Los contagios de covid crecen en pleno calor y multiplican la venta de tests de diagnóstico

Casi siete años después de provocar una pandemia que fue la peor crisis sanitaria del mundo en el último siglo, el coronavirus sigue empeñado en romper registros. La última prueba de ello es el aumento de casos —casi siempre muy leves, aunque bastante molestos— registrado en las últimas semanas, con temperaturas propias de agosto. Los datos del incremento de covid pueden verse en el último informe de Vigilancia de Infección Respiratoria Aguda, publicado este jueves por el Centro Nacional de Epidemiología (CNE). Este muestra una incidencia estimada de 85 casos por 100.000 habitantes la semana pasada, un aumento respecto a los 50,4 casos de la anterior. Entre los niños menores de 12 meses, los más afectados, esta tasa ha pasado de 126 a 225 casos.

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 Casi siete años después de la pandemia, el coronavirus mantiene un patrón irregular que lo aleja de las previsiones de que sería una enfermedad invernal más  

Casi siete años después de provocar una pandemia que fue la peor crisis sanitaria del mundo en el último siglo, el coronavirus sigue empeñado en romper registros. La última prueba de ello es el aumento de casos —casi siempre muy leves, aunque bastante molestos— registrado en las últimas semanas, con temperaturas propias de agosto. Los datos del incremento de covid pueden verse en el último informe de Vigilancia de Infección Respiratoria Aguda, publicado este jueves por el Centro Nacional de Epidemiología (CNE). Este muestra una incidencia estimada de 85 casos por 100.000 habitantes la semana pasada, un aumento respecto a los 50,4 casos de la anterior. Entre los niños menores de 12 meses, los más afectados, esta tasa ha pasado de 126 a 225 casos.

El aumento de casos de coronavirus se ha notado en las farmacias, en las que se ha disparado la venta de tests de autodiagnóstico. Antonio Mignorance, presidente de Bidafarma, una gran cooperativa de distribución mayorista, explica que la demanda se ha triplicado: “Este mes vamos a servir unas 60.000 unidades, cuando venimos de unas cifras cercanas a los 15.000 o 20.000 mensuales. Es decir, que el aumento es significativo, aunque estamos en números muy bajos. Durante la pandemia, las ventas mensuales eran de varios millones”.

Evolución de covid (Líneas)

Esta situación ha puesto sobre la mesa la pregunta de si este año se ha adelantado la temporada de virus respiratorios invernales cuando todavía hace un calor propio de ir a la playa. La respuesta, si se pone el foco en los patógenos típicos de los meses más fríos, es que no. Estos son la gripe y el virus respiratorio sincitial (VRS), además de bacterias como el neumococo, que por ahora se mantienen en niveles testimoniales o cercanos a cero. Estos microorganismos acuden cada año puntualmente a su cita epidémica alrededor del mes de enero y las únicas incógnitas a resolver en la temporada son si la oleada será más o menos intensa y si el pico de incidencia se va a adelantar o retrasar algún mes.

El coronavirus, en cambio, ha tenido desde 2022 un comportamiento errático, con oleadas repartidas por todas las estaciones, según el año, y con una cantidad de picos relevantes que van de uno a tres anuales. A pesar de lo vaticinado en su día por muchos expertos, “no tiene mucho sentido considerarlo un virus estacional por lo visto hasta ahora”, concluye la viróloga e inmunóloga Margarita del Val, coordinadora de la Plataforma de Salud Global del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

De momento, la incidencia del coronavirus es en estos momentos inferior a la registrada el año pasado en estas mismas fechas. “Son niveles todavía bajos, que quedan lejos de los niveles epidémicos. Pero sí marcan un cambio de tendencia e incremento de casos que también se ha traducido en un ligero aumento en los ingresos hospitalarios”, afirma Lorenzo Armenteros, portavoz de la Sociedad Española de Medicina General (SEMG).

