnos para ello. Debemos hacer más. Esperemos que no sea demasiado poco ni demasiado tarde. Debemos llevar a cabo reformas en nuestros sistemas económicos para poder hacer frente a esta difícil situación. Por ejemplo, necesitamos invertir más. Unir el sector público y el privado para la tecnología y la ciencia. Necesitamos algún tipo de combinación de deuda para la Defensa. Necesitamos, por ejemplo, un presupuesto europeo más ambicioso. No hay suficiente movilización. Es verdad que hoy en día hay conciencia del reto: me refiero a personas que son conscientes de que ahora tenemos una Rusia agresiva, una China asertiva y un imprevisible Estados Unidos. Por lo tanto, hay una especie de angustia y ansiedad en Europa. Pero aún no veo -a pesar de los muy buenos informes, análisis y diagnósticos- la ejecución. El problema en Europa, el típico, siempre tiene que ver con la ejecución. Por naturaleza, la Unión Europea tiende a retrasar las decisiones, porque es un sistema muy complejo y complicado, además de democrático. Por lo tanto, mi llamamiento, si se me permite hacerlo, es para los líderes de nuestros países y las instituciones europeas : sed valientes, introducid ese sentido de urgencia.
- ¿Son entonces los líderes los culpables de esta falta de sentido de urgencia? ¿Hay un problema de liderazgo en Europa?
- No estoy hablando de culpa. No quiero culpar a nadie porque creo que hoy todo es más difícil. Y no sólo en Europa. Estados Unidos ha tenido el Gobierno cerrado durante varias semanas y está muy polarizado. O fíjese en Brasil y tantos países en todo el mundo. Hoy en día, la política es más difícil que antes, probablemente también debido al impacto de las redes sociales. Lo que quiero es tratar de entender lo que está sucediendo. Y también, por supuesto, responder directamente a su pregunta. Sí, por ahora, es una cuestión de liderazgo. Necesitamos líderes que comprendan que este es el momento de tomar decisiones audaces. No puede ser como siempre.
- Usted convivió con líderes extremadamente fuertes, como la alemana Angela Merkel o el francés Nicolas Sarkozy. Sin embargo, fracasaron estrepitosamente al no ver la auténtica amenaza rusa y al apostar por que lo que estaba ocurriendo en Crimea era un caso excepcional.
- Recuerdo muy bien cuando estalló la crisis de Crimea. Por cierto, Putin es el líder de fuera de Europa con el que más veces me he reunido en mi vida. Es increíble. Y mintió descaradamente. Dijo que no se trataba de una invasión, que sólo había algunos familiares, primos y turistas allí. No podemos confiar en él. Recuerdo también cómo Estados Unidos, Barack Obama, fueron los primeros en decir que no enviarían tropas terrestres, que no se llevaría a cabo ningún tipo de acción militar. Una decisión que, por cierto, entiendo perfectamente. Otra cosa fue, por supuesto, la invasión a gran escala de Ucrania, incluyendo el intento de tomar Kiev, donde los rusos fracasaron debido al gran coraje y resistencia del pueblo ucraniano y los líderes ucranianos. En este caso, Europa ahora está haciendo más. Y creo que es muy importante que sigamos haciéndolo. Porque no se trata sólo de Ucrania, se trata de Europa. Ucrania es, por supuesto, un país importante. Pero pensemos por un momento: si Putin consiguiera lo que quiere en Ucrania, ese sería el mayor incentivo que podría tener para lanzar algo contra un país de los Veintisiete o de la OTAN. Ucrania no es miembro de la OTAN ni de la UE, pero si mañana ocurriera algo, por ejemplo, contra uno de los países bálticos, nos veríamos obligados a entrar en una guerra a gran escala con Rusia. ¿De verdad lo queremos? Yo creo que no. Por eso, mi opinión es que, una vez más, se aplica el viejo dicho romano de ‘si quieres la paz, prepárate para la guerra’. No porque queramos una guerra, sino precisamente porque queremos evitarla. Tenemos que demostrar que somos lo suficientemente fuertes como para que otros no se animen a lanzar un ataque contra nosotros. Por eso lo que está sucediendo en Ucrania es de vital importancia, no sólo para Ucrania, sino para Europa en su conjunto y también para el mundo.
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