Marta Valiñas, presidenta de la Misión Internacional Independiente de Investigación sobre Venezuela: «Hay que tener más coherencia y no alimentar económicamente a quienes vulneran los derechos humanos»

Subraya la necesidad de «garantizar la rendición de cuentas por las graves violaciones de derechos humanos y los crímenes de lesa humanidad cometidos por su Gobierno» Leer Subraya la necesidad de «garantizar la rendición de cuentas por las graves violaciones de derechos humanos y los crímenes de lesa humanidad cometidos por su Gobierno» Leer  

Si un termómetro pudiera medir la crueldad de lo narrado por Marta Valiñas y su equipo de la trascendental Misión Internacional Independiente de Determinación de Hechos de la ONU sobre Venezuela (FFM, por sus siglas en inglés), el mercurio se habría disparado mil veces.

La portuguesa Valiñas -quien ya ha informado que deja el cargo en la ONU tras seis años y dos meses de batalla-, el chileno Francisco Cox Vial y la argentina Patricia Tappatá han entrado por la puerta grande en la historia de la Venezuela democrática. Los informes de la Misión encabezada por Valiñas, encomendada por el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, han desvelado las constantes violaciones de derechos humanos del chavismo, incluso para quienes durante años han preferido mirar a otro lado por conveniencias políticas, ideológicas o económicas. Unos documentos que con la caída de Maduro cobran especial importancia, por eso ayer la Misión subrayó la necesidad de «garantizar la rendición de cuentas por las graves violaciones de derechos humanos y los crímenes de lesa humanidad cometidos por su Gobierno».

Pregunta. Usted ha encabezado la FFM desde 2019 hasta hoy, fundamental para conocer a fondo las vulneraciones de derechos humanos que suceden en Venezuela. ¿A qué se debe su renuncia?

Respuesta. La Misión proseguirá, ya hay dos miembros nuevos y pronto nombrarán al tercero. Hay casi un año más de mandato, hasta septiembre, y creo que la Misión se renovará. Mi decisión se debe a haber cumplido un ciclo de dedicación de la Misión. Me da mucha tranquilidad dejarla en buenas manos. Creo que necesita energía renovada y nuevas miradas, siguiendo buenas prácticas ya establecidas. Yo he cumplido mi misión.

P. ¿Ha cumplido los objetivos personales que se marcó al aceptar este cargo?

R. Exacto, incluso más de lo que esperaba cuando acepté este reto en 2019. Intentamos hacer todo lo posible en el primer informe porque entonces no se sabía si se iba a renovar su mandato. Hemos tomado desde el principio decisiones metodológicas y una visión estratégica muy importantes, no sólo en documentar violaciones de derechos humanos, también en mostrar la amplitud y el alcance de lo que estaba pasando. Hemos documentado de forma muy detallada bastantes casos individuales, que muestran qué ocurrió en cada caso, la multiplicidad de violaciones de derechos humanos. No quería que nuestros informes fueran generalizados o superficiales. Y eso lo logramos. También hemos tomado muy en serio apuntar las responsabilidades asociadas a las violaciones de estos derechos. Hemos invertido bastantes energías en la contribución al proceso de rendición de cuentas, importante para llegar a la justicia y a los cambios en las instituciones responsables y en la reparación íntegra de los afectados.

P. La Misión ha actuado siempre bajo el ojo del huracán bolivariano, que ha arremetido con insultos y amenazas de todo tipo. También les impidieron viajar a Venezuela.

R. No nos permitieron la entrada en el país, pero eso vale la pena cuando uno puede realizar investigaciones de forma segura y sin interferencias de las autoridades. En el contexto venezolano dudo mucho que fuera posible, otros que sí lo hicieron se enfrentaron a esas dificultades. Las entrevistas con personas que siguen en Venezuela o que salieron del país, algunas en persona, fueron más útiles y sin comprometer la imparcialidad de la información y la seguridad de nuestras fuentes. Eso sí, no tuvimos la oportunidad de hablar con autoridades o con miembros de las fuerzas estatales. Sinceramente, lo lamento mucho, pero son las propias autoridades las que pierden con esta actitud. El temor de las personas a hablar con la Misión y otras organizaciones ha aumentado, eso lo hemos visto. Tras la represión poselectoral de 2024, con muertes, detenciones arbitrarias masivas, ahí sentimos que el temor se renovó y generalizó. La gente tuvo la valentía de salir a las calles o se pronunciaron en sus redes sociales y sufren de nuevo una represión tan violenta que se nota que tienen más miedo a hablar. Esto impacta. Los defensores de derechos humanos, también por temor a la persecución, salen del país o restringen sus actividades dentro. El miedo es justificado, no es hipotético, ven a amigos, vecinos y colegas víctimas de las violaciones de derechos humanos.

P. Cada uno de sus informes ha sido una especie de martillo en contra de la propaganda revolucionaria. En uno de los últimos advertía sobre la intensificación de la persecución por motivos políticos. ¿En qué situación queda hoy Venezuela?

