La caída del mandatario venezolano abre para Moscú un problema inmediato de dinero y contratos. Los calendarios de pago ya eran tensos antes del ataque de Estados Unidos Leer La caída del mandatario venezolano abre para Moscú un problema inmediato de dinero y contratos. Los calendarios de pago ya eran tensos antes del ataque de Estados Unidos Leer
La «extracción» de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses se parece a lo que Rusia intentó en Kiev en febrero de 2022 en un punto esencial: la apuesta por descabezar rápido al adversario para provocar un colapso político y controlar el país. Sin embargo, en cuanto en la madrugada del sábado se produjo el ataque de Estados Unidos, Moscú afirmó que estaba «extremadamente alarmada» por las noticias de que el líder venezolano y su esposa habían sido sacados por la fuerza del país por Estados Unidos.
La invasión rusa a gran escala en 2022 se concibió como un golpe relámpago hacia la capital ucraniana: infiltración y asalto a centros de poder para capturar o matar a Zelenski y abrir paso a un gobierno títere o a la rendición, tal y como han documentado varias investigaciones periodísticas y libros como Overreach, de Owen Matthews, que describe la presencia de equipos de mercenarios con misiones contra el presidente y el gobierno ucraniano en esos primeros días de la invasión rusa. Existen sobre todo, relatos de funcionarios ucranianos sobre intentos de asesinato o captura en los primeros días. Medios como The Times publicaron ya el 28 de febrero de 2022 que había mercenarios en Kiev con órdenes de asesinar al presidente. Años después, han seguido apareciendo casos y complots atribuidos a redes rusas o el propio FSB.
Moscú lamentaba la operación militar de Trump contra Caracas, más exitosa que la suya. «Tales acciones constituyen una violación inaceptable de la soberanía de un Estado independiente, cuyo respeto es un principio clave del derecho internacional», afirmó el Ministerio de Asuntos Exteriores, que pidió el sábado la liberación del líder venezolano y su esposa de la custodia de Estados Unidos después de que el presidente Trump anunciara que habían sido capturados.
En un mensaje separado, el Ministerio afirmó que el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Serguei Lavrov, habló por teléfono con la vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, durante la cual expresó su «solidaridad con el pueblo venezolano frente a la agresión armada». Desde la Duma, donde los parlamentarios rusos votan con obediencia simiesca todas las mociones relacionadas con la invasión de Ucrania, se pidió una convocatoria urgente del Consejo de Seguridad de la ONU por lo ocurrido en Venezuela.
Previamente, el Kremlin, que lleva a cabo desde hace cuatro años bombardeos diarios contra ciudades ucranianas, denunció los ataques estadounidenses en Venezuela como injustificados y llamó al diálogo para evitar una mayor escalada: «Se debe garantizar a Venezuela el derecho a determinar su propio futuro sin interferencias externas destructivas, en particular de carácter militar», declaró el Kremlin, que ha demandado un nuevo régimen en Ucrania y limitaciones en su soberanía.
Rusia afronta la condena internacional por violar la soberanía de su vecina Ucrania después de lanzar su invasión a gran escala en 2022. En aquel momento, Moscú buscaba una ruptura interna y una rendición rápida, pero el ejército ucraniano y el aparato estatal no se quebraron.
Caracas tiene acreedores bilaterales, principalmente China y Rusia, que otorgaron préstamos tanto a Maduro como a su mentor, el ex presidente Hugo Chávez. La caída de Maduro abre para Moscú un problema inmediato de dinero y contratos: Venezuela arrastra una notable deuda reestructurada con Rusia (incluida deuda vinculada a compras militares) y los calendarios de pago ya eran tensos incluso antes del cambio de poder. Además, el golpe en Venezuela puede afectar al mercado energético y empeorar el contexto de precios, algo que no conviene a Rusia.
El segundo coste es geopolítico: Venezuela era una vitrina de la cada vez más difusa «alianza anti-EEUU» en el hemisferio occidental y una plataforma para mostrar que Rusia podía sostener a un socio a las puertas de Washington. Si Caracas gira en su rumbo, Moscú pierde un aliado simbólico y un canal de influencia en la zona.
La caída de Maduro golpea a Moscú en una zona sensible porque repite el guión de Siria cuando se le cayó Bashar Asad en diciembre de 2024: Rusia invirtió años en sostener a un aliado, vendió la imagen de «protector fiable», y aun así terminó viendo cómo el poder se le escapaba de las manos. Tras la salida de Asad hace un año, los analistas subrayaron el golpe a la reputación rusa como garante de regímenes amigos. Con Venezuela, el equivalente no son bases mediterráneas, sino deuda, petróleo y contratos: un nuevo poder puede congelar pagos, revisar concesiones energéticas y dejar a Moscú con pérdidas.
En el tóxico ecosistema de bloggers belicistas rusos (los «canales Z»), la reacción dominante ante la captura/»extracción» de Maduro ha sido una mezcla de rabia, admiración técnica y envidia: muchos describen la operación estadounidense como «rápida» y «limpia» y, casi de inmediato, la comparan con el arranque fallido de 2022. Canales influyentes como Rybar y Fighterbomber subrayan, sobre todo, la ausencia de resistencia y lo leen como signo de «parálisis» o traición interna, un argumento recurrente en ese entorno.
En ese clima aparece la frase, como siempre con ínfulas autoritarias, que se ha hecho viral: Margarita Simonyan, directora de RT y una de las voces propagandísticas más rancias del Kremlin, escribió en redes sociales: «Envidiaremos, camarada Beria», una alusión cargada a Lavrenti Beria, jefe del aparato represivo estalinista, por la capacidad de Estados Unidos de capturar al líder enemigo donde Rusia no logró «decapitar» al poder ucraniano ni neutralizar a Zelenski en 2022.
En otros mensajes, estos días de vacaciones en Rusia el nacionalismo menos conectado al putinismo tiene un reproche va más allá de la táctica y apunta al sistema. «Así es como debería verse una operación especial», escriben varios blogueros, subrayando que en Ucrania se prometió una «toma rápida» que nunca llegó y que ha sido retratado por memes de uno y otro bando.
A las puertas del cuarto año de invasión, todo este eco es incómodo para el Kremlin: la propaganda rusa, por primera vez en mucho tiempo, admite admiración por una acción militar estadounidense. El contraste escuece especialmente porque Moscú denuncia ahora la «ilegalidad» y el «cambio de régimen» en Venezuela.
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