Marta Riumbau da todos los detalles sobre cómo fue su parto: «Hubo un momento en que perdí el conocimiento»

Un año después de su parto inducido, Marta Riumbau se sincera sobre esta experiencia en redes sociales. La influencer cuenta lo que vivió en el hospital las horas previas a conocer a su pequeña Julieta. El dolor, las lágrimas y el nerviosismo marcaron el día del nacimiento de la pequeña Julieta.

La ex de Diego Matamoros llegó al hospital con 41 semanas y 3 días. A partir de la semana 42 es peligroso continuar, por lo que tuvieron que inducirle el parto. «A las 20:30 me pusieron el propes, una especie de tampón impregnado con el medicamento. Teóricamente tienes que estar 12 horas. Yo a las 3 horas me lo quité porque me estaba haciendo mucho efecto», ha empezado.

A partir de este momento, a pesar de que Marta tiene «bastante tolerancia al dolor». Empezó a sentir «mucho dolor muy seguido» que «no paraba». El momento de expulsión se retrasó porque tenía mucho líquido amniótico y esto provocaba que Julieta estuviera muy cómoda en su vientre y no quisiera salir.

A pesar de que creía que iba a tener momentos de relajación durante el parto, estuvo «muchas horas sin comer, sin dormir, con mucho dolor y nervios». Además, tuvieron que ponerle dos veces la epidural.

Entonces llegó el momento de la expulsión: «Yo pensaba que serían 4 pujos y ya, fueron 4 horas de expulsivo, no sabéis la cantidad de veces que lloré«, ha dicho. Estaba con sus padres, pero les pidió que abandonaran la sala porque no quería que la vieran en tan mal estado. Durante la expulsión: «Hubo un momento que perdí el conocimiento, ahí empecé a llorar muchísimo y a ponerme muy muy nerviosa».

En ese punto, pidió la ventosa, ya que explica que estaba en una especie de «trance» que la impedía escuchar a los médicos ni empujar. Su útero se había dañado tras tanto trabajo en el parto y pidió que la sedaran porque notaba cómo le «cosían el útero».

Cuando se despertó, pudo encontrarse con su pequeña en sus brazos, por fin. Todo lo malo había pasado y había merecido la pena. «Desde ese momento no me he separado de ella, no sé qué hacía antes de ser madre. Ella es la razón de mi existencia», ha concluido.

 La ‘influencer’ tuvo un parto inducido al tener en su vientre a su hija casi 42 semanas, momento en el que peligra la salud de la madre.  

Un año después de su parto inducido, Marta Riumbau se sincera sobre esta experiencia en redes sociales. La influencer cuenta lo que vivió en el hospital las horas previas a conocer a su pequeña Julieta. El dolor, las lágrimas y el nerviosismo marcaron el día del nacimiento de la pequeña Julieta.

La ex de Diego Matamoros llegó al hospital con 41 semanas y 3 días. A partir de la semana 42 es peligroso continuar, por lo que tuvieron que inducirle el parto. «A las 20:30 me pusieron el propes, una especie de tampón impregnado con el medicamento. Teóricamente tienes que estar 12 horas. Yo a las 3 horas me lo quité porque me estaba haciendo mucho efecto», ha empezado.

A partir de este momento, a pesar de que Marta tiene «bastante tolerancia al dolor». Empezó a sentir «mucho dolor muy seguido» que «no paraba». El momento de expulsión se retrasó porque tenía mucho líquido amniótico y esto provocaba que Julieta estuviera muy cómoda en su vientre y no quisiera salir.

A pesar de que creía que iba a tener momentos de relajación durante el parto, estuvo «muchas horas sin comer, sin dormir, con mucho dolor y nervios». Además, tuvieron que ponerle dos veces la epidural.

Entonces llegó el momento de la expulsión: «Yo pensaba que serían 4 pujos y ya, fueron 4 horas de expulsivo, no sabéis la cantidad de veces que lloré«, ha dicho. Estaba con sus padres, pero les pidió que abandonaran la sala porque no quería que la vieran en tan mal estado. Durante la expulsión: «Hubo un momento que perdí el conocimiento, ahí empecé a llorar muchísimo y a ponerme muy muy nerviosa».

En ese punto, pidió la ventosa, ya que explica que estaba en una especie de «trance» que la impedía escuchar a los médicos ni empujar. Su útero se había dañado tras tanto trabajo en el parto y pidió que la sedaran porque notaba cómo le «cosían el útero».

Cuando se despertó, pudo encontrarse con su pequeña en sus brazos, por fin. Todo lo malo había pasado y había merecido la pena. «Desde ese momento no me he separado de ella, no sé qué hacía antes de ser madre. Ella es la razón de mi existencia», ha concluido.

 20MINUTOS.ES – Gente

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