Nadav Zafrir, CEO de Check Point: «Las empresas están entre la espada y la pared; sin la IA perderán relevancia y sin protegerse de ella, desaparecerán»

El director general de la multinacional israelí de ciberseguridad, cree que estamos en la mayor revolución de la era del Homo Sapiens. Para bien y para mal Leer El director general de la multinacional israelí de ciberseguridad, cree que estamos en la mayor revolución de la era del Homo Sapiens. Para bien y para mal Leer  

Bajo la icónica pirámide de Louvre, en París, Check Point ha reunido a cientos de ejecutivos, socios y clientes. Es un evento importante. La multinacional de ciberseguridad quiere posicionarse ante lo que viene y alertar a su ecosistema de que esta no es una crisis más. Estamos ante la gran transformación tecnológica de la era del Homo Sapiens, en palabras de Nadav Zafrir (1970, Kiryat Anavim, Israel), quien asumió la dirección general de Check Point en diciembre de 2024. Este antiguo comandante de la unidad de élite 8200 de las Fuerzas de Defensa de Israel y una de las voces con mayor experiencia internacional en inteligencia y seguridad digital atiende a Actualidad Económica apenas una hora antes de dirigirse a los presentes. Y lo hace con un mensaje claro: la ciberseguridad es hoy una cuestión estratégica para cualquier empresa. Para evitar un ataque, evidentemente, pero también para decidir hasta dónde puede llevarse la adopción de esta tecnología sin poner en riesgo el negocio.

Asumió las riendas de Check Point para cambiar cosas, ¿cuál es la transformación que quiere impulsar?
Todo tiene que empezar por acompasar la transformación que está viviendo el mundo. Todo el mundo está fascinado y, al mismo tiempo, asustado por la inteligencia artificial, y con razón. Probablemente sea la mayor revolución tecnológica desde que el Homo sapiens empezó a dominar la Tierra.
¿Asustados con razón?
Sí. Nos cuesta imaginar adónde nos llevará porque nuestra capacidad de imaginación tiene límites. Además, está ocurriendo a una velocidad extraordinaria, más rápido que cualquier revolución tecnológica que haya visto. Y no estamos simplemente ante una nueva herramienta.
¿Ante qué diría que estamos?
En muchos sentidos, ante una nueva entidad. Tendemos a personificar a los agentes de IA, pero no van a ser como los seres humanos. Harán algunas tareas humanas, sí, pero de otra forma, y cambiarán la manera en que esas tareas se realizan. Quizá dentro de un año algún agente se salga de control y nadie se sorprenderá demasiado.
Y ustedes quieren estar ahí para controlar esos daños, ¿no?
Nuestros clientes están transformando su negocio, sus redes y su forma de trabajar. Quiero ser su mano derecha para que esa transformación sea segura.
¿Cómo se acompaña en esa transformación?
Tenemos que estar presentes cuando las empresas empiecen a utilizar asistentes de IA, cuando desplieguen aplicaciones cada vez más autónomas y cuando deleguen en agentes inteligentes tareas que hoy realizan personas. Nuestra responsabilidad será garantizar que todo ese proceso sea seguro.
¿Hasta qué punto se la juegan las empresas?
Están entre la espada y la pared. Si no innovan perderán relevancia. Pero si transforman su negocio sin protegerlo, correrán el riesgo de quedarse obsoletas.
Aún no me ha dicho hacia dónde quiere llevar Check Point…
Queremos convertirnos en el socio de confianza capaz de acompañar a nuestros clientes en esa transformación y ayudarles a encontrar el equilibrio entre velocidad, eficiencia, innovación y seguridad.
¿La IA da más ventaja a los atacantes que a los defensores? ¿o es al revés?
En realidad ocurre ambas cosas. Desde la perspectiva del atacante estamos asistiendo a una democratización y una industrialización de capacidades que antes eran muy escasas.
¿Democratización? ¿A qué se refiere?
Que modelos como Chat 5.5 o Mythos ponen al alcance de cualquiera capacidades que antes sólo tenían unas pocas organizaciones muy sofisticadas.
Déme un ejemplo, por favor.
