María Montessori: «Facilitar las cosas al niño sin necesidad, en lugar de ayudarle, solo sirve para estancarlo»

Los métodos de enseñanza que hace décadas eran tendencia e innovadores han dejado paso a otros sistemas que poco a poco se van haciendo su espacio en España. Uno de los más destacados es el método Montessori, desarrollado por la pedagoga italiana del mismo nombre.

Este sistema nos invita a pensar en todo aquello que creíamos sobre educación y enseñanza y mirarlo desde un nuevo prisma, ofreciendo nuevas formas de enseñanza, siempre con el niño en el centro de todo y con la intención de que sea lo más enriquecedor para él. La autonomía del niño es una prioridad en este sistema.

Montessori: «En lugar de ayudarle, sirve para estancarlo»

Una de las máximas de Montessori es dotar al niño de autonomía, es decir, que sea capaz de actuar sin depender de otros, siguiendo sus propias normas internas, pero también de tomar sus propias decisiones. En lugar de considerar a los niños como seres incapaces de hacer las cosas por su cuenta, los considera individuos capaces y sensibles, con un gran potencial que hay que respetar. La tarea de padres y educadores sería ejercer de guía, acompañarles en el camino, pero nunca recorrerlo en su lugar.

«La persona que es servida, en lugar de ser ayudada, es obstaculizada en el desarrollo de su propia independencia. Este concepto es el fundamento de la dignidad del hombre. El niño no puede ser servido porque no quiere ser importante», decía Montessori. «Facilitar las cosas al niño sin necesidad, en lugar de ayudarle, solo sirve para estancarlo».

El impulso del niño es abordar un problema desde cualquier ángulo posible, es decir, al enfrentarse a una situación inesperada, cualquier solución puede ser la correcta, pero si los adultos a su cargo evitan que pruebe nuevas estrategias y procedimientos que podrían aportarle un aprendizaje, estarán privándole de ese proceso. En general, los adultos se centran en el objetivo final y empujan a los niños a hacer lo mismo, y lograrlo de la única manera que conocemos. En muchas ocasiones esto no es necesario, porque el niño puede lograrlo por sí mismo si se le deja.

«El instinto más grande de los niños es precisamente liberarse del adulto», señaló la experta en pedagogía. Ayudarle, acortar el camino hasta el objetivo, puede hacer que el trayecto sea menos provechoso para el aprendizaje del pequeño. Si puede lograrlo por sí mismo, siempre que sea una tarea segura, lo mejor es dejar que así sea.

Cómo fomentar la autonomía del niño según Montessori

Montessori observó que los niños tienen el impulso de hacer las cosas por sí mismos y consideró que lo mejor era fomentar esa autonomía para favorecer su desarrollo. Para lograrlo, estableció algunos principios y desarrolló varias estrategias con la intención de que los más pequeños aprendan a valerse por sí mismos, sin depender siempre del adulto.

Los niños necesitan un ambiente adaptado a ellos para poder ser un poco más autónomos, con muebles a su altura, de los que puedan subir y bajar sin ayuda, o estantes donde poder coger el cuento o actividad que les apetece, sin tener que pedir a nadie que lo haga por ellos. Esto enlaza directamente con otra de las bases y es ofrecer al niño la libertad de escoger, siempre dentro de unos límites, por ejemplo, dejando que escojan que ropa ponerse entre dos opciones.

Esa misma libertad para escoger hay que aplicarla a otros aspectos de su vida, permitiendo que hagan cosas por su cuenta, como vestirse o desvestirse, o con pequeñas tareas cotidianas que están a su alcance. Es importante que los padres y educadores respeten el ritmo de aprendizaje y desarrollo de cada niño, sus tiempos, y ofrecer ayuda solo cuando sea verdaderamente necesario. Sobreprotegerles no es la mejor manera de actuar y Montessori invita a observar más y actuar menos, a celebrar el proceso y no solo el resultado.

El adulto se convierte en un guía, acompaña en el proceso y pasa de controlar a confiar, lo que hace que el niño acabe confiando más en sí mismo y sus capacidades.

Referencias

Randolph, J. J., Bryson, A., Menon, L., Henderson, D. K., Manuel, A. K., Michaels, S., Rosenstein, D. L. W., McPherson, W., O’Grady, R., & Lillard, A. S. (2023). Montessori education’s impact on academic and nonacademic outcomes: A systematic review. Campbell Systematic Reviews, 19(3), e1330. https://doi.org/10.1002/cl2.1330

 Una de las máximas del método Montessori es que el niño sea lo más autónomo posible, el padre o educador acompaña en el aprendizaje.  

