La novela premiada ‘Donde el agua trabaja’ está escrita por IA al 99%, según el detector Pangram

La novela corta Donde el agua trabaja, del escritor peruano David Silva Rojas, ha sido escrita por una IA en un 99%, según Pangram, un de los detectores mejor valorados de texto generado por máquinas. La obra recibió en julio de 2026 el primer Premio Internacional de Novela Breve Almadía Ventosa-Arrufat. La obra debía presentarse este viernes en Madrid y después en otras ciudades españolas, pero la editorial ha decidido suspender todos los actos. Se trataría del primer caso de este calibre en el mundo de la literatura en español.

Seguir leyendo

 El libro del autor peruano David Silva Rojas ganó un premio de 20.000 euros cuyas bases excluían las obras escritas con inteligencia artificial. La editorial cancela la presentación prevista para hoy en Madrid  

La novela corta Donde el agua trabaja, del escritor peruano David Silva Rojas, ha sido escrita por una IA en un 99%, según Pangram, el detector más fiable de texto generado por máquinas. La obra recibió en julio de 2026 el primer Premio Internacional de Novela Breve Almadía Ventosa-Arrufat. La obra debía presentarse este viernes en Madrid y después en otras ciudades españolas, pero la editorial ha decidido suspender todos los actos. Se trataría del primer caso de este calibre en el mundo de la literatura en español.

El premio fue convocado en noviembre de 2025 por la editorial mexicana Almadía y la fundación española Ventosa Arrufat. Sus bases eran explícitas sobre el uso de la IA: “La participación en el premio implica la declaración expresa de que la obra no ha sido escrita, parcial o totalmente, mediante herramientas de inteligencia artificial. Ante cualquier indicio o sospecha de incumplimiento de esta disposición, la obra será descalificada, independientemente de la fase del proceso en la que se encuentre”. Resultó premiada entre 2.204 manuscritos por un jurado compuesto por la escritora mexicana Cristina Rivera Garza, la autora argentina Selva Almada y la escritora ecuatoriana Mónica Ojeda. La novela fue publicada internacionalmente hace 10 días, el 13 de octubre, entre los elogios del jurado, que subrayaba “el uso de los silencios” y la construcción “con un lenguaje sutil, oraciones breves como el goteo de los regadores en las viñas, sin caer nunca en la tentación del panfleto ni la declamación”. El libro se publicó en septiembre y se iba a presentar, antes de la suspensión de la gira, en Madrid, Barcelona, Sevilla y Cádiz.

Contactados a primera hora de la mañana por EL PAÍS, desde la Editorial Almadía transmiten su sorpresa ante la investigación y aseguran que en ningún momento del proceso han sospechado del autor. Este periódico ha compartido con la editorial varios de los indicios que llevan a sospechar de la utilización de IA para la redacción del libro y ha preguntado por la existencia de borradores o registro de versiones. Desde Editorial Almadía aseguran que la cuestión es compleja y piden tiempo para hablar con el autor y continuar con sus propias investigaciones. La editorial no ha respondido a nuevas llamadas para poder hablar directamente con Silva Rojas.

El veredicto de Pangram con la novela de Silva Rojas llega apenas dos días después de la confirmación de que el canadiense Thélyson Orélien usó IA en la redacción de su novela C’était ça ou mourir, premiada en Francia. La editorial se ha desvinculado de su autor tras una investigación interna.

Hace una semana, este periódico analizó 175 libros populares en España. Uno de cada tres superventas autopublicados contiene mucho texto generado con IA, según el detector Pangram. Ninguno de los libros premiados analizados daba señales. Ahora ha surgido el primer sospechoso: Donde el agua trabaja. Pangram dice que el 99% del texto de la novela está generado con un modelo de IA. Hemos analizado el libro entero, unas 26.000 palabras, con la versión 4.1 de Pangram.

Silva Rojas es abogado especializado en Derecho Penal e investigador. Nació en Ica en 1981 y afirma haber vivido desde temprana edad en Toyohashi, Japón, donde habría obtenido “el primer lugar en el certamen literario Novo Mundo” con un relato en portugués, hechos que EL PAÍS no ha podido verificar. Este año ha obtenido también una mención honrosa en el XXIX Concurso de Novela Corta “Julio Ramón Ribeyro”, con la novela La limpieza, no disponible en internet. Ha contado en entrevistas que Donde el agua trabaja nació de una investigación académica suya sobre los jornaleros de la agroexportación en Ica, con entrevistas y visitas a las fincas. Es su primera novela.

El autor también ha explicado que buscó un estilo concreto. En una entrevista con la revista Ulrica contó que de Japón tomó la idea del haiku, “su capacidad de concentrar una experiencia en muy pocos elementos”, y que eso afectó al ritmo de la novela. Es un dato a tener en cuenta. Los detectores aprenden patrones de estilo y algunos modelos de IA tienden también a las frases muy breves. No hay pruebas de que ese estilo confunda a Pangram, que captura patrones seguramente invisibles, pero tampoco puede descartarse.

Además, hay más señales. Pangram atribuye a una IA el 97% de las respuestas de Silva Rojas precisamente en esa entrevista publicada en septiembre por la revista Ulrica. En cambio, el texto de la periodista que firma la entrevista, con la presentación y las preguntas, sale entero como humano. El detector también atribuye a una IA el 80% de un texto en primera persona sobre cómo nació la novela, que el autor publicó ese mismo mes en la web de Ventosa-Arrufat, de 924 palabras y escrito en prosa convencional. Hemos medido que ninguno de esos textos tiene el estilo de frases cortas de la novela.

¿Es fiable el detector? Pangram no es infalible. En fragmentos cortos, a veces basta tocar una palabra para que cambie de criterio, aunque en textos largos es mucho más estable. La empresa sostiene que su tasa de falsos positivos es muy baja, es decir, que rara vez marca como IA un texto escrito por una persona. Su consejero delegado, Max Spero, explicó en el podcast Mixed Signals que la miden con millones de textos anteriores a 2022 “que sabemos que no están generados por IA, pero que tampoco están en nuestro conjunto de entrenamiento”. Según sus números, el detector marca como IA uno de cada 24.000 textos escritos por personas. EL PAÍS hizo sus propias pruebas para su análisis anterior: ninguno de los 56 libros publicados en 2019 y 2020 dio señal de IA, ni tampoco los libros recientes de autores como Javier Cercas, Isabel Allende o María Dueñas. Y detectó los 29 textos que escribimos con IA.

Pero un caso concreto siempre puede ser la excepción. Hay que entender qué detectan estos sistemas. Reconocen que un texto ha sido generado con IA porque sigue ciertos patrones, pero eso no dice qué papel tuvo una persona en el proceso. Se puede usar la IA para una escritura muy perezosa, casi automática, o para convertir en prosa notas, entrevistas o ideas propias. Un detector no distingue entre ambas cosas. Más delicadas son las bases de este premio: excluían también las obras escritas “parcialmente” con IA.

 Cultura en EL PAÍS

Te puede interesar