Hay lugares que son como el escenario de una película o un teatro: un personaje más. Porque no se entendería la manera en la que el resto de protagonistas actúan si no se les contempla junto a un fondo, junto a unas paredes, cuadros, luces y ventanales concretos. Porque de alguna forma también esas casas conocen las palabras y secretos que se han dicho y elaborado entre sus muros. Uno de estos rincones es sin lugar a dudas Manoir du Mée, una espectacular mansión, ubicada a unos 50 minutos en coche de París, en la región de Le Mée-sur-Seine, y que ha tenido algunos de los dueños más importantes del siglo XX.
De hecho, ahora está a la venta y el portal inmobiliario precisamente ha decidido presumir, como uno de los grandes atractivos para futuros compradores, de quiénes han habitado en ella antes, puntualizando sobre todo dos nombres: que fue propiedad del modisto Karl Lagerfeld y que a continuación perteneció a una de sus grandes amistades, Carolina de Mónaco. «La propiedad trasciende el simple concepto de bien inmueble. Ha servido como residencia, hogar familiar y espacio creativo», afirman en la web, tal y como recogen desde Vanitatis.
«Karl Lagerfeld hizo varias sesiones fotográficas para Chanel en los jardines, colocando de esta forma la finca en un contexto histórico más amplio, entre la moda, el arte y el patrimonio», añaden desde la web del que fuera director creativo de la marca, añadiendo que también se realizaron varios desfiles también de la firma francesa en su parcela de alrededor de 5.000 metros cuadrados, en la que vivió desde 1986 hasta su venta, la cual vuelve a estar disponible por una cantidad que ronda los 2,7 millones de euros.
Pero si por algo ha destacado la casa, en especial para todos aquellos curiosos y seguidores de la familia real monegasca, es porque de Lagerfeld pasó a la hermana de Alberto II de Mónaco, quien vivió allí sus primeros años junto a su marido, Ernesto de Hannover, creando en ella los recuerdos de aquellos tiempos en los que parecía que la hija de Grace Kelly había hallado la felicidad y una vida plena. De ahí todo lo que guardan las paredes de la mansión.
Por supuesto, está mucho más lejos del glamour del modisto y más cercano a una convivencia matrimonial controvertida y polémica. Porque Carolina y Ernesto se hacen con la propiedad en 1998. No tardarían después de su compra en pasar por el altar, pues ellos se casaron el 23 de enero de 1999, después de que él se divorciase de Chantal Hochuli. Además, lo hicieron cuando la primogénita de Rainiero III de Mónaco estaba embarazada a su vez de su primera y única hija con el príncipe alemán, Alexandra de Hannover, que vendría al mundo el 17 de julio de ese mismo año.
Ella ya había tenido tres hijos con Pierre Casiraghi, su segundo matrimonio —de su primero, con Philippe Junot, no hubo descendencia—, del que había enviudado en 1990, y Carolina, Ernesto y sus hijos se mudaron a la casa, en la que vivirían durante 6 años. Como curiosidad, según medios como Point du Vue, en las paredes de la casa todavía se pueden ver colgados algunos de los dibujos que hizo la única hija de Carolina de Mónaco que ostenta el título de princesa [de Hannover].
A pesar de que jamás se han llegado oficialmente a divorciar y a que eran grandes amigos antes de iniciar su relación, el matrimonio entre Carolina y Ernesto acabó bastante mal, cesando su convivencia definitiva en 2009. Para entonces, ya no vivían en Manoir du Mée, que la princesa monegasca no tenía problemas en vender en 2010 a Patrick Morel —quien desde 2019 pretendía convertir la propiedad en un hotel—, aun dejando atrás multitud de recuerdos y objetos personales.
Este no tuvo problemas en abrir sus puertas cuando la productora de cine Anne-Lise Schaich le preguntó si podían rodar una cinta, Hermanas por sorpresa. «Cuando Anne-Lise me pidió si podía alquilarle la mansión para una película, acepté de inmediato», dijo Morel. Y Schaich, de hecho, acabaría dando una entrevista a Le Parisien contando algunos detalles del interior, como que las actrices Alice David y Charlotte Gabris tuvieron que dormir en las habitaciones que un día fueron tanto de Carolina y Ernesto como de Alexandra de Hannover y Carlota Casiraghi o que «el despacho del príncipe se convirtió en la sala de reuniones y sus dos coches, que se encontraban en la propiedad, se utilizaron en algunas escenas».
Y es que la majestuosa casa, construida en el siglo XVIII, tiene 500 metros cuadrados construidos, más la impresionante parcela, lo que le asegura una gran cantidad de luz en toda la finca, amén de que cuenta para el interior con unos grandes ventanales de estilo francés. Todos los propietarios, además, han acordado de una forma tácita mantener los elementos originales e históricos, una esencia que se revela en los «suelos de parqué de Versalles, molduras, rieles para cuadros o chimeneas»
Por último, hay que listar las zonas comunes, como que en la planta baja hay «una cocina espaciosa, un comedor con vistas al parque, salones» varios más «un espacio de intimidad que incluye una sala de juegos, bar y una biblioteca [donde se ubica la chimenea]», mientras que en la planta de arriba hay siete habitaciones, cada una con su propio baño con vestidor. Además, la propiedad también cuenta con una casa para huéspedes, independiente del hogar principal, de 184 metros cuadrados.
Manoir du Mée, el nombre de la espectacular casa, tiene un precio de 2,7 millones de euros.
