Los cánticos racistas en Cornellá comprometen la final del Mundial 2030 en España en plena lucha por Marruecos

Todo iba sobre ruedas para la selección española y la RFEF. La Roja brilla y es una de las favoritas a ganar el Mundial del próximo verano, mientras la Federación sigue trabajando en la organización de la Copa del Mundo de 2030, que acogerá junto a Portugal y Marruecos, con la firme intención de que la sede de la gran final esté en España, por lo que pugna con la federación africana. En plena disputa por el partido por el título, los cánticos racistas que una parte de la afición profirió este miércoles en Cornellá, durante el amistoso de España ante Egipto (0-0), comprometen la posibilidad de que el campeón del mundo se decida en España.

«España está trabajando bien, ha habido que cambiar esas dos ciudades y hemos pedido a FIFA que incluya a Vigo y Valencia. España está haciendo sus deberes. Queda mucho recorrido por delante y vamos a trabajar bien. No sería entendible que España no fuese sede de esa gran final, pero no somos nosotros quien lo decide, es FIFA y todo el respeto para todos los países organizadores», comentó el presidente Rafael Louzán un día antes del partido.

Era el nuevo estadio Santiago Bernabéu, recién remodelado, el que ganaba enteros para ser escenario de la final. Pero la proclama islamófoba que se escuchó en el campo del Espanyol —»musulmán el que no bote»— podría despertar dudas en el organismo rector del fútbol mundial. Y el gran rival es Marruecos, que está construyendo un impresionante estadio a las afueras de Casablanca que, una vez finalizado, se convertirá en el estadio con más capacidad del mundo, con aforo para 115.000 personas.

Aunque tampoco se libra de la polémica el fútbol marroquí: lo ocurrido en la Copa África —se disputó en el país norteafricano—, con la CAF retirando el título a Senegal dos meses después de la final, por marcharse momentáneamente del campo para protestar un polémico penalti a favor de los Leones del Atlas, y la sensación de cierto favoritismo de la selección anfitriona en algunas sensaciones arbitrales, también han dejado dañada la imagen de Marruecos.

De momento, desde la RFEF han transmitido un mensaje de tranquilidad, pues Louzán no cree que lo ocurrido en Barcelona haya puesto en peligro la candidatura de España para acoger el duelo que decidirá a un nuevo campeón del mundo: «Cada cosa en su sitio. Este es un incidente aislado que no debe volver a producirse y vamos a trabajar juntos. Nos toca pedir que no se vuelvan a producir este tipo de actitudes», manifestó tras el encuentro, después de condenar lo ocurrido.

«Tanto UEFA como FIFA también están trabajando para acabar con este tipo de hechos, que lamento mucho que se hayan producido. Lo debemos condenar», añadió el dirigente gallego, que también recordó la rápida respuesta de la RFEF en el momento en el que se produjeron los cánticos: los videomarcadores del estadio mostraron un mensaje contra la xenofobia y el racismo, al mismo tiempo que se pidió por la megafonía «que no volvieran a repetirse».

Pese a haber intervenido rápidamente y de manera contundente, España se expone a una sanción que castigue esas actitudes racistas. Después, habrá que ver si las consecuencias se quedan ahí o afectan directamente a las opciones de la RFEF y el Bernabéu de convertirse en la sede de la final del Mundial 2030 por delante de Marruecos.

 La RFEF, de momento, se expone a sanciones por parte de la FIFA, y está por ver si las consecuencias alcanzan las opciones de España para acoger el partido por el título.  

Todo iba sobre ruedas para la selección española y la RFEF. La Roja brilla y es una de las favoritas a ganar el Mundial del próximo verano, mientras la Federación sigue trabajando en la organización de la Copa del Mundo de 2030, que acogerá junto a Portugal y Marruecos, con la firme intención de que la sede de la gran final esté en España, por lo que pugna con la federación africana. En plena disputa por el partido por el título, los cánticos racistas que una parte de la afición profirió este miércoles en Cornellá, durante el amistoso de España ante Egipto (0-0), comprometen la posibilidad de que el campeón del mundo se decida en España.

«España está trabajando bien, ha habido que cambiar esas dos ciudades y hemos pedido a FIFA que incluya a Vigo y Valencia. España está haciendo sus deberes. Queda mucho recorrido por delante y vamos a trabajar bien. No sería entendible que España no fuese sede de esa gran final, pero no somos nosotros quien lo decide, es FIFA y todo el respeto para todos los países organizadores», comentó el presidente Rafael Louzán un día antes del partido.

Era el nuevo estadio Santiago Bernabéu, recién remodelado, el que ganaba enteros para ser escenario de la final. Pero la proclama islamófoba que se escuchó en el campo del Espanyol —»musulmán el que no bote»— podría despertar dudas en el organismo rector del fútbol mundial. Y el gran rival es Marruecos, que está construyendo un impresionante estadio a las afueras de Casablanca que, una vez finalizado, se convertirá en el estadio con más capacidad del mundo, con aforo para 115.000 personas.

Aunque tampoco se libra de la polémica el fútbol marroquí: lo ocurrido en la Copa África —se disputó en el país norteafricano—, con la CAF retirando el título a Senegal dos meses después de la final, por marcharse momentáneamente del campo para protestar un polémico penalti a favor de los Leones del Atlas, y la sensación de cierto favoritismo de la selección anfitriona en algunas sensaciones arbitrales, también han dejado dañada la imagen de Marruecos.

De momento, desde la RFEF han transmitido un mensaje de tranquilidad, pues Louzán no cree que lo ocurrido en Barcelona haya puesto en peligro la candidatura de España para acoger el duelo que decidirá a un nuevo campeón del mundo: «Cada cosa en su sitio. Este es un incidente aislado que no debe volver a producirse y vamos a trabajar juntos. Nos toca pedir que no se vuelvan a producir este tipo de actitudes», manifestó tras el encuentro, después de condenar lo ocurrido.

«Tanto UEFA como FIFA también están trabajando para acabar con este tipo de hechos, que lamento mucho que se hayan producido. Lo debemos condenar», añadió el dirigente gallego, que también recordó la rápida respuesta de la RFEF en el momento en el que se produjeron los cánticos: los videomarcadores del estadio mostraron un mensaje contra la xenofobia y el racismo, al mismo tiempo que se pidió por la megafonía «que no volvieran a repetirse».

Pese a haber intervenido rápidamente y de manera contundente, España se expone a una sanción que castigue esas actitudes racistas. Después, habrá que ver si las consecuencias se quedan ahí o afectan directamente a las opciones de la RFEF y el Bernabéu de convertirse en la sede de la final del Mundial 2030 por delante de Marruecos.

 20MINUTOS.ES – Deportes

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