Los militantes yemeníes se habían mantenido al margen de la guerra de Irán, hasta que el grupo vio una oportunidad Leer Los militantes yemeníes se habían mantenido al margen de la guerra de Irán, hasta que el grupo vio una oportunidad Leer
Tras mantenerse al margen durante meses de la guerra de Irán, los rebeldes hutíes de Yemen, respaldados por Teherán, se apoderaron durante el fin de semana de un cuello de botella marítimo crucial mediante una ofensiva relámpago que puso en mayor peligro el suministro energético mundial e introdujo al grupo en cualquier intento por resolver el conflicto.
Es una posición inusualmente destacada para el líder y señor de la guerra del grupo, Abdulmalik al Houthi, quien afirma descender del profeta Mahoma y gobierna su empobrecido territorio a través del miedo y el fervor religioso. Pero refleja tanto la creciente ambición de su ejército militante de 350.000 efectivos como su destreza en tácticas militares, misiles y drones.
El año pasado, los hutíes sobrevivieron a una intensa campaña de bombardeos estadounidenses con tácticas feroces que agotaron a la Armada en un prolongado despliegue, anticipando la dificultad actual para contener a Irán. Este verano, aprovecharon las divisiones entre sus oponentes internos y sus patrocinadores árabes en medio de la distracción que supuso una guerra más amplia para expandir su dominio. El viernes tomaron la isla de Perim, situada en medio del estratégico estrecho de Bab el Mandeb: un paso de 18 millas de ancho (unos 29 kilómetros) que representa para el mar Rojo lo que el Estrecho de Ormuz para el Golfo Pérsico.
Llevaban meses preparándose para el asalto. A mediados de agosto, trasladaron armamento y miles de soldados a posiciones en torno a la ciudad portuaria de Moca, amenazando las líneas de suministro de sus adversarios. Utilizaron el control que ejercen sobre las redes de telecomunicaciones yemeníes para interceptar las llamadas de sus enemigos, sembrar la confusión e intimidar a sus rivales para que se rindieran.
El mundo prestó escasa atención al grupo incluso después de que capturara la capital yemení, Saná, en 2014. Ahora controla uno de los corredores energéticos más importantes del planeta y es una fuerza ineludible a tener en cuenta.
«Sienten que han ganado la guerra civil», afirmó Elisabeth Kendall, del Girton College de la Universidad de Cambridge, especialista en Yemen desde hace tiempo. «No le temen a Estados Unidos y, lo más importante, son bastante adaptables».
Los hutíes surgieron en la década de 1990 como actores relevantes en Yemen, un país de unos 40 millones de habitantes en el extremo sur de la península arábiga. Más tarde se apoyaron en su linaje religioso, en un pasado histórico gobernando el norte de Yemen y en una dura represión para expandir su territorio tras la Primavera Árabe.
Repelieron la intervención de Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos durante la guerra civil yemení -empleando tecnología de drones y misiles de bajo coste con financiación y apoyo de Irán- y consolidaron su control sobre cerca de un tercio del país.
Tras movilizarse en las últimas semanas, los hutíes tomaron Moca el jueves. Al día siguiente se hicieron con la estratégica isla de Perim. Interrumpir el flujo de crudo que sale por esa vía fluvial paralizaría las exportaciones petroleras saudíes, ya bloqueadas en Ormuz, con el riesgo añadido de disparar los precios mundiales del petróleo.
Durante años, fuerzas aliadas de Emiratos Árabes Unidos habían operado en la isla de Perim y sus alrededores. Sin embargo, una disputa en diciembre entre Riad y Abu Dhabi sobre sus posiciones en Yemen resquebrajó la alianza antihutí. El reino bombardeó un cargamento de armas procedente de Emiratos tras su llegada a Yemen destinado a algunos de los rivales de los hutíes, y Emiratos se retiró del conflicto.
Mohammed al-Basha, experto en Yemen que dirige la firma de consultoría de riesgos Basha Report, señaló que la coalición antihutí -la cual incluye a combatientes partidarios de un Estado independiente en el sur de Yemen, así como a facciones afines a los Hermanos Musulmanes y antiguas tropas gubernamentales- se enfrenta a un rival cohesionado y difícil de doblegar.
«Los hutíes tienen un solo líder, una sola ideología y una visión clara», afirmó Basha. «Las fuerzas antihutíes tienen ocho ejércitos y múltiples mandos».
Amr al Bidh, funcionario del Consejo de Transición del Sur de Yemen -respaldado anteriormente por Emiratos y partidario de la independencia del sur del país-, acusó a Arabia Saudí de haber gestionado mal la campaña militar.
Durante años se mantuvo un alto el fuego de facto en la guerra, en el que Arabia Saudí financiaba a los empleados estatales yemeníes. Responsables saudíes del sector energético declararon a The Wall Street Journal en abril que el reino había obtenido compromisos de los hutíes para que no atacaran a la monarquía ni a sus buques.
Al romperse ese entendimiento, Arabia Saudí, con la atención puesta en Irán, titubeó. A los dirigentes saudíes les preocupaba volver a enredarse en Yemen después de que miles de incursiones aéreas durante la guerra civil no lograran desalojar al grupo y derivaran en ataques contra sus propias infraestructuras energéticas.
Responsables yemeníes contrarios a los rebeldes denunciaron que Arabia Saudí no atendió a sus peticiones de apoyo aéreo para sostener sus defensas, lo que facilitó la victoria hutí.
La presión sobre los saudíes se ha intensificado. La semana pasada, un ataque con drones que Riad atribuye a Irak impactó en el oleoducto Este-Oeste, un activo vital para el reino. Con el Estrecho de Ormuz bajo fuego iraní y los hutíes al mando de Bab el Mandeb, los frentes de Arabia Saudí siguen multiplicándose.
«Una cosa es combatir a los hutíes, y otra muy distinta es luchar en tres frentes abiertos al mismo tiempo», aseguró Farea al Muslimi, investigador de Chatham House.
Arrebatar de nuevo a los rebeldes el dominio de la isla de Perim, en la entrada del mar Rojo, podría arrastrar a las potencias internacionales de lleno a la prolongada guerra yemení.
Por ahora, Estados Unidos no parece proclive a intervenir tras haber bombardeado a los hutíes durante más de 50 días en el marco de la Operación Rough Rider en 2025. El presidente Trump afirmó el sábado que los rebeldes habían solicitado a Washington que se mantuviera al margen y que la situación terminaría resolviéndose.
Incluso si se expulsa a los hutíes de la isla o se los aleja del mar Rojo, conservan un arsenal de drones y misiles capaz de mantener en jaque esa vía marítima. La maniobra calca la estrategia empleada por Irán en el actual estancamiento del Estrecho de Ormuz.
«Siempre van a tener la capacidad de chantajear tramos enteros del mar Rojo», advirtió Kendall. «El mundo sólo reacciona cuando le tocan el bolsillo».
Contenido con licencia de The Wall Street Journal. Traducido del inglés por V. Santos.
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