Hay lugares que son como el escenario de una película o un teatro: un personaje más. Porque no se entendería la manera en la que el resto de protagonistas actúan si no se les contempla junto a un fondo, junto a unas paredes, cuadros, luces y ventanales concretos. Porque de alguna forma también esas casas conocen las palabras y secretos que se han dicho y elaborado entre sus muros. Uno de estos rincones es sin lugar a dudas Manoir du Mée, una espectacular mansión, ubicada a unos 50 minutos en coche de París, en la región de Le Mée-sur-Seine, y que ha tenido algunos de los dueños más importantes del siglo XX.
De hecho, ahora está a la venta y el portal inmobiliario precisamente ha decidido presumir, como uno de los grandes atractivos para futuros compradores, de quiénes han habitado en ella antes, puntualizando sobre todo dos nombres: que fue propiedad del modisto Karl Lagerfeld y que a continuación perteneció a una de sus grandes amistades, Carolina de Mónaco. «La propiedad trasciende el simple concepto de bien inmueble. Ha servido como residencia, hogar familiar y espacio creativo», afirman en la web, tal y como recogen desde Vanitatis.
«Karl Lagerfeld hizo varias sesiones fotográficas para Chanel en los jardines, colocando de esta forma la finca en un contexto histórico más amplio, entre la moda, el arte y el patrimonio», añaden desde la web del que fuera director creativo de la marca, añadiendo que también se realizaron varios desfiles también de la firma francesa en su parcela de alrededor de 5.000 metros cuadrados, en la que vivió desde 1986 hasta su venta, la cual vuelve a estar disponible por una cantidad que ronda los 2,7 millones de euros.
Pero si por algo ha destacado la casa, en especial para todos aquellos curiosos y seguidores de la familia real monegasca, es porque de Lagerfeld pasó a la hermana de Alberto II de Mónaco, quien vivió allí sus primeros años junto a su marido, Ernesto de Hannover, creando en ella los recuerdos de aquellos tiempos en los que parecía que la hija de Grace Kelly había hallado la felicidad y una vida plena. De ahí todo lo que guardan las paredes de la mansión.
Por supuesto, está mucho más lejos del glamour del modisto y más cercano a una convivencia matrimonial controvertida y polémica. Porque Carolina y Ernesto se hacen con la propiedad en 1998. No tardarían después de su compra en pasar por el altar, pues ellos se casaron el 23 de enero de 1999, después de que él se divorciase de Chantal Hochuli. Además, lo hicieron cuando la primogénita de Rainiero III de Mónaco estaba embarazada a su vez de su primera y única hija con el príncipe alemán, Alexandra de Hannover, que vendría al mundo el 17 de julio de ese mismo año.
Ella ya había tenido tres hijos con Pierre Casiraghi, su segundo matrimonio —de su primero, con Philippe Junot, no hubo descendencia—, del que había enviudado en 1990, y Carolina, Ernesto y sus hijos se mudaron a la casa, en la que vivirían durante 6 años. Como curiosidad, según medios como Point du Vue, en las paredes de la casa todavía se pueden ver colgados algunos de los dibujos que hizo la única hija de Carolina de Mónaco que ostenta el título de princesa [de Hannover].
A pesar de que jamás se han llegado oficialmente a divorciar y a que eran grandes amigos antes de iniciar su relación, el matrimonio entre Carolina y Ernesto acabó bastante mal, cesando su convivencia definitiva en 2009. Para entonces, ya no vivían en Manoir du Mée, que la princesa monegasca no tenía problemas en vender en 2010 a Patrick Morel —quien desde 2019 pretendía convertir la propiedad en un hotel—, aun dejando atrás multitud de recuerdos y objetos personales.
Este no tuvo problemas en abrir sus puertas cuando la productora de cine Anne-Lise Schaich le preguntó si podían rodar una cinta, Hermanas por sorpresa. «Cuando Anne-Lise me pidió si podía alquilarle la mansión para una película, acepté de inmediato», dijo Morel. Y Schaich, de hecho, acabaría dando una entrevista a Le Parisien contando algunos detalles del interior, como que las actrices Alice David y Charlotte Gabris tuvieron que dormir en las habitaciones que un día fueron tanto de Carolina y Ernesto como de Alexandra de Hannover y Carlota Casiraghi o que «el despacho del príncipe se convirtió en la sala de reuniones y sus dos coches, que se encontraban en la propiedad, se utilizaron en algunas escenas».
Y es que la majestuosa casa, construida en el siglo XVIII, tiene 500 metros cuadrados construidos, más la impresionante parcela, lo que le asegura una gran cantidad de luz en toda la finca, amén de que cuenta para el interior con unos grandes ventanales de estilo francés. Todos los propietarios, además, han acordado de una forma tácita mantener los elementos originales e históricos, una esencia que se revela en los «suelos de parqué de Versalles, molduras, rieles para cuadros o chimeneas»
Por último, hay que listar las zonas comunes, como que en la planta baja hay «una cocina espaciosa, un comedor con vistas al parque, salones» varios más «un espacio de intimidad que incluye una sala de juegos, bar y una biblioteca [donde se ubica la chimenea]», mientras que en la planta de arriba hay siete habitaciones, cada una con su propio baño con vestidor. Además, la propiedad también cuenta con una casa para huéspedes, independiente del hogar principal, de 184 metros cuadrados.
20MINUTOS.ES – Gente
