La dimisión de Rumen Radev abre una nueva fase de incertidumbre política en Bulgaria

 Leer  Leer  

El presidente de Bulgaria, Rumen Radev, ha anunciado su dimisión en medio de una profunda crisis institucional, una decisión que deja al país en un limbo político apenas semanas después de la caída del Gobierno y en pleno arranque de su entrada en la zona euro, un logro formalmente consumado el pasado 1 de enero.

«No puedo seguir siendo parte de un sistema que ha perdido la capacidad de gobernar en nombre de los ciudadanos», declaró Radev, en un discurso en el que vinculó su salida a la parálisis persistente del sistema político, la incapacidad de los partidos para formar mayorías estables y el agotamiento de un modelo que, según afirmó, «ha dejado de ofrecer soluciones reales a la sociedad búlgara».

La renuncia del jefe del Estado se produce apenas semanas después de la dimisión del Ejecutivo del primer ministro, Rosen Zhelyazkov, que abandonó el poder en diciembre tras semanas de protestas masivas contra la corrupción y un controvertido presupuesto nacional. Con un Gobierno ya en funciones y sin mayoría parlamentaria posible, la salida del presidente agrava el vacío de poder en Sofía.

Las informaciones más recientes señalan que, tras el fracaso de los tres intentos por formar Gobierno dentro de la actual legislatura, Bulgaria se encamina a elecciones anticipadas —las octavas en apenas cinco años— que podrían celebrarse probablemente en primavera, aunque la fecha exacta todavía no ha sido fijada oficialmente por la Presidencia.

Este calendario coincide con un momento particularmente complejo para el conjunto de la Unión Europea. Europa afronta difíciles equilibrios geopolíticos, con la guerra en Ucrania todavía en curso, tensiones comerciales con Estados Unidos en torno a los aranceles y la situación de Groenlandia como foco de fricciones transatlánticas, y debates internos sobre cohesión económica y defensa compartida.

En este contexto, la ingobernabilidad de un Estado miembro justo en el arranque de su integración plena en la zona euro no solo empeora las perspectivas internas de Bulgaria, sino que añade presión a un proyecto comunitario que busca consolidar estabilidad política y económica en todos sus integrantes.

Aunque la presidencia búlgara es formalmente un cargo de atribuciones limitadas, Radev ha sido en los últimos años un actor central del ciclo de crisis, al encargar repetidamente intentos fallidos de formar Gobierno, nombrar ejecutivos interinos y presionar públicamente a los partidos para desbloquear la situación.

En los días previos a su dimisión, el propio Radev había reconocido que, tras los reiterados fracasos para construir una coalición, «la única salida es volver a las urnas». Su marcha se interpreta no solo como respuesta al colapso institucional, sino como un movimiento destinado a permitirle concurrir a las próximas elecciones parlamentarias, previsiblemente al frente de una nueva fuerza política.

Antiguo militar y figura atípica en el tablero búlgaro, Radev ha mantenido una relación tensa con los partidos tradicionales y ha cultivado un perfil propio, apoyado en sectores descontentos con la clase política. Su eventual entrada directa en la contienda podría alterar un panorama partidista exhausto y fragmentado.

Las protestas que estallaron a finales de noviembre de 2025 sacaron a las calles de Sofía y de otras ciudades a decenas de miles de personas, con una participación especialmente visible de jóvenes. Las movilizaciones, centradas en la corrupción, la falta de transparencia y el deterioro institucional, forzaron la retirada del presupuesto y precipitaron la dimisión del Gobierno.

Desde entonces, las principales formaciones han rechazado sucesivamente los mandatos para intentar formar Ejecutivo, consolidando la sensación de un bloqueo estructural del sistema político.

La entrada de Bulgaria en la zona euro el 1 de enero de 2026, un hito largamente perseguido y considerado un respaldo internacional a la estabilidad económica del país, ocurre ahora en un contexto de vacío institucional y fragmentación política que limita gravemente su capacidad de aprovechar completamente su integración monetaria, acceder a fondos europeos y atraer inversiones extranjeras en sectores clave.

Las reacciones dentro del ámbito político búlgaro reflejan inquietud y cálculo. Dirigentes de partidos tradicionales han reconocido que la dimisión presidencial acentúa la incertidumbre y acelera un proceso electoral ya prácticamente inevitable. Otros han advertido de que una eventual candidatura de Radev podría recomponer el tablero político y obligar a replantear futuras alianzas.

Mientras tanto, la vicepresidenta deberá asumir interinamente las funciones del jefe del Estado, en un contexto en el que Bulgaria carece de un Gobierno con plenos poderes y se encamina a un nuevo ciclo electoral sin que esté claro que unas elecciones más basten para resolver el bloqueo.

Con un sistema de partidos exhausto, una sociedad movilizada y un ex presidente dispuesto a entrar en la arena política, Bulgaria se adentra en una nueva fase de incertidumbre, en la que la pregunta ya no es solo quién gobernará, sino si el actual marco político es capaz de producir un gobierno que realmente gobierne en un momento crítico para Europa.

 Internacional // elmundo

Te puede interesar