R. Estamos en una situación verdaderamente muy preocupante. Las violaciones documentadas contra personas que se atreven a expresar sus opiniones, considerados por el Gobierno como una amenaza contra Maduro, siguen pasando. Por ejemplo, las últimas excarcelaciones de las personas detenidas tras las elecciones han sucedido en paralelo a gente que sigue siendo detenida por las mismas razones. Eso no cambió, no disminuyó. Hay más: las violaciones al debido proceso han empeorado tras las elecciones. Antes teníamos acceso a los abogados de los detenidos o torturados, pero hoy en día no cuentan con un abogado privado y muchas veces no se sabe dónde están, sufren una completa vulnerabilidad después de detenciones arbitrarias y, en algunos casos, víctimas de torturas o malos tratos. Es una desprotección total que no se había visto antes. Es muy grave.

P. ¿Cómo cree que ha reaccionado la comunidad internacional a este agravamiento de los derechos en Venezuela?

R. Hay un cansancio de la comunidad internacional hacia este tipo de violaciones, a la represión interna contra los opositores. De nuevo se está hablando de Venezuela como tema internacional, pero lo que está pasando dentro de Venezuela sigue siendo muy grave. Me parece que la falta de atención a esto que sucede es un problema.

P. Pareciera que el chavismo ha sido capaz de perfeccionar su sistema represivo.

R. Sí. Las distintas fuerzas y autoridades estatales cumplen sus objetivos de anular la oposición social y política sin grandes costos para ellos, con impunidad. Cuando se intensificó la resistencia popular, se intensificó la represión. Han sido más eficaces, se comprueba con el temor y la anulación de las voces críticas.

P. Mucha gente en Venezuela no entiende que con tantas pruebas la Corte Penal Internacional (CPI) no haya ordenado detener a Maduro y a sus jerarcas. ¿Usted lo hubiera hecho?

R. Para nosotros es difícil comentar los tiempos de la justicia internacional, que ya sabemos que en general han sido demasiado largos. Mientras se tarda en emitir órdenes de captura y en avanzar en los procesos más violaciones y más impunidad hay. La justicia internacional se ve así comprometida por estos retrasos. Es muy importante que la CPI o países terceros con principios de jurisdicción universal avancen. Sigo creyendo en su papel, pero tienen que avanzar rápidamente.

P. ¿Cómo se sobrevive emocionalmente a semejante vendaval de ejecuciones, torturas o violaciones sexuales?

R. Es muy duro, pero lo más duro es sentir la incapacidad de hacer algo más inmediato por las personas que lo están sufriendo. Ahora, creo que por muy duro que sea para nosotros no llega ni cerca del dolor para quienes lo sufren y sus familiares o personas cercanas. La motivación para mi trabajo es pensar que lo que podamos contribuir a la verdad y a la justicia para ellos.

P. El trabajo ejemplar de las madres de los jóvenes detenidos tras el megafraude electoral se ha constatado en estos días de excarcelaciones. Se habían convertido en un incordio para el gobierno.

R. Este trabajo, tanto de madres, familiares y defensores de derechos humanos, es absolutamente fundamental para un contexto tan duro, represivo y violento. Funciona como resistencia a la represión estatal entre tantas dificultades. Admiro profundamente la fuerza de todos ellos, es impresionante. Hay que apoyarles como podamos, contando también sus historias. No las podemos dejar solas.

P. Una de las estrellas descubiertas por la Misión es el coronel Alexander Granko Arteaga, de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM), personaje clave hoy en el entramado de represión del chavismo y a la vez empresario millonario que pasea a su equipo de fútbol por la Copa Libertadores. ¿Basta con las sanciones de los estados o es posible otras acciones contra personajes como Granko?

R. Es difícil combatir el poder y la influencia que estas personas tienen dentro del país. La justicia dentro de Venezuela está comprometida, no funciona. Necesitamos esfuerzos reales de rendición de cuentas. No sólo la CPI, hay que invertir más en procesos fuera de Venezuela porque dentro no es posible. La justicia puede tardar más de lo que queremos, pero llega. También hay que actuar más en la región y en Europa, porque hay países que tienen relaciones económicas con algunas de estas personas. Hay que tener más coherencia y no alimentar económicamente a grupos e instituciones involucradas dentro de Venezuela.

P. La Misión ha desvelado muchos de los desmanes del Rodeo 1, la cárcel de la DGCIM, en la que están recluidos siete presos políticos con nacionalidad española, convertidos en rehenes. ¿Se puede hacer algo más desde España?

R. La situación es absolutamente inaceptable desde un punto de vista de relaciones diplomáticas. Creo que los estados cuyos ciudadanos están en esta situación deberían ser más asertivos es sus posiciones por las violaciones que comete el Gobierno.

 Internacional // elmundo

Te puede interesar