Imagine que le cuesta seguir las conversaciones en un restaurante ruidoso o en una oficina ajetreada, y que, en cambio, el médico le diga que su audición está bien. Esa es la frustrante realidad a la que se enfrentan las personas que padecen sinaptopatía coclear, o pérdida auditiva oculta.
Un grupo de investigadores ha desarrollado un dispositivo compacto y portátil para tratar la sinaptopatía coclear
Imagine que le cuesta seguir las conversaciones en un restaurante ruidoso o en una oficina ajetreada, y que, en cambio, el médico le diga que su audición está bien. Esa es la frustrante realidad a la que se enfrentan las personas que padecen sinaptopatía coclear, o pérdida auditiva oculta.
Según el Foro de Salud Auditiva de la UE, alrededor de 34 millones de adultos de la UE padecen una pérdida auditiva incapacitante. Sin embargo, es probable que la verdadera magnitud del problema sea mucho mayor, ya que las pruebas convencionales no pueden detectar en absoluto la sinaptopatía coclear.
No existe un diagnóstico clínico para esta afección ni ningún tratamiento autorizado, lo que hace que muchas personas sufran dificultades reales y no dispongan de ayuda alguna.
Esta pérdida auditiva oculta puede resultar incapacitante, según explica la catedrática Ingeborg Dhooge, directora del departamento de Otorrinolaringología del Hospital Universitario de Gante, en Bélgica. Dhooge fue asesora clínica en una iniciativa de investigación denominada EarDiTech, que estudió esta afección entre 2022 y 2026.
El proyecto lo financió el Consejo Europeo de Innovación, que ayuda a investigadores e innovadores a convertir ideas científicas audaces en productos del mundo real.
”Vayas donde vayas, siempre hay ruido”, declara Dhooge. ”Cuando vas de compras, hay ruido y suena música. En el trabajo, es común tener un espacio abierto como única oficina. Esto genera mucho ruido de fondo, que afecta a la productividad de estos pacientes”.
Las opciones actuales son limitadas: formar a las personas para que lean los labios y se centren más en los sonidos del habla. Sin embargo, los investigadores de EarDiTech han desarrollado una prueba capaz de detectar la pérdida auditiva oculta y han estado trabajando en un nuevo software para audífonos.
Cómo se altera la audición
En el oído interno, unas diminutas células ciliadas, las receptoras sensoriales clave, captan el sonido y convierten las vibraciones en señales neuronales. Estas se transmiten al cerebro a través de conexiones sinápticas entre las células ciliadas y el nervio auditivo.
Hasta hace poco, se creía que la pérdida auditiva relacionada con la edad se iniciaba debido a daños en las células ciliadas.
”Ahora sabemos que el primer daño que sufren las estructuras auditivas no se produce en las células ciliadas, sino que, en realidad, afecta a estas sinapsis que conectan las células ciliadas con el cerebro”, explica la catedrática Sarah Verhulst, directora del laboratorio de Tecnología Auditiva de la Universidad de Gante.
”Esta distinción es importante”, subraya Verhulst. Como coordinadora del proyecto de investigación EarDiTech, era consciente de lo que estaba en juego: basta con una sola sinapsis por célula ciliada para detectar un sonido, pero se requiere el funcionamiento conjunto de muchas para descodificar el habla en un entorno ruidoso.
La herramienta clínica habitual para evaluar la audición es el audiograma, en el que se reproducen diferentes tonos a diferentes volúmenes a través de unos auriculares y se pide a los pacientes que indiquen si los oyen.
Mide el funcionamiento de las células receptoras, pero no aporta información alguna sobre el número de sinapsis funcionales que tiene el paciente. No puede captar las dificultades a las que se enfrentan las personas con sinaptopatía coclear en el mundo real.
Recuento de sinapsis
La prueba EarDiTech combina electrodos colocados en la frente y en los lóbulos de las orejas con un estímulo especialmente diseñado que fue desarrollado tras años de investigación sobre la modelización del sistema auditivo.
”Hemos creado modelos informáticos de las células ciliadas y las sinapsis”, afirma Verhulst. Podemos simular las respuestas del nervio auditivo o la respuesta de las sinapsis en todo el modelo coclear. Mediante este método computacional, podemos determinar qué estímulo auditivo tiene mayor capacidad de activar todas estas sinapsis al mismo tiempo”.
