¿Por qué se ha desatado la ira en las calles de Irán?

Al menos siete personas han muerto en actuaciones policiales y más de 40 manifestantes han sido detenidos en las protestas contra la crisis económica que sufre el país Leer Al menos siete personas han muerto en actuaciones policiales y más de 40 manifestantes han sido detenidos en las protestas contra la crisis económica que sufre el país Leer  

Irán vivió este viernes su sexta jornada de movilizaciones, que estallaron en la capital, Teherán, el pasado domingo y continúan extendiéndose en las principales ciudades del país. El régimen se enfrenta al descontento social en un momento de gran presión internacional por su intención de continuar con su programa nuclear tras la guerra contra Israel, en la que intervino con bombardeos Estados Unidos.

La caída a mínimos históricos del rial iraní empujó a cientos de comerciantes a la calle para mostrar su descontento con la situación económica del país. Las protestas estallaron el domingo pasado en el corazón comercial de la capital contra la crisis inflacionaria y la escasez de energía que sufre Irán desde hace meses, pero se han extendido a grandes ciudades de todo el territorio, donde las multitudes empiezan a gritar también consignas contra el régimen. A las protestas de los comerciantes se han sumado estudiantes universitarios, que lideraron las grandes movilizaciones antigubernamentales de hace tres años.

Por el momento, se ha registrado el cierre de establecimientos en 21 de las 31 provincias del país, mientras que el Gobierno declaró día festivo el miércoles, supuestamente a causa de las bajas temperaturas, aunque muchos creen que se trata de un intento de disuadir las movilizaciones ampliando los festivos de la semana.

No. Las movilizaciones de 2022 estallaron tras la muerte en custodia policial de la joven Mahsa Amini, detenida por no llevar correctamente el velo islámico en el espacio público. Su fallecimiento provocó un estallido social contra las restricciones que impone el régimen iraní, especialmente la represión de libertades de las mujeres, un descontento que derivó en protestas multitudinarias contra el Gobierno.

En esta ocasión, el origen de las movilizaciones es la situación económica que atraviesa el país. Irán arrastra desde hace años una continua caída del valor de su moneda, que ha provocado una grave inflación, golpeando directamente los bolsillos de la ciudadanía con un aumento del 70% en los precios de los alimentos. En los últimos meses ya se habían producido protestas espontáneas y huelgas en la capital y en algunas ciudades del este del país por los continuos cortes de electricidad. La economía sufrió otro revés en 2025 con la guerra contra Israel y la reimposición de sanciones de la ONU por su programa nuclear.

Por el momento, ninguna organización o partido político encabeza las movilizaciones. Sin embargo, personajes públicos relevantes han mostrado su apoyo a las protestas. La premio Nobel de la Paz, Narges Mohammadi, detenida hace dos semanas en una redada contra abogados disidentes, mostró su apoyo desde prisión. «El silencio no es admisible, apoyamos al pueblo iraní», señaló en un comunicado publicado en sus redes sociales.

«En días en que las calles de Irán han presenciado una vez más disparos, gases lacrimógenos, palizas y arrestos generalizados, y se han cobrado la vida de ciudadanos indefensos que protestaban, el silencio no es admisible», declaró, haciendo un llamamiento a la población. Mohammadi aludió a las intervenciones policiales en la jornada del jueves, que causaron al menos siete víctimas mortales y decenas de heridos. «Apoyar al pueblo no es una decisión política, sino un deber humano y moral», añadió la activista.

Según la organización de derechos humanos Hengaw, al menos 40 personas han sido detenidas durante las protestas, entre ellas dos menores de edad, cuyo paradero se desconoce. La televisión estatal, en cambio, informó sobre la detención de sólo siete personas, entre ellas cinco a las que describió como defensoras de la monarquía derrocada en la Revolución de 1979.

El presidente electo, el reformista Masoud Pezeshkian, ha adoptado un tono mucho más conciliador y de acercamiento a las demandas de la ciudadanía que el régimen, responsable de las actuaciones policiales que han causado siete muertos. Sin embargo, el presidente en Irán desempeña un papel casi simbólico, ya que actúa como figura diplomática sin poder de decisiones, que recaen en el Consejo de Guardianes y, en última instancia, en el líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei.

Pezeshkian apostó por el diálogo con los manifestantes y prometió mejoras económicas en el país. «Tenemos la culpa… no busquen a Estados Unidos ni a nadie más a quien culpar. Debemos servir adecuadamente a la gente para que esté satisfecha con nosotros. Somos nosotros quienes tenemos que encontrar una solución a estos problemas», declaró el jueves.

Altos cargos estatales, en cambio, apuntan a un intento de injerencia extranjera para debilitar al régimen. La amenaza del presidente estadounidense, Donald Trump, de intervenir en el país si se reprimen las protestas atizó aún más las conspiraciones sobre injerencias extranjeras.

La ofensiva israelí en la Franja de Gaza en octubre de 2023 activó a las milicias aliadas de Irán en la región. Dos años después, Irán ha perdido la capacidad para disuadir a sus enemigos mediante sus aliados en la región. En el Líbano, Hizbulá ha quedado diezmado tras la guerra con Israel, y ya no es capaz de suministrar armas al país a través de Siria, tras la caída del régimen de Bashar Asad. Por otro lado, las milicias proiraníes en Irak también han perdido fuerza, mientras que en Yemen los hutíes han sido golpeados en varias ocasiones por Israel y países aliados. Recientemente, Israel y Estados Unidos amenazaron con volver a atacar Irán si el régimen decide reconstruir sus capacidades militares, especialmente su arsenal de misiles balísticos.

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