Los métodos de enseñanza que hace décadas eran tendencia e innovadores han dejado paso a otros sistemas que poco a poco se van haciendo su espacio en España. Uno de los más destacados es el método Montessori, desarrollado por la pedagoga italiana del mismo nombre.

Este sistema nos invita a pensar en todo aquello que creíamos sobre educación y enseñanza y mirarlo desde un nuevo prisma, ofreciendo nuevas formas de enseñanza, siempre con el niño en el centro de todo y con la intención de que sea lo más enriquecedor para él. La autonomía del niño es una prioridad en este sistema.

Montessori: «En lugar de ayudarle, sirve para estancarlo»

Una de las máximas de Montessori es dotar al niño de autonomía, es decir, que sea capaz de actuar sin depender de otros, siguiendo sus propias normas internas, pero también de tomar sus propias decisiones. En lugar de considerar a los niños como seres incapaces de hacer las cosas por su cuenta, los considera individuos capaces y sensibles, con un gran potencial que hay que respetar. La tarea de padres y educadores sería ejercer de guía, acompañarles en el camino, pero nunca recorrerlo en su lugar.

«La persona que es servida, en lugar de ser ayudada, es obstaculizada en el desarrollo de su propia independencia. Este concepto es el fundamento de la dignidad del hombre. El niño no puede ser servido porque no quiere ser importante», decía Montessori. «Facilitar las cosas al niño sin necesidad, en lugar de ayudarle, solo sirve para estancarlo».

El impulso del niño es abordar un problema desde cualquier ángulo posible, es decir, al enfrentarse a una situación inesperada, cualquier solución puede ser la correcta, pero si los adultos a su cargo evitan que pruebe nuevas estrategias y procedimientos que podrían aportarle un aprendizaje, estarán privándole de ese proceso. En general, los adultos se centran en el objetivo final y empujan a los niños a hacer lo mismo, y lograrlo de la única manera que conocemos. En muchas ocasiones esto no es necesario, porque el niño puede lograrlo por sí mismo si se le deja.

«El instinto más grande de los niños es precisamente liberarse del adulto», señaló la experta en pedagogía. Ayudarle, acortar el camino hasta el objetivo, puede hacer que el trayecto sea menos provechoso para el aprendizaje del pequeño. Si puede lograrlo por sí mismo, siempre que sea una tarea segura, lo mejor es dejar que así sea.

Cómo fomentar la autonomía del niño según Montessori

Montessori observó que los niños tienen el impulso de hacer las cosas por sí mismos y consideró que lo mejor era fomentar esa autonomía para favorecer su desarrollo. Para lograrlo, estableció algunos principios y desarrolló varias estrategias con la intención de que los más pequeños aprendan a valerse por sí mismos, sin depender siempre del adulto.

Los niños necesitan un ambiente adaptado a ellos para poder ser un poco más autónomos, con muebles a su altura, de los que puedan subir y bajar sin ayuda, o estantes donde poder coger el cuento o actividad que les apetece, sin tener que pedir a nadie que lo haga por ellos. Esto enlaza directamente con otra de las bases y es ofrecer al niño la libertad de escoger, siempre dentro de unos límites, por ejemplo, dejando que escojan que ropa ponerse entre dos opciones.

Esa misma libertad para escoger hay que aplicarla a otros aspectos de su vida, permitiendo que hagan cosas por su cuenta, como vestirse o desvestirse, o con pequeñas tareas cotidianas que están a su alcance. Es importante que los padres y educadores respeten el ritmo de aprendizaje y desarrollo de cada niño, sus tiempos, y ofrecer ayuda solo cuando sea verdaderamente necesario. Sobreprotegerles no es la mejor manera de actuar y Montessori invita a observar más y actuar menos, a celebrar el proceso y no solo el resultado.

El adulto se convierte en un guía, acompaña en el proceso y pasa de controlar a confiar, lo que hace que el niño acabe confiando más en sí mismo y sus capacidades.

Referencias

Randolph, J. J., Bryson, A., Menon, L., Henderson, D. K., Manuel, A. K., Michaels, S., Rosenstein, D. L. W., McPherson, W., O’Grady, R., & Lillard, A. S. (2023). Montessori education’s impact on academic and nonacademic outcomes: A systematic review. Campbell Systematic Reviews, 19(3), e1330. https://doi.org/10.1002/cl2.1330

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