La prueba está diseñada para dar la respuesta sináptica más potente posible. Cuando una persona con sinapsis sanas percibe el estímulo, los electrodos detectan un fuerte pico de actividad neuronal. En las personas que presentan pérdida de sinapsis, la respuesta es menor.
”Al comparar la intensidad de la respuesta de un paciente con la respuesta auditiva normal, podemos estimar el grado de sinaptopatía coclear”, afirma Verhulst.
Los investigadores han reducido el tamaño de esta tecnología hasta convertirla en un dispositivo compacto y portátil. Los ensayos clínicos realizados en la Universidad de Gante han demostrado que permite identificar la sinaptopatía coclear en diferentes grupos de edad.
La prueba es sencilla y no requiere ninguna intervención quirúrgica, por lo que puede integrarse fácilmente en la práctica clínica diaria, lo que proporciona a los audiólogos y a los otorrinolaringólogos una herramienta de la que actualmente carecen.
El siguiente paso es obtener el marcado CE, a fin de certificar que el producto cumple los requisitos de la UE en materia de equipos de diagnóstico médico. Según Verhulst, una vez que cuenten con la inversión necesaria para financiar este proyecto, el proceso tendrá una duración prevista de 18 meses a dos años. ”Creo que, cuando salga al mercado, los otorrinolaringólogos y los hospitales lo utilizarán”, añadió.
Un audífono más inteligente
Detectar la pérdida auditiva oculta es solo la mitad del reto. La otra mitad consiste en encontrar una solución.
Los audífonos convencionales se limitan principalmente a amplificar el sonido, lo que no ayuda mucho a las personas que tienen dificultades para distinguir el habla del ruido de fondo.
”Hasta cierto punto, los audífonos pueden ayudar, pero es complicado porque con ellos todo suena más alto, aunque no necesariamente más claro”, afirma Dhooge. ”Esto significa que los pacientes pueden seguir teniendo dificultades para captar distintos sonidos en entornos ruidosos”.
Para abordar este problema, el equipo utilizó el aprendizaje automático para entrenar un algoritmo de software a partir de dos modelos computacionales: uno que simulaba la audición normal y otro que simulaba el procesamiento defectuoso del sonido en una persona con sinaptopatía coclear.
El objetivo era crear un algoritmo capaz de modificar el sonido entrante de manera que estimulara al máximo las sinapsis que aún conserva el paciente. Esto mejoraría su capacidad para seguir el habla en entornos ruidosos.
Los ensayos clínicos han demostrado beneficios en pacientes con sinaptopatía coclear. El equipo también ha demostrado que el algoritmo puede funcionar con un bajo consumo de batería y en los chips de procesamiento que se utilizan habitualmente en los audífonos.
En teoría, esto significa que el algoritmo podría funcionar con la próxima generación de audífonos o, incluso, con los auriculares de los consumidores. Verhulst imagina un futuro en el que las personas podrán decirle a su teléfono que quieren oír mejor y este activará el software para la pérdida auditiva oculta en los auriculares.
Por el momento, el equipo de EarDiTech busca activamente fabricantes de hardware, como fabricantes de audífonos y empresas de circuitos integrados auxiliares, que puedan ayudarles a seguir desarrollando su software y convertirlo en productos que los pacientes puedan comprar.
El algoritmo utiliza los resultados de la prueba de CochSyn de cada paciente para ajustar el sonido a su grado específico de daño, algo que actualmente no puede hacer ningún audífono.
Más allá de la consulta
La pérdida auditiva oculta solo se ha identificado adecuadamente en la última década y aún se sabe poco sobre cuántas personas la padecen o cómo evoluciona con la edad.
”Ahora disponemos de una herramienta que podemos utilizar en la consulta para hacernos una idea más clara de la magnitud del problema y del grado de discapacidad que padecen las personas”, afirma Dhooge. ”Podemos realizar estudios a largo plazo haciendo un seguimiento de los pacientes y ver cómo evoluciona”.
Los investigadores esperan que esa base empírica sea lo que convenza a los sistemas sanitarios para que actúen.
Este artículo se publicó originalmente en Horizon, la revista de investigación e innovación de la UE.
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