Algunos adolescentes llegan a la Formación Profesional de Grado Básico después de haber aprendido a ocupar siempre el mismo lugar: el del alumno que suspende, falta a clase o acaba convencido de que estudiar no es para él (o ella). Otros llegan desde mucho más lejos: han cruzado fronteras, apenas hablan español y todavía intentan encontrar su sitio en un país nuevo. A primera vista tienen poco en común, y sin embargo, muchos comparten una misma sensación: la de no sentirse parte de la escuela.
La Formación Profesional de Grado Básico demuestra que otra forma de enseñar puede cambiar la trayectoria de muchos jóvenes que habían roto con el sistema educativo
Algunos adolescentes llegan a la Formación Profesional de Grado Básico después de haber aprendido a ocupar siempre el mismo lugar: el del alumno que suspende, falta a clase o acaba convencido de que estudiar no es para él (o ella). Otros llegan desde mucho más lejos: han cruzado fronteras, apenas hablan español y todavía intentan encontrar su sitio en un país nuevo. A primera vista tienen poco en común, y sin embargo, muchos comparten una misma sensación: la de no sentirse parte de la escuela.
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