Detectar vulnerabilidades en un código. Antes hacía falta muchísimo conocimiento. Ahora estos modelos parecen extraordinariamente buenos encontrando fallos y convirtiéndolos en armas. Eso significa que, donde antes había una docena de atacantes realmente sofisticados, ahora puede haber cientos o miles.
¿Y la industriazalización a la que alude es por que la IA les permite escala?
Justo. Ya no necesitan concentrarse únicamente en campañas muy específicas. Pueden hacerlo continuamente. Desde esa perspectiva, sí, la IA está dando ventaja a los atacantes.
¿No da también armas a la defensa?
Sí. Nuestra misión es precisamente utilizar esas mismas capacidades para la defensa. Tenemos que automatizar la seguridad, simplificarla y cambiar el paradigma tradicional, en el que la seguridad era esencialmente reactiva. Debe estar automatizada al máximo posible. Tenemos que sacar al ser humano del circuito siempre que podamos y actuar a velocidad de máquina.
¿Sacar al ser humano del circuito?
Si vamos a enfrentarnos a ataques mucho más sofisticados y frecuentes, necesitaremos ser capaces de protegernos frente a ellos con esa misma rapidez.
Al final, ¿todo se reduce a quién aprende antes?
Exactamente. La ciberseguridad siempre ha sido una competición por aprender más rápido. Tradicionalmente los atacantes han tenido ventaja porque tienen menos burocracia y el coste de equivocarse es mucho menor. Si fallan, vuelven a intentarlo.
No pinta usted un escenario muy tranquilizador, pero también le va de parte…
Si me pregunta cómo veo los próximos años, creo que serán complicados. Pero también creo que acabaremos transformando radicalmente la defensa.
Europa está invirtiendo para avanzar en soberanía digital e independencia tecnológica. ¿Ve posible no depender de proveedores estadounidenses o chinos?
Hay que distinguir entre independencia y soberanía. Incluso las naciones más poderosas dependen unas de otras. Basta con observar las cadenas de suministro. Por eso no creo que Europa pueda alcanzar una independencia absoluta.
¿Pero sí la soberanía de sus datos?
Eso sí es distinto. Tiene que ver con dónde alojas los datos, dónde los procesas o dónde realizas la computación. Ahí hablamos de inversión y regulación, no de capacidades tecnológicas. Creo que es un objetivo alcanzable.
¿Al 100%?
No. La soberanía absoluta me parece muy difícil. Pero si identificas los activos realmente críticos y priorizas su protección, resulta mucho más factible.
Procede del mundo de la inteligencia y la seguridad nacional. ¿Cómo ha cambiado la naturaleza de las ciberamenazas desde el comienzo de su carrera?
Radicalmente. Empecé cuando internet daba sus primeros pasos. Después llegaron la movilidad, el cloud y ahora la IA. El gran cambio es que hoy la humanidad depende completamente de su infraestructura digital. Electricidad, transporte, energía, comercio o servicios públicos funcionan gracias a ella. Proteger esos sistemas se ha convertido en el centro mismo de la seguridad.
¿Y qué añade la IA?
Que ya no hablamos sólo de eficiencia. Estamos cambiando la forma en que funcionará el mundo. Hoy convivimos con nuevas entidades inteligentes y todavía pensamos únicamente en qué empleos sustituirán. Creo que irá mucho más allá.
¿Dónde ve los mayores riesgos?
En establecer límites a esos agentes, entender cómo funcionan y garantizar que podamos controlarlos. Eso será más importante que nunca.
Los ciberataques financiados por Estados son ya una herramienta habitual de la tensión geopolítica. ¿Le preocupa el panorama actual?
Estamos viviendo un enorme cambio geopolítico. El orden internacional surgido tras la Segunda Guerra Mundial lleva años transformándose y todavía no existe un nuevo equilibrio. Al mismo tiempo, el mundo se ha digitalizado por completo y ahora incorpora la IA. Es lógico que los Estados utilicen estas capacidades para defender sus intereses y reforzar su soberanía. Los objetivos no han cambiado demasiado; solo las herramientas.
¿Ve oportunidades en este ámbito?
Puedo imaginar un mundo en el que algunos conflictos se resuelvan de otra manera. Cuando utilizas bombas para conseguir un objetivo, reconstruir es enormemente complicado. Los sistemas digitales, en cambio, se recuperan mucho más deprisa. Lo que hace especialmente delicado el momento actual es que la mayor revolución tecnológica de nuestra historia coincida con un periodo de enorme inestabilidad geopolítica. Eso eleva muchísimo el nivel de riesgo.
