Las adolescentes parten con desventaja en el aprendizaje de la inteligencia artificial

Mientras la inteligencia artificial se perfila como una competencia necesaria para el mundo actual y para el futuro, lo que ocurre en las aulas donde los menores de edad aprenden a usarla y entenderla cobra especial relevancia. Un estudio reciente, en el que participaron más de 700 estudiantes de secundaria, halló que la brecha de género también se extendía hasta estas instancias. Los investigadores analizaron qué factores influyen en el aprendizaje de esta herramienta y descubrieron que las mujeres estaban teniendo peores notas que sus pares varones debido a cuestiones culturales.

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 Un estudio revela que los alumnos varones reportan mayor confianza y rendimiento que sus compañeras debido a cuestiones culturales  

Mientras la inteligencia artificial se perfila como una competencia necesaria para el mundo actual y para el futuro, lo que ocurre en las aulas donde los menores de edad aprenden a usarla y entenderla cobra especial relevancia. Un estudio reciente, en el que participaron más de 700 estudiantes de secundaria, halló que la brecha de género también se extendía hasta estas instancias. Los investigadores analizaron qué factores influyen en el aprendizaje de esta herramienta y descubrieron que las mujeres estaban teniendo peores notas que sus pares varones debido a cuestiones culturales.

El equipo identificó que las adolescentes en los cursos donde se impartían conocimientos sobre IA tenían menos confianza en su capacidad. Esa falta de autoeficacia, apuntan los autores, estaba influyendo de forma directa en su rendimiento.

Para Zubair Ahmad, el investigador que ha dirigido este estudio, el origen de esta desigualdad está relacionado con la escasez de referentes femeninos en tecnología. Esta falta de visibilidad, indica, influye en cómo las estudiantes se perciben a sí mismas dentro de estos campos. “El modelo a seguir para las mujeres es mucho menor en la tecnología, especialmente en la inteligencia artificial”, apunta el autor.

El resultado es una menor participación y, en muchos casos, abandono progresivo del curso. “Son muy apasionadas al principio, pero después de un año en informática, programación y robótica, intentan irse”, comenta Ahmad.

Aunque el estudio se realizó en Qatar, la muestra incluye estudiantes de múltiples nacionalidades: de Asia, África, Oriente Medio y Europa. “Esto no pertenece a una única nacionalidad”, explica Ahmad. “Se trata de una percepción general”, afirma.

De acuerdo con el informe anual Brecha digital de género de 2025, realizado por Red.es, solo el 17,5% de la población ocupada dentro del territorio español en las disciplinas STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) eran mujeres. Así lo indican los datos del 2023. Aunque la brecha es extensa, esta cifra coloca a España ligeramente por encima de la media europea (17,4%).

De acuerdo con la experta en tecnologías educativas Estefanía Hita, investigadora que no participó en el estudio, el problema empieza antes de que los estudiantes entren en contacto con estas herramientas. “Realmente no se habla de brecha de género como capacidad, sino como trayectoria”, explica. Las adolescentes, apunta, llegan a la tecnología en condiciones distintas: “Muchas lo hacen con menos confianza, con menos referentes o menos experiencias”, sostiene.

Para revertir esta situación, Hita defiende un enfoque educativo que se base en la experiencia. La confianza, dice, se construye haciendo. “Cuando un alumno o alumna crea una herramienta de inteligencia artificial y entiende qué está haciendo, recibe acompañamiento, puede equivocarse y mejorar”, explica.

Ahmad también considera que la solución pasa por revisar cómo se enseña la tecnología en las aulas. Es necesario replantear el enfoque educativo para hacerlo más inclusivo, sostiene. Para ello, comenta que se debe tener en cuenta factores psicológicos y sociales. “Las estudiantes mujeres pueden contribuir de una manera mucho más potente de lo que realmente piensan”, comenta el investigador y subraya la necesidad de crear entornos donde las estudiantes puedan desarrollar su confianza sin comparaciones ni barreras. “La forma en la que aprenden los alumnos solo puede ser inclusiva o equitativa si podemos cambiar el modelo pedagógico”, afirma Ahmad.

El informe de la brecha digital de género de Red.es del 2024 hacía notar ya esta disparidad. Las mujeres mostraban menor confianza en Internet y se sentían menos preparadas para afrontar riesgos de ciberseguridad. Un 40,7% aseguraba confiar poco o nada en el entorno digital, frente al 37,7% de los hombres. La distancia es aún mayor en la percepción de seguridad: solo el 25,7% de las mujeres afirma sentirse bastante o totalmente preparada para hacer frente a problemas de seguridad en Internet, mientras que entre los hombres ese porcentaje ascendía al 38,7%. El informe añadía además otro dato que engloba toda una realidad: el 67,8% de las víctimas de delitos sexuales cometidos en Internet eran mujeres.

En un contexto donde también emergen riesgos asociados a la IA —como la creación de imágenes sexualizadas de los menores—, Hita apuesta por un enfoque que busque equilibrio. “No se trata solo de verla como una amenaza”, explica, “también puede mejorar nuestra forma de aprender y trabajar”.

Las consecuencias de no abordar esta brecha pueden ser significativas, apuntan ambos expertos. Si las estudiantes perciben que la IA “no es su terreno”, advierte Hita, es probable que eviten actividades de este tipo. “Al final es una herramienta. Lo que hay que hacer es enseñarla con criterio”, afirma.

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