Médicos de media España dejarán de hacer horas extra de cirugía en protesta por sus condiciones laborales

“Nos estamos ahogando y ya no sabemos qué hacer para que nos salven”. La frase, de un cirujano de cadera que pide mantenerse en el anonimato, quiere ejemplificar la situación de los médicos de la sanidad pública: sobrecarga de trabajo, guardias maratonianas y una remuneración que no consideran acorde a su responsabilidad. Después de más de un año de huelgas, facultativos de media España se suman ahora a otra protesta: dejar de hacer peonadas —oficialmente llamadas actividad autoconcertada—, las cirugías y pruebas diagnósticas fuera de su horario habitual por las que los servicios de salud les pagan un extra para reducir las listas de espera.

Seguir leyendo

 Facultativos de Galicia, Navarra, País Vasco, Madrid, Cataluña, La Rioja y Comunidad Valenciana protestan contra la sobrecarga de trabajo a sus comunidades y al ministerio  

“Nos estamos ahogando y ya no sabemos qué hacer para que nos salven”. La frase, de un cirujano de cadera que pide mantenerse en el anonimato, quiere ejemplificar la situación de los médicos de la sanidad pública: sobrecarga de trabajo, guardias maratonianas y una remuneración que no consideran acorde a su responsabilidad. Después de más de un año de huelgas, facultativos de media España se suman ahora a otra protesta: dejar de hacer peonadas —oficialmente llamadas actividad autoconcertada—, las cirugías y pruebas diagnósticas fuera de su horario habitual por las que los servicios de salud les pagan un extra para reducir las listas de espera.

Es un movimiento que comenzó en abril en Galicia, Navarra y País Vasco, y al que se sumarán a partir del lunes médicos de distintos servicios de Madrid, Cataluña, La Rioja y Comunidad Valenciana. No es una huelga: las peonadas son voluntarias. Se trata de una nueva forma de presión para luchar por sus derechos.

La reivindicación más directa es hacia sus consejerías de salud, que determinan sueldos, el pago de las guardias o el número de facultativos por servicio. Pero se enmarca en una protesta mayor contra el Ministerio de Sanidad, que está en vías de aprobar un Estatuto Marco —que regula las condiciones generales de todos los sanitarios— con el que los sindicatos médicos no están de acuerdo.

En cada una de las comunidades que se han unido a esta medida de presión, la historia tiene matices distintos, cambian las negociaciones que han realizado con sus consejerías autonómicas, pero el trasfondo es muy parecido. Tampoco ha sido orquestado por los sindicatos: es más bien un movimiento profesional que ha ido sumando adhesiones de distintos servicios, aunque los representantes de los trabajadores los están secundando.

Parte de la reacción se debe a que los servicios de salud están intensificando o reinstaurando peonadas para contrarrestar los efectos de la huelga nacional que los principales sindicatos médicos tienen convocada desde enero contra Sanidad, que ha sumado ya cuatro semanas (una al mes desde febrero) y millones de procedimientos cancelados.

La asociación Médicos Unidos por sus Derechos (MUD) justifica la decisión de dejar de y hacer peonadas por “el caso omiso que las administraciones central y autonómica están haciendo a las reivindicaciones de los profesionales médicos”.

Sin una reivindicación unificada para toda España, la explicación que ofrecen para la situación valenciana es un ejemplo en buena medida extrapolable al resto de comunidades que se están sumando: “La conselleria, que había suspendido la práctica totalidad de la actividad autoconcertada, pretendía reiniciarla ante el aumento de la lista de espera derivado de la huelga, proponiendo que se haga por la tarde lo que deja de hacerse por la mañana. […] MUD manifiesta su apoyo a unos profesionales que han renunciado a un salario extra, sumado a la pérdida retributiva acumulada por la huelga, y que han decidido poner fin a una actividad incoherente en el actual contexto de huelga para cualquier profesional comprometido con la mejora del sistema público de salud”.

Las reivindicaciones que están intentando negociar con las consejerías también son parecidas en casi toda España y en ellas convergen competencias autonómicas con las nacionales, reguladas por el Estatuto Marco que el ministerio acordó con los sindicatos mayoritarios de la sanidad, pero que tiene enfrente a los de los médicos en concreto.

Los facultativos piden ajustar las plantillas —competencia autonómica— para garantizar a los médicos una jornada laboral —a la que pone límites el Estatuto Marco— “igual que el resto de trabajadores del sistema público”.

Reclaman que las horas de guardia sean voluntarias ―esto lo deniega Sanidad, aunque las ha rebajado―, que se paguen al menos al precio de las horas ordinarias ―esto lo fija cada comunidad― y que cuenten para la jubilación ―un extremo imposible con el sistema de Seguridad Social que rige para todos los trabajadores de España―.

Piden un estatuto propio de los médicos, al que el ministerio se opone. A sus autonomías les reclaman que lo apoyen, como ya han hecho Madrid y Galicia, gobernadas por el PP, a pesar de que este partido no lo secunda a nivel nacional, como sí hace Vox, el único que se ha mostrado firme defensor de esta reivindicación.

Otro punto es la creación de mesas donde las condiciones laborales de los médicos sean negociadas por ellos mismos, tanto a nivel nacional como autonómico. MUD califica este como “punto central” del conflicto. Justifican los médicos que, en un sistema sanitario en el que su peso es crucial, son una minoría (hay muchas más enfermeras, celadores, auxiliares) y que de esa forma sus derechos particulares quedan sepultados en los del resto. Lo que ocurre es que, por el sistema de representación sindical, su representación separada en las mesas de negociación es hoy por hoy legalmente inviable y habría que hacer profundos cambios legales para que los médicos tuvieran una propia.

Piden, por último, una “adaptación salarial a los estándares de la OCDE”, algo que depende por completo de cada comunidad: de hecho, las remuneraciones pueden llegar a variar mucho en función de la autonomía.

Por todo esto —con matices en función del territorio—, muchos médicos dejarán de hacer peonadas el lunes, sumándose a los que ya llevaban semanas negándose. Pero no está claro ni cuántos ni cómo afectará a unas listas de espera que cada vez acumulan más pacientes mientras los facultativos siguen moviendo los brazos para no ahogarse, parafraseando al cirujano del principio.

 Sociedad en EL PAÍS

Te puede interesar