Grégory FavreFimeek
Ciertas empresas ven la ciberseguridad como un coste. ¿Qué debe cambiar?
Lo primero es preguntarse cuál será la relevancia de tu negocio dentro de cinco años. Cada industria afronta un futuro distinto. No es lo mismo dirigir una agencia de publicidad que una energética.
¿Y después?
Medir. La eficiencia tiene que poder medirse. Es muy fácil decir que escribimos un 50% más de código o que celebramos muchas más reuniones gracias a la IA. La pregunta es cuál es el resultado. Si no puedes medirlo, nunca sabrás el retorno de la inversión.
¿Se habla demasiado de tecnología y poco de negocio?
Exactamente. Debemos dejar de centrarnos en aquello en lo que invertimos y empezar a centrarnos en los resultados. Todo el mundo habla de sustituir personas por agentes en un centro de atención al cliente. Pero hay que preguntarse qué pretende conseguir ese centro de atención, cuál es su coste, cuál es el nivel de satisfacción de los clientes y cuál es la combinación adecuada entre personas y agentes inteligentes. Es el tipo de preguntas que me hago en Check Point. De lo contrario, todo se queda en una moda.
Plantea una reflexión sobre el talento.
Sí. Si traducir, editar o incluso programar dejan de ser capacidades escasas porque la IA puede hacerlo más rápido y mejor, entonces tenemos que preguntarnos qué esperamos realmente de las personas. ¿Creatividad? ¿Criterio? ¿Valores éticos?
¿Y cómo deberían prepararse las organizaciones?
Definiendo ese nuevo perfil y formando a sus equipos para llegar hasta él. Y no hablo sólo de empresas. Si diriges una escuela, una agencia de publicidad, un supermercado o una compañía energética tienes que hacerte exactamente las mismas preguntas. Todos debemos pensar cuál será nuestra relevancia dentro de unos años antes de decidir cómo utilizar estas herramientas.
España está acelerando su transformación digital. ¿Cómo valora su preparación ante las ciberamenazas de la próxima década?
España afronta retos muy parecidos a los de cualquier otro país desarrollado. Y el primero es el de la seguridad nacional y las infraestructuras críticas: energía, procesos electorales o servicios esenciales.
¿Qué debe priorizar un regulador?
Yo me centraría mucho más en los resultados que en los procedimientos. No sabemos cuáles serán los procedimientos adecuados en cinco años, pero sí sabemos qué resultados queremos evitar. En lugar de decir a las empresas qué tecnología utilizar o dónde alojar sus datos, definiría claramente qué escenarios son inaceptables y dejaría que los expertos decidieran cómo alcanzarlos. Las cosas cambian demasiado deprisa.
España vivió el año pasado un gran apagón eléctrico. ¿Le preocupa?
Mucho. Y demuestra precisamente por qué ningún Estado puede construir toda su resiliencia actuando de forma aislada. Dependemos unos de otros. Eso crea vulnerabilidades.
Pero también fortalezas.
Exactamente. Si cada país tuviera que construir por sí solo toda su capacidad de respaldo, el coste sería enorme. La UE tiene una gran oportunidad porque sus redes de energía, electricidad o transporte ya están profundamente interconectadas. Esa interdependencia crea riesgos, pero también resiliencia.
Su sector se está consolidando muy deprisa. ¿El futuro pertenece a unas pocas plataformas o seguirá habiendo espacio para las startups?
A ambas. Creo que la consolidación es inevitable y por eso estamos construyendo una plataforma abierta que integre la red, los usuarios y la IA. La mayoría de las organizaciones tenderán hacia plataformas unificadas, pero eso no significa que deban depender de un único proveedor.
¿Por qué insiste tanto en que sea una plataforma abierta?
Porque las grandes empresas tienen historia. Han comprado otras compañías, utilizan soluciones distintas y no quieren quedar atrapadas con un solo fabricante. Nuestro objetivo es que puedan integrar inteligencia procedente de muchos proveedores y tener una visión única para reaccionar mucho más rápido.

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