María del Mar Tomás, portavoz de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC), destaca por su parte que “la gran mayoría de casos son muy leves” gracias a la inmunidad de la población lograda con las vacunas o por haber pasado la infección de forma natural. “Salvo en personas vulnerables por la edad u otras patologías, donde el riesgo es mayor y por eso es importante la vacunación, el virus produce cuadros catarrales sin complicaciones entre la población sana”, añade.

Tras dejar atrás las grandes oleadas de la pandemia, el coronavirus ha tenido desde el verano de 2022 siete picos de incidencia relevantes. El primero fue a finales de otoño de ese año. En 2023 fue cuando más bandazos dio en el calendario, con un primer pico en primavera, otro a finales de verano y un tercero en la segunda mitad de diciembre. En 2024 registró de nuevo un máximo destacado en primavera, mientras el año pasado y este ha sido en septiembre (aunque ahora está por ver si la incidencia sigue creciendo).

“El coronavirus no sigue un patrón anual en invierno, sino que muestra ondas más frecuentes en otros momentos del año. Además, es destacable que las grandes fases de circulación del virus tienden a no coincidir con los momentos de máxima intensidad de la gripe. En cierta manera, podemos decir que ocupa su espacio cuando la gripe no circula”, sostiene Juan Carlos Galán, jefe de Virología del Hospital Ramón y Cajal (Madrid).

Los expertos coinciden en que este comportamiento impredecible se debe con probabilidad a la juventud del virus, identificado por primera vez a finales de 2019 en Wuhan (China), lugar de inicio de la pandemia. “No podemos saber muy bien cómo se comportará en el futuro y si llegará a tener una periodicidad fija”, añade Galán.

Toni Trilla, médico especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública del Hospital Clínic (Barcelona), considera que el patógeno podría estar en una “fase de transición”. “No se comporta aún como un virus estacional típico, aunque lo esperable sería que con el tiempo vaya adoptando un patrón invernal similar al de otros coronavirus o la gripe. Aunque es pronto para saberlo con seguridad”, afirma este experto.

Margarita del Val considera que una de las razones que pueden explicar la disparidad de las oleadas es la facilidad del coronavirus para transmitirse. “Es casi tan contagioso como el sarampión. Quizá por ello no necesite las condiciones que favorecen a otros patógenos invernales, como que la gente pase el día en espacios cerrados con las ventanas sin abrir. Como no lo necesita, puede propagarse en cualquier momento del año, incluso cuando hace calor y hacemos más vida al aire libre”, explica.

Sobre las razones que explican que sigan produciéndose grandes brotes o oleadas, los expertos apuntan al efecto conjunto de varios factores. “Una explicación es la pérdida de inmunidad con el paso del tiempo tras pasar la infección de forma natural o vacunarse. Todavía no se sabe con certeza cuánto dura”, afirma Galán.

A esto habría que añadir algunas mutaciones que permitan al virus escapar de las defensas del organismo, aunque esto sería ahora menos relevante: “El virus se ha mantenido bastante estable, no han surgido nuevas variantes como sucedió en los primeros años de la pandemia”, coinciden este experto y Trilla. Por último, Margarita del Val apunta a la existencia “de nichos o bolsas de población con menor inmunidad; cuando el virus las alcanza, se transmite con gran facilidad”.

La irregular circulación del coronavirus puede llevar a situaciones paradójicas: si la oleada de este año adquiere importancia, por ejemplo, las campañas de vacunación de las comunidades empezarán justo después de la ola epidémica. Esto ha abierto un debate, aún incipiente, entre algunos expertos sobre la conveniencia de administrar la vacuna frente a este patógeno junto a la de la gripe.

Pese a este desajuste entre los calendarios vacunales y las oleadas del coronavirus, la opinión unánime de los expertos es vacunarsecuando el sistema lo ofrece. Para el paciente, “es el momento en que la vacuna está disponible, resulta más práctico y garantiza quedar protegido frente a complicaciones e infecciones futuras”. Para los sistemas sanitarios, atados por la compleja logística de las campañas, seguir manteniendo en otoño la vacuna del coronavirus es la forma de lograr mejores